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| " María y su sombrero de copa azul " Acrílico sobre lienzo 100 x 80 |
Hace centenios en el reino de Irlanda vivía un joven llamado Rudolf MacMahou que yendo un día de cacería, persiguió a una cierva, hasta que los perros la rodearon.
El animal, agotado por la persecución, se desplomó en mitad del bosque, quedando a merced de los perros.
Pero sorprendentemente, en lugar de atacarla, empezaron a jugar con la cierva.
El cazador, ante este hecho, ordenó que nadie la lastimara y la llevó consigo a su castillo.
Aquella noche, como por encanto, Rudolf se despertó y encontró a su lado a la doncella más hermosa que jamás hubiera visto.
Aquella cierva era en realidad una mujer, la bella María, que había sido hechizada por un druida perverso, a quien ella había rechazado como amante.
Rudolf y María vivieron juntos y fueron felices, hasta que Rudolf tuvo que partir de nuevo por negocios.
Rudolf no tardó mucho en regresar a su fortaleza, apenas siete días, pero algo había ocurrido en su ausencia: María había desaparecido convertida de nuevo en cierva por el hechicero ( que obsesión tenía en tío... ).
Rudolf MacMahou no dejó un solo momento de buscar a su amada, hasta que cinco años después rescató en el bosque a un niño que estaba siendo atacado por una jauría de perros.
El niño le contó que era su hijo y que había sido criado en un hermoso valle por una cierva; y que sólo recibían la visita de un anciano, a quien su madre, la cierva, rechazaba todos los días. Hasta que el anciano la ató con un lazo de niebla y se la llevó, al otro lado del mar, a tierras de Escocia, donde los hombres no llevan ropa interior bajo sus faldas, los muy cochinos.
Rudolf se armó de espada y yelmo y al llegar a las orillas del mar al norte de la ciudad de Bushmills conjuró a los ancestros y en un parto sin igual crearon un pasadizo que uniría las tierras de Irlanda con las de Escocia: Giant’s Causeway - La Calzada de los Gigantes -
Corrió la distancia que une las islas y aprovechando el sueño del druida, rescato a su amada, y huyeron juntos a tierras irlandesas.
El druida despertó pasadas unas horas y persiguió a nuestros amigos. Pero justo cuando estaba a mitad de camino entre Escocia e Irlanda, Rudolf agradeció a los ancestro La Calzada de los gigantes y éstos hicieron que se hundieran en las frías aguas, muriendo ahogado el malvado druida.
María y Rudolf MaMahou formaron una familia feliz y llenaron de hijos las tierras irlandesas








