Myriam ( perdón) desde su blog De amores y relaciones, despide este tórrido Agosto hispano con su propuesta: El Viejo Molino, para lo cuál he escrito lo siguiente (pura fantasía literaria ):
Siempre quise conocer Bali . Me planté allí a principios de Diciembre, dispuesto a divertirme
Me alojé en una cabaña de un Resor cercano a la playa a un par de avenidas con mucha vida nocturna. Mercadillo, atracciones, comida y sexo, sobre todo sexo. Había chicas jóvenes, travestis, transexuales, chicos chaperos; de todo.
No me acosté con ninguna, no me atreví. Me gustó el ambiente, es cierto, pero me sobraron prejuicios, ¿ no sé?.
Pasé un par de días concentrado en el pleno descanso playero.
Había un viejo molino, donde una vidente de tres al cuarto adivinaba el futuro. Tenía una hija vidente también que me cautivó. No sé cuántos años tenía. Me ofrecí a acompañarla a dar una vuelta. Compré ropa para ella. Comimos juntos. Nos divertimos, y acabamos en la cama.
Pasamos varios días juntos. A mí me gustaba y eso me bastaba. Un polaco amigo que hice en el avión, me instó varias veces a volver a salir de caza nocturna. Me dijo que estaba perdiendo el tiempo con esa chica, que en la ciudad eran más fogosas y más dóciles, que estaban diseñadas para complacer. Me daba igual, yo quería quedarme con ella.
Pero algo fallaba. Era una chica triste. No importaba lo bien que lo pasáramos, los regalos, los orgasmos que compartiéramos. Tenía la mirada triste, la sonrisa breve, el corazón frío bajo un cuerpo caliente.
El día de Nochebuena me rechazó. Sin mirarme a los ojos, me dijo que me fuera, que regresara a mi país y la olvidara que era lo mejor para mi. Ese día sí fui a la ciudad y justo ese día, mi amigo polaco fue a la playa.
A traición, el hijo de perra alquiló a la vidente el cuerpo de su hija. La hizo suya. Fui a buscarlos y fuera de mi le propine una brutal paliza, dejándole abandonado en el palmeral. Ella se abalanzó a mis brazos, llorando.
En el mar lavamos la sangre, mis pecados y nuestro dolor. Ella seguía llorando. ¿De pena, de alegría ?, era un enigma. Jamás llegué a comprenderla del todo.
Quise que se viniera conmigo, contestó que se nos había acabado el tiempo.
No comprendí, señaló hacia arriba, donde una bandada de aves surcaban el cielo como si las persiguiese el demonio.
Frente a nosotros, el océano comenzó a retroceder. Me abrazó. Algo se veía a lo lejos. Un inmenso muro azul de cresta blanca avanzaba implacable hacia la costa.
Se nos llevó. A nosotros, al Viejo molino, a la vidente, al malherido del polaco, a los miles de turistas con veneno en el cerebro, a las esclavas del placer, a todo el castillo de naipes cimentado en la perversión. Nos limpió, a justos y a pecadores, a puros e impuros, nos igualó, nos hizo anónimos, nos hizo estadística, nos hizo historia como las estatuas de sal de Sodoma y Gomorra
Se nos llevó.
