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10.4.26

" El señor de negro "

 



                                            ¨La isla de los muertos - Tintas y pastel -




 
Rosaura era vecina de mi abuela allá en Gredos, habían sido, amigas además de vecinas, no existían secretos entre las dos.
Lo que os voy a contar, sé que es difícil de creer pero ocurrió. Rosaura contó a mi abuela  algo  que fue testigo y sujeto siendo moza. 

Regresaba sola de regar la huerta del soto cercano al río
Cuenta Rosaura, cómo vio escondida entre zarzales lo que ocurrió entre un hombre vestido con traje negro y un gigante de voz de trueno, grande y alto como el campanario de la iglesia.
 
"Alto ahí, no des un paso más" gritó el hombre de negro al gigante
 
"¿Quién eres tú para dirigirte a mí de esa manera– contestó el gigante- "cómo te agarre te trituro", dijo con un torrente de voz.
 
"Soy la Muerte "contestó el señor vestido de negro- "Nadie me contradice, y tú seguiás mis órdenes"
 
El gigante soltó una carcajada, dió dos pasos hacia el señor de negro y de un puñetazo le dejó atontado a un lado del camino.
Luego el gigante siguió el suyo...

Rosaura que había visto todo, se acercó tan despacio que pudo escuchar al señor de negro decir:  "Debo reponerme, si me paro aquí nadie moriría en este mundo y pronto estaría tan superpoblado que tendrían que subirse los hombres unos encima de los otros."
A Rosaura la pareció tan gracioso aquello que soltó una carcajada, tendió su mano para ayudar al señor vestido de negro.
"Gracias por la ayuda," mira, prosiguió el señor de negro, "soy la Muerte y en premio a que me has ayudado no te llevaré conmigo, ahora… Es más, cuando vaya a hacerlo antes te pincharas con una aguja el dedo indice como señal que voy por ti." 
 Y se fue
Rosaura se lo contó a mi abuela 
Pasaron los años y en los veranos de mi niñez, recuerdo a Rosaura solterona y siempre malhumorada, siempre cocinando.
Rosaura tenía un costurero cuadrado, con tapa a manera de tejado de una casa.
Decenas de veces intenté levantar la tapa del costurero para ver su contenido
Siempre un manotazo cariñoso y un ssshhhhhhhh 
¡ Rodolfo eso no se toca !interrumpía mi inspección curiosa.
 
Yo imaginaba que en esa casita-costurero vivían seres diminutos, sin poder ver el sol ni las montañas.  Una vez conseguí a solas acercarme y tenerle entre mis manos. Estaba cerrado con llave, sólo pude ver una tela azul con lunares blancos.
Pinté con mi boli una puerta en uno de sus lados y ventanas en las demás,  para que esos seres que allí vivían pudieran ver el sol y las montañas. Rosaura se enfadó conmigo cuando lo vio.
Tres años después de eso, una tarde me llegó olor a carne quemada que provenía de la casa de Rosaura
Miré por la ventana, Rosaura estaba en el suelo, el fogón encendido, sobre él una parrilla con un filete tan abrasado que era carbón. Corrí a avisar a mi abuela
Entramos todos corriendo para ayudar a Rosaura. Mi abuela puso su mano como barrera para que no me acercara a Rosaura
Supo en seguida que estaba muerta. Su corazón debió fallarla…y además tenía una aguja clavada en el dedo índice de su mano derecha
Miré en el aparador, la casita-costurero, estaba abierta.  Hilos, tijeras, dedales, ovillos de distintos colores…
 Sonreí. Comprendí que los hombrecitos habían tenido tiempo de huir para vivir en libertad entre los pinares y montañas  de Gredos. 
Miré por la ventana y vi alejarse a un señor totalmente vestido de negro.
 

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4.4.26

La tormenta

 




Sobre los tejados se pintó un relámpago que blanqueó la tarde
El trueno vibró cristales de los escaparates .
Aún no había caído una sola gota y el olor a tierra mojada envolvía la ciudad
El invierno había sido seco, y parecía que al fin las lluvias llegaban.

Goterones dispersos caían de unas nubes que había ennegrecido la tarde. El paso a diluvio fue sin transición, casi no me dio tiempo a buscar refugio en un portal. 

Enfrente mío estaba la entrada del Cine Proyecciones, con su gran marquesina protectora.

Espero que escampe mientras observo las personas que se protegen bajo su marquesina, 
Veo un gigante con la cara tatuada, llena de piercings a su lado dos mellizas idénticamente iguales, de pelo rubio teñido y vestidas de igual manera que tontean con un chico justo detrás de ellas, se le rifan y se le comen con los ojos.

Una chica morena de mofletes sonrojados y jersey azul a rayas está entre dos jovenes. baja la vista y se sonroja. 
Un joven trajeado y corbata, con el pelo blanco peinado hacia atrás comparte lugar con una señora de buen ver entrada en años
Un ciego con enormes gafas negras y su perro lazarillo, un gran danés atado a una cadena, una viajante con su maleta de muestrario, 
Una mujer bajita vestida con minifalda al lado de una reina de la noche con altas plataformas y ojos supermaquillados.

Pasa parsimoniosa por la calle una muchacha bajo su paraguas negro,  sonriendo; lleva una jaulita con un grillo dentro. 
En la otra dirección una mujer de luto riguroso pañuelo a la cabeza, se cruzan y no se saludan. En mi soportal dos jóvenes se acarician y se cambian mordiscos cariñosos, se marchan, no les importa la lluvia, llevan prisa, acaban de conocerse en este lugar.

Ya no queda un lugar en la calle donde protegerse de la lluvia.
Todos tan juntos, hombro con hombro. Nunca de otra manera hubieran estado tan cercanos físicamente. 
Nadie se saluda, ni se habla, ni se comenta la lluvia…

Huele a lana mojada, a pelo mojado

Un nuevo relámpago ilumina el cielo, le sigue el  estruendo de un trueno que atemoriza a todos los presentes. El Quinto Jinete sin cabalgadura recorre veloz la calle. Es el momento 

La chica morena de los mofletes colorados y el jersey azul a rayas cierra los ojos; se encuentra en medio de dos chicos muy apretada entre ellos, tiene una vibración lujuriosa; se consumen encuentros, abrazos, seducciones, orgías mentales, las mellizas alcanzan el climax. el chico aun no comprende nada de lo ocurrido y deja hacer, toda una orgía bajo la marquesina del cine Proyecciones, da igual hombre-mujer, mujer-mujer, hombre-hombre


Escampa

La chica del jersey azul a rayas abre los ojos, el labio trémulo, hinchado y púrpura y el andar dudoso, el carrusel de las fantasías se detuvo, una vez más. De nuevo nadie se conoce, recomponen sus ropas, algunos esbozan una sonrisa, otros van alelados no comprendiendo como pudo ocurrir ese intercambio de fluidos.

Meto mis manos en los bolsillos y vació mi mente para seguir mis pasos por la ciudad con dirección a... , da igual, mi ciudad es más que todo lo ocurrido

Feliz tormenta para todos