Dafne sine die nos invita a hablar sobre amor de barrio

Con los pies hundidos en la arena de ese desierto, todos comprendisteis que durante treinta largos años había estado viviendo en un espejismo.
Nunca existió ni la ciudad, ni mi barrio, ni mi calle, ni mi casa, ni esta entrada de blog
Soy, como todo mundo sabe, un completo desconocido.
Mañana me soñaré una vida nueva
Alba me regalaba flores y plantas que cuidaba primorosamente en su ático sin ascensor de la calle San Bernardo.
Subíamos los siete pisos, a pata, escaleras arriba. Comíamos, nos besábamos y hacíamos la siesta. Desde su cama vislumbrábamos el precioso cielo de Madrid. Ella se casó con un ingeniero
Alejandra, vino de un colegio de monjas de Teruel a vivir Madrid “la nuit”.
Macarena se compró un pisazo en un edificio rehabilitado en la calle Concilio de Trento y un mal día me despidió por teléfono diciendo que yo había sido su gran amor, pero que ya estaba bien de joder por el morro.

