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19.3.25

Encuentro juevero: Amor de barrio

 Dafne sine die nos invita a hablar sobre amor de barrio




Un día mi ciudad desapareció.

Con los pies hundidos en la arena de ese desierto, todos comprendisteis que durante treinta largos años había estado viviendo en un espejismo.
Nunca existió ni la ciudad, ni mi barrio, ni mi calle, ni mi casa, ni esta entrada de blog
Soy, como todo mundo sabe, un completo desconocido.
Mañana me soñaré una vida nueva

Esta mañana, mientras muchos madrileños ganaban su sustento, yo me he permitido el lujo de sentarme en el Paseo de Rosales, cerca del Templo de Debod a ver pasar la mañana junto a más ciudadanos 
He recogido un ramillete de momentos en mi barrio en mis mejores años. Luego llegaron otros años

Alba me regalaba flores y plantas que cuidaba primorosamente en su ático  sin ascensor de la calle San Bernardo. 
Subíamos los siete pisos, a pata, escaleras arriba. Comíamos, nos besábamos y hacíamos la siesta. Desde su cama vislumbrábamos el precioso cielo de Madrid. Ella se casó con un ingeniero


Miriam era pequeña, dulce y culta. Rubia, pecosa y con unos pechos que desafiaban la Ley de la gravedad. 
Escribía novelas que enviaba a las editoriales. 
Tenía un gato grande que vivía en los tejados de los edificios vecinos 
Nos gustaba comer en los restaurantes chinos que había en el barrio. 
Sólo nos intoxicamos una vez, y lo resolvimos con dieta de agua y limón.  Miriam se casó con un piloto

Alejandra, vino de un colegio de monjas de Teruel a vivir Madrid “la nuit”. 
Tuvo sus días de gloria como modelo y actriz de anuncios y esas cosas. 
Luego pasó a la revista y a los cafés-cantantes, de ahí al toples, para terminar ganando buenos cuartos como cocotte de constructores y promotores inmobiliarios. Alejandra no se casó, ¿ pá qué?

Macarena se compró un pisazo en un edificio rehabilitado en la calle Concilio de Trento y un mal día me despidió por teléfono diciendo que yo había sido su gran amor, pero que ya estaba bien de joder por el morro. 
Así, como suena. 
Macarena se hizo sufragista y sigue soltera

“Anni, amori e bicchieri di vino, nun se contano mai”

Terminé mi cafelito y dirigí mis pasos al metro para regresar a casa, pensando que  ya pasé la adolescencia las inseguridades y los caprichos
Estoy en esa edad en la que un hombre quiere, por encima de todo ser feliz, cada día, si te dejan




5.3.25

Encuentro juevero: Mujeres

 Nuria, desde su blog " Bitácora literaria " estando cercano el día de la mujer, 8 de Marzo, propone escribir sobre ellas.



Cada noche una mujer atraviesa mi casa por dentro. 
Disculpándose, me afirma que este es su camino hacia el trabajo, y que no quiere tomar otras vías porque esta es la única que conoce. 
Lo cierto, es que con el tiempo me he ido acostumbrando a su seductora presencia, por lo que a veces le pido que haga una pausa para conversar y conocernos 
Hoy tenía previsto una copa con ella y que me aclarara la extraña historia que me narró. Se retrasa y es muy puntual,no se...
Os la transcribo:

Abrí los ojos. Tenía una sensación extraña. 

No conseguía centrarme. 

Era como si estuviera borracha, todo me daba vueltas. Pero me sentía ligera como la brisa, suave como una pluma. 

Me miré las manos y eran translúcidas. 

Me miré el cuerpo y era humo. 

Era sólo esencia, sin forma, libre, etérea. 

Curiosamente me sentía feliz, tan feliz que daba vueltas sobre mí misma, como un remolino. 

De repente oí un ruido, como un gemido. Busqué con los ojos que ya no eran ojos el lugar de dónde procedía. 

Entonces me di cuenta de que aún estaba en mi habitación. Sin embargo no estaba donde debería estar: flotaba en el techo. 

Desde allí vi algo que al principio no entendí. 

Él, mi amor, estaba sentado a los pies de la cama, la cabeza hundida entre las rodillas, las manos crispadas. Sollozaba y mascullaba algo ininteligible. 

Yo estaba tumbada, inmóvil, mi cara tapada por la almohada.