Alma Leonor, desde su blog " Helicon " sugiere este jueves escribir sobre el tema " Cumpleaños"
mi propuesta es:
2006-2024
Alba siempre dijo que su cabello era lo que más bonito de ella. Brillante, ligero, ondulado. Ese día cumplía los cuarenta y dos años, y sentía sus hormonas tan rebeldes como a los veinticuatro. Se mordió el labio inferior y se la escapó un largo suspiro.
El espejo devolvía su imagen desnuda, sus pechos seguían firmes y sus pezones aún muy altos. Se metió bajo la ducha, comenzó a recordar escenas de su adolescencia muchas de ellas nunca vividas.
Tanta monotonía en su vida. Tantas veces al desayunar mojaba sus ganas en el café. Tanta amargura silenciada
Volvió a mirarse en el espejo; el agua escurría por sus redondeces, su piel es tensa, luminosa, el vientre ligeramente abultado, caderas generosas, de mujer plena.
Era el día de su cumpleaños, y sin prisa se regalaba unos momentos a su contemplación.
Se estaba gustando. Miró sus muslos algo más flácidos y entre ellos ya no estaba el ensortijado de su juventud, ahora quedaba patente su sexo.
Se pasó la mano y emitió un suspiro.
Tenía veintiocho años cuando Ezequiel y ella se casaron, un hombre sencillo, de campo que olía a heno, a establo. De pocas palabras cariñosas, y tantos silencios. Nunca la prometió viajes, ni riquezas, ni lujos
Ezequiel tenía TODO pequeño. Los ojos, la boca... y esas manos tan ásperas que lijaban su carne en cada caricia. Sólo practicaba sexo misionero, primitivo, aburrido.
Las primaveras sucedían a los inviernos, que dejaban atrás los otoños , sin haber saboreado los veranos, ni sus frutas , ni sus soles.
Alba aguantaba satisfaciendo sus deseos, con el pensamiento en ese muchacho, que aquel año, en las fiestas la enseñó a declinar el verbo AMAR, en todas las posturas
Aprendió el sabor de las caricias, el calor de las miradas, y los paseos de dedos saltarines por su espalda. Y morir de gozo en una explosión de sensaciones
Supo por propia experiencia que el cuerpo es la mejor antesala al paraíso y cómo llegar a más hermosa agonía en vida… sin perderla.
Y es hoy cuando cumple los cuarenta y dos, decide abrir una etapa en su vida
Dejar de vivir a medias, ser diosa, ser mujer deseada. Eligió el vestido negro que marca la contundencia de sus caderas, y se le puso sin ropa interior. Y con paso tembloroso batallando las últimas contradicciones. Espoleada por el deseo, por el dulce sabor de lo prohibido, y el saber que hoy de nuevo alcanzará las estrellas.
Contempló el marcado canal de sus pechos por el generoso escote
Se ajustó el vestido de nuevo, y salió con la cabeza muy alta, en busca del orgasmo, de ese orgasmo que la pertenecía para asistir a la cita con el muchacho de sus veintidós años que la harían sentirse de nuevo VIVA.
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