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31.3.20

Quince días de confinamiento y la moral muy alta

Y nos creó a Su imagen y semejanza

Acrílico sobre lienzo





Desde este confinamiento solidario y voluntario, doy gracias a Dios por asomarme a cualquier ventana de casa y poder ver vegetación, pájaros y sobre todo esa explosión de convivencia, de alegría de ver a vecinos a las 20 horas, todos con salud y a través de las ventanas aplaudiendo a quienes nos protegen
Os dejo una nota robada de un diario, es un diario de esperanza que os invito a bajaros en Pdf y meditar  ---el_diario_de_ana_frank.pdf
Os dejo con Ana Frank y su diario:


...
Papá y yo hemos hallado un modo de entretenernos. Me ayuda a establecer mi árbol genealógico paterno. Sobre cada miembro de la familia me cuenta una breve historia, y eso me hace sentir mi ancestro. 
El señor Koophuis me trae libros cada quince días. Me entusiasma la serie Joop ter Heul. Todo cuanto escribe Cissy van Marxveldt me gusta sobremanera. He leído Alegría de Estío por lo menos cuatro veces; y las situaciones burlescas siguen haciéndome reír. 
He reanudado mis estudios. Me esfuerzo mucho con el francés, y cada día empollo cinco verbos irregulares. Peter la ha emprendido con el inglés, con enormes suspiros. Acaban de llegar algunos libros de texto. Yo había traído una provisión de cuadernos, lápices, gomas y etiquetas. Escucho a veces la audición holandesa que transmiten desde Londres. El príncipe Bernardo acaba de hablar. La princesa Juliana tendrá otro hijo en enero, anunció. Me he alegrado. Aquí se sorprenden de que tenga tanta simpatía por la familia real holandesa. 
Hace algunos días, los mayores juzgaban que, al fin y al cabo, yo no era tan tonta. Aquel mismo día, tomé la firme resolución de trabajar más. No quisiera volver a encontrarme en la misma clase a los catorce o quince años.
Enseguida se mencionó el hecho de que casi todos los libros de los mayores me estaban vedados. Mamá lee en este momento, Heeren, Vrouwen en Knechten, pero a mí me lo han prohibido; primero tendré que madurar más, como mi «talentosa hermana», que ya leyó esa obra. Se ha hablado también de mi ignorancia; yo nada sé de filosofía ni de psicología.
Compruebo algo alarmante: no tengo más que un vestido de mangas largas y tres chalecos para el invierno. Papá me ha permitido tejer un suéter blanco con lana de oveja; la lana no es muy bonita, cierto, pero su calor será una compensación. Tenemos más ropas nuestras en casa de otras personas; lástima que no podamos ir a buscarlas antes de que termine la guerra, y, aún así, quién sabe si las recuperaremos. 
Hace un momento, apenas terminaba de escribir sobre la señora Van Daan, ella tuvo la ocurrencia de entrar en la habitación.
¡Tac! Diario cerrado.
— ¿Qué, Ana? ¿No me permites ver tu diario?
— Me temo que no.
— ¡Vamos! ¿Ni siquiera la última página?
— No, ni siquiera la última página.
Me ha dado un buen susto. En esa página ella no aparecía nada favorecida.
Tuya, ANA
...

27.3.20

Onceavo día de aislamiento: Mis Viernes: Aquel verano en Corfú






Fueron esos años dulces de largos y cálidos Agosto en Corfú Teníamos escasamente veinte años y una inmensa cantidad de sueños pendientes de cumplir. Todo el mundo era nuestro.
Habíamos contratado un viejo velero que nos llevara a esa isla con playas de arena fina
Los tres vestíamos de riguroso blanco.  Ese es el recuerdo que mantengo de ti, con tu camisa blanca desabrochada y tu biquini blanco debajo
Ibamos a vivir nuestro mejor verano, en aquella isla, descalzos, medio desnudos.
Teníamos nuestra casita entre palmerales y una destartalada motocicleta. Swan conducía siempre,  ibas detrás y yo tras tuyo. Aquel día íbamos a la aldea del otro lado de la isla, e introduje mis manos debajo de tu camisa, y me dejaste hacer
Dos días después Swan te beso bajo el agua os vimos todos. 
Éramos amigos, éramos jóvenes con ganas de vivir intensamente disfrutando de nuestra juventud. Las cenas en la orilla del mar, bebiendo cerveza y comiendo todo con los dedos. En torno al calor de la hoguera planeábamos el futuro para poder seguir los tres juntos
Era noche cerrada, un cielo lleno de estrellas, sin rastro de la luna, y me propusiste te siguiera hasta adentrarnos en el mar. Ese beso...Ese beso fue para mi la prueba que me querías especialmente a mi respecto a Swan.
Luego te dije: duerme conmigo...
A la mañana siguiente no estabas,  habías desaparecido de la isla, sin una nota. Me vine abajo
Siete  días más tarde, tomaba el sol tumbado en la arena. Llegaste sin hacer ruido y te tumbaste a mi lado. Nos volvimos a amar 
Sólo tú sabías que ya no nos volveríamos a ver jamás

......


¡NO !!, esto no puede ser el final de mi confesión
...El velero tocó puerto, y en la isla y nada más pisar la arena tu olor a mandarina ( ¿recuerdas?) te delató. Miré hacia las palmeras, vestida de absoluto blanco me sonreías, descalza, y una vieja motocicleta destartalada nos esperaba, sola, para ti y para mi

23.3.20

Séptimo día confinamiento: Memorias de El Principito



Mi "El Principito" en proceso
Acrílico sobre lienzo, reutilizado




Recuerdo perfectamente aquel momento era verano de hace ya catorce años... Llevabas recogidas tu pelo en coletas 
La mayor parte de los cabellos se salían de su imposible orden, y parecía más un nido de gorriones que un peinado de niña bien educada en colegio de monjas.

Vestías una falda larga, de talle alto y tirantes, debajo una camiseta de manga larga azul añil y estabas enamorada... Te apoyaste en mi tronco para reposar y refrescarte con mi sombra de castaño viejo
Leí tus pensamientos, me es fácil cuando me concentro y la persona está cerca mío. 
Nada llamaba tu atención: Ni el estanque ni los demás castaños, ni las dulces montañas de verde perpetuo, ni la ligera brisa que con el movimientos de mis ramas producía para refrescarte
Yo ya era una promesa de fertilidad, mis ramas estabas repletas de "erizos" en cada uno de ellos al menos dos castañas

La primera vez que te vi, venías con amigas, era invierno. Mi fruto estaba caído y los erizos abiertos, con sus castañas dentro. Harías más tarde mermelada de castañas según te oí decir. Era feliz sabiendo que algo mío sería útil para ti.

Así pasaron muchos años hasta que dejé de verte. Ya no venías a sentarte apoyando tu espalda sobre mi tronco Ya no podía regalarte mi sombra, ni siquiera venías en el invierno a recoger mis castañas.

Hasta que un triste día sentí una herida que me quemaba en la base de mi tronco. Un ruido ensordecedor me sobrecogió. No pude hacer nada. Caí desplomado con un estruendo

Luego me llevaron con mis hermanos. Íbamos cientos, de todas las razas, Eucaliptos, Pinos, Fresnos, Robles, y...Castaños. Nos metieron en una tremenda trituradora, sus fauces desgarraron mis carnes, luego me pasaron a una mezcla de sosa y agua hasta hacer de mi una pasta lechosa. Perdí el sentido durante el proceso

Fue tu olor. Si, fue ese olor que emanabas el que me hizo recobrar el sentido de nuevo. Mire mi cuerpo: No tenia ramas, ni castañas, ni veía el mar, ni las montañas de perenne verdor. Ahora era un libro.

Habían hecho de mi un libro, y justo estaba encima de tu mesita de noche. Te vi entrar. Vi como te desnudabas, quise mirar para otro lado, pero no pude, no lo hice.  Luego te vestiste ese camisón color melocotón en suave piel de ángel y fue entonces que me tomaste

Con todo el mimo que eres capaz de entregar. Primero me oliste. Me agité, agité mis páginas para llamar tu atención y expandir mi nuevo aroma a...papel recién impreso
Abriste la primera página- Yo seguía la trayectoria de tus ojos, hacían barridos sobre mi página luego vi que movías los labios vocalizando. Mi sublimación,  fue cuando mojaste tus dedos para pasar página
¡ Ya para siempre tendría tu aroma, tu beso, tu saliva !
Luego, metiste un marcador de páginas y me devolviste a la mesita de noche. Te deseé buenos sueños

Ahora, en el silencio, en la nocturnidad, los temores me llenan
Tu interés por mi durará poco...sólo el tiempo de pasar tus ojos por cada página
Y luego... me colocarás con otros muchos hermanos. Pero no me importa. Estaré cerca tuyo. Es lo que quise siempre. Oliendo tu aroma cada vez que pases cerca
O si tengo suerte, posando muy cerca tuyo siempre, si el título que me pusieron fuera el de " El Principito "

20.3.20

Mis Viernes: Budapest y los tinteros chinos




Hoy debería haber partido a un nuevo viaje a Budapest, lo he pospuesto para mejor ocasión. La situación hace que sea hoy el sexto día de confinamiento en mi domicilio. 
Cada día que pasa soy más consciente que mi país esta en el peor de los momentos dirigido por el peor gobierno posible, una experiencia político-ficción llena de inoperancia, negligencia y demagogia política.
Pero volvamos a mis Viernes:

Sentaos 
Ponéos un café, o una bebida caliente,  o poner música relajante, por favor. El caso es que dejéis en blanco vuestras mentes.
Ser de nuevo ese niño que llevamos dentro 
Todo ocurrió en Budapest, paseando por las calles fuera de las rutas turísticas
Ocurrió hace ya casi un año, paseabamos mirando las tiendas de anticuarios que a los lados de la calle existen 
Hasta que ¿un no sé qué ? se apoderó de mí
Cruzamos para ver el escaparate de una pequeña tienda. 
Nada era llamativo en ella, ni la dimensión de los objetos, ni su colorido, ni la luz… nada. Era una tienda gris atendida por un hombrecillo chino tan gris como su tienda. Pero allí estaban: Un estuche de seda con cuatro tinteros chinos pintados a mano por su cara interior, luego con una laca protectora que les fondea y protege los perfectos dibujos en el cristal. Tenían todos ellos tinta, menos uno. 
Los colores de la tinta correspondían al de los tapones que les hermetizaban. Negro, verde, rojo, y el azul, era el que estaba vacío.
El hombrecillo gris, me sonrió y en un inglés correcto, me dijo " Te eligieron…"
No entendí en ese momento, pensé que no dominaba el inglés y debió querer decir "buena elección" o algo así. Le pagué, satisfecho con la compra.
Una vez en casa, dejé los tinteros en una de las librerías de casa hasta buscar un lugar definitivo
¿ Recordáis las últimas mujeres que he dibujado?. Están pintada con las tintas de esos tinteros chinos
Según iba progresando el dibujo, recuerdo que en las noches, la imagen dibujada se hacía protagonista de mi sueño. La mujer me llenaba de mimos. Me hacía sentir bien
Luego, cuando el dibujo estuvo totalmente terminado, esa misma noche ocurrió que desperté en medio de mi sueño y... ¡ Entonces ocurrió!
¡ La mujer del dibujo era de carne y hueso !!.
Creedme, no deliro son reales, ella y más personajes. Mi casa parece ahora la ONU
Ahora entiendo lo que el diminuto chino me dijo "Ellos te eligieron"

18.3.20

Cuarto día del Estado de Alarma : Erizos y el maestro Benedetti

Una ventana a los sueños
Nos la abrieron para todos
üsala


Son momentos de aplaudirlos, de aplaudirnos, demostrar que somos generosos, son momentos de querernos como los erizos en la distancia prudente, de no ocultar las emociones de decirnos que estamos cerca y que somos débiles y que juntos somos la maquina más potente imaginada.
No no hay feos, no hay frío no hay enfermedad por que somos fuertes. Ahora os dejo con mi aportación a estos días más íntimos, más comunicativos.


En las  noches  frías sin luna, algunos erizos descubren que si se juntan tienen menos frío. 


Se acercan cada vez más, pero son erizos y se pinchan unos a otros. Heridos y asustados, se apartan.  Luego se lamentan cuando se alejan, por esa pérdida de calor, pero al mismo tiempo, tienen un irracional miedo a dañarse. 
Pasado un tiempo y vencido el miedo, vuelven a juntarse y se pinchan de nuevo. 
Así permanecen durante algún tiempo... hasta que descubren una distancia que les permite darse ese calor sin necesidad de herirse .

Ahora os dejo con Benedetti  y su " Noche de los  feos ":

Ambos somos feos.
Ni siquiera vulgarmente feos.
Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación.
Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.

Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza.

No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio.
Quizá eso nos haya unido.

Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.

Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera.

Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades.

En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber.

Todos -de la mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.

Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida.

Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.

Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas.

Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada.
Era la oreja de su lado normal.

Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína.

Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios.

También para el rostro de otros feos, de otros espantajos.

Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos.

A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.

La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé.

Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba.

La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería.

De pronto aceptó.

La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa.

A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas.

Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.

Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo.

"¿Qué está pensando?", pregunté.

Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma.

"Un lugar común", dijo. "Tal para cual".

Hablamos largamente.

A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia.

De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo.

"Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?"

"Sí", dijo, todavía mirándome.

"Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida."

"Sí."

Por primera vez no pudo sostener mi mirada.

"Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo."

"¿Algo cómo qué?"

"Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad."

Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.

"Prométame no tomarme como un chiflado."
"Prometo."
"La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?"
"No."
"¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?"
Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata.

"Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca."
Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.
"Vamos", dijo.
No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse.

Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.
En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.
Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia.
En realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.
Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.

Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.

16.3.20

Segundo día después del estado de alarma -





Desde donde escribo, a mi izquierda la brisa hace que los prunos suelten los pétalos de las flores que le adornaban. Aumenta el miedo espeso que nos envuelve.  Miedo a lo desconocido al enemigo invisible.  Hoy también saldré a aplaudir con más confinados a una sociedad que funciona, que nos
da seguridad y espanta las pesadillas de nuestra mente. Sentirnos vivos sabernos sanos, aplaudir con rabia demostrándonos que somos un cuerpo único y más poderoso, que venceremos 
Os dejo una entrada ingenua y esperanzadora:


Los Beatles: "Imagínate sobre el río, en una barca
con árboles de mandarinas y cielo de mermelada"




Sergio es de Ucrania, y lleva  dos años en España trabajando de carpintero, oficio que realizaba en su país, hasta que decidió probar fortuna aquí
Primero se vino él y lleno de privaciones fue asentándose en Madrid, donde el trabajo no le  ha faltado
Luego trajo a su esposa Irena y a su hija Lucy, de once años.
Un domingo les vi, sentados en un banco del parque, comenzó a llover y se refugiaron en la cafetería donde tomo el vermut los domingos
Lucy contamplaba la calle que se llenaba de agua, su aliento empañaba el cristal y cuando fue así, con su dedo escribió "Nici doliu, nici tipât, nici durere va mai fi"
Me acerqué y la regunte: " cómo te llamas ?"
-Lucy, Lucy repitió
Qué has escrito?
Son palabras de un texto religioso que mi abuelo me enseño:
-llegará un tiempo que no habra dolor ni penas en el mundo-
Sergio la regañó pensando que me estaba molestando
Les sonreí, y compatimos unas cervezas juntos
A Lucy la encantó los calamares fritos, nunca los había comido
Luego, en una servilleta, con el bolígrafo que su padre le había dejado, dibujó un rio, navegado con una barca, un arco iris y campos de mandarinas; en el cielo una niña volaba entre nubes de mermelada de cerezas
Esa soy yo, dijo Lucy, y ese es mi pais: Ucrania

Si… jajajajaja reí, si Lucy, sin duda esa eres tú.

Mis deseos de salud y fuerza vital para todos

.

13.3.20

Mis Viernes : Pandemias siempre hubo



" RECUERDOS "
Tinta china



Ven Rodolfo me dijo mi abuelo, te contaré una historia: En el Medievo hubo también pandemias de peste negra.  Una pandemia como ahora tenemos con el coronavirus, entonces la gente se refugiaba en cuevas para hacer cuarentena y narraba historias para entretenerse, unas ciertas y otras no. Te contaré una que pocos sabemos para que algún día tú la cuentes a tus nietos:

Cíerto día de Primeros de Marzo, apareció por Isola Bella un mercader, que despertó a la aldea voceando su insólito producto: ¡CAMBIO ESPOSAS VIEJAS POR NUEVAS ! 
Con su vieja tartana recorría la desnuda calle principal de la aldea
Y ocurrió: los trueques fueron rápidos. El precio inexorablemente fijo.
Todos los compradores recibían certificado de calidad, y una garantía del producto. ¡ Ojo nadie podía escoger, te tocaba la que te tocara !.
Todas eran doradas jóvenes rubias todas bellísimas y todas de 24 quilates.
Rodolfo, muchos quedaron arruinados con la compra, hasta un recién casado cambio de esposa por que no era tan rubia como la suya.
Nuestro antepasado quedó tras las cortinas de la ventana. Al pasar frente a él una de las mujeres de mirada felina y cuerpo de pantera, le miró. Era hermosa, deslumbrante como un zafiro y en su mirada se veían brillar las estrellas.
Nuestro antepasado estuvo a punto de hacer el trato, presa de una desazón y frenesí.
Avergonzado se apartó de la ventana y miró a la silenciosa y sumisa Marta que estaba desconcertada
¡ CAMBIO ESPOSAS VIEJAS POR NUEVAS !, se oía ahí mismo, abajo, en la puerta.
Cenando, Marta le preguntó ¿Por qué no me cambiaste por la otra?
No hubo contestación
Desde entonces éramos los "raros" en la aldea. No salíamos de casa, mientras todo el mundo festejaba las nuevas nupcias, había bailes, comidas borracheras y risas
Se abandonaron las tierras, nadie quitaba las malas hierbas ni abonaba los campos. Toda la aldea era puro fornicio. Sodoma y Gomorra
Mis vecinos gastaban bromas contra mi cuando me veían. 
Marta se había vuelto silenciosa y cada día nos distanciábamos más el uno del otro. Marta se sentía responsable que no tuviera su esposo una joven rubia a su lado -¡Nunca te perdonaré que no me hayas cambiado ! 
Y me echaba la culpa de todo. Yo perdía la paciencia. Y recordando a la que parecía una pantera deseaba de todo corazón qué volviera a pasar el mercader.

Pero un día las rubias comenzaron a oxidarse
Deslumbrados a primera vista, los hombres no pusieron realmente atención en las mujeres. 
Ni les echaron una buena, mirada, ni se les ocurrió ensayar su metal. Lejos de ser nuevas, eran de segunda, de tercera, de sabe Dios cuántas manos… 
El mercader las había realizado algunas reparaciones indispensables, y les dio un baño de oro tan bajo y tan delgado, que no resistió la prueba de las primeras lluvias.
El primer hombre que notó algo extraño se hizo el desentendido, y el segundo también. Pero el tercero, que era el boticario, advirtió un día entre el aroma de su mujer, la característica emanación del sulfato de cobre. Procediendo con alarma a un examen minucioso, halló manchas oscuras en la superficie de la señora y puso el grito en el cielo.
Aquellos lunares salieron primero en la cara de todas, como si entre las mujeres rubias brotara una epidemia de herrumbre. Los maridos se ocultaron unos a otros los defectos de sus esposas. Poco a poco salió a relucir la verdad, y todos supieron que habían recibido una mujer falsificada

Marta y yo ahora somos envidiados y respetados 
A Marta le costaba trabajo disimular su júbilo, y dio en salir a la calle con sus mejores galas, siendo pura naturalidad entre tanta desolación. 

Hoy salió del pueblo la expedición de los maridos engañados, llevan sus falsificadas esposas van a la busca del mercader
Marta no es tan morena como parece. A la luz de la luna llena, su rostro dormido se va llenando de reflejos. Como si del sueño le salieran leves, dorados pensamientos de orgullo.
Y es que, no es oro todo lo que reluce 

PD.: Encerrados en la cueva a la espera remita la pandemia, pendiente del termómetro por si...e hidratándome ( sano) lo más posible, puede que amplíe a más días las entradas de blog
.

6.3.20

Mis Viernes : Inés de Castro


" Eclipse "
Tintas en papel algodón



Quinta das Lágrimas, tan hermoso nombre sólo puede provenir de una historia aún más hermosa, o trágica
Si viajas al país vecino, unos días en Lisboa, la ciudad que huele a café recién hecho, y que te invita a paseas por el Rossío,  La Baixa,  Chiado , Alfama al atardecer con un río Tajo teñido de rojos mientras por sus calles llenas de geranios 

Pero volvamos a la Quinta das lágrimas, decidí alojarte en ese hotel en vez de Busaco, por la leyenda que la envuelve. Me enamoré de su leyenda y de la españolidad de Coimbra, y su gratitud a la Reina después de muerta, la española Inés de Castro

Quinta das lágrimas
al fondo " composición del besamano a Ines de Castro

Juntas se criaron en Peñafiel, Dª Constanza, hija del infante D Juan Manuel y nuestra Inés de Castro y juntas fueron a el encuentro con el heredero de Portugal  D.Pedro de Portugal
Tras el matrimonio, D. Pedro toma por concubina a Inés de castro, prendido por su belleza, y le da tres hijos vivos.
La futura reina Dª Constanza muere de parto, y sabido el Rey de Portugal de su hijo con Dª Inés, manda tres sicarios para asesinarla, en su residencia de Coimbra
Se comete tal brutalidad, precisamente es este palacete, que a parir de entonces toma ese nombre de Quinta das lágrimas.
El heredero de Portugal furioso por el asesinato de estado, declara una guerra civil a su padre al que termina derrotando
Pedro " El Justiciero" pacificado el país, anuncia que Inés de Castro era su esposa, ya que se habían casado en privado, santificando la ceremonia el obispo de Braga.

Hace desenterrar el cadáver de Inés, y vestirla con las más lujosas telas
Cubierto sus rostro con un velo negro, tanto el de Inés como el de Pedro, es coronada REINA DE PORTUGAL, después de muerta.

Ahora yacen en el Monasterio de Alcobança  enfrentados pies con pies, por voluntad de D Pedro que quiso que asi fuera, para que al incorporarse el día del Juicio Final, lo primero que pudiera ver fuera el rostro rosado y el  'Colho da garça( cuello de cisne) de su amada Inés de Castro.