Inma pletórica de buenas noticias y una regular, nos invita este jueves a escribir sobre que nos sugiere
la fotografía 12 de nuestro teléfono.
He recuperado esta entrada para esta fotografia
Mi 12ª foto de mi teléfono es este dibujo de " joven marroquí " que acababa de terminar
Eran las cinco en punto de la tarde, hora lorquiana
Desde el balcón central de la sala de Sultanas en la Alhambra de Granada. A mis pies, los Cármenes enfrente el Sacromonte, barrio gitano donde los haya, dorado de soles blanco de cales, con embocaduras de puertas y ventanas pintadas de amarillo albero. Al fondo dominado todo Sierra Nevada, como un gran sultán sentado supervisando todo lo que sucede.
Hacia doce días que mi empresa me había enviado a Granada para implantar un nuevo sistema operativo en una empresa de la ciudad.
Aburrido y rutinario, estaba cansado de la soledad y deseaba regresar a mi ciudad.
Ese sábado, como un turista más decidí visitar la Alhambra. Me hice con una guía.
Decía: Primero pensada como fortaleza, luego fue durante siglos trasformada a palacio… el más bello jamás imaginado. La perfección de la cultura Nazarí .
Bebí agua en la fuente del Avellano, y proseguí mi camino hasta la entrada.
Austera por fuera como todas las construcciones musulmanas, suntuosa en las intimidades.
Ochocientos años de vida en común, no hizo si no que los árabes fueran españoles de diferente religión.
La visita comenzó en la sala de embajadores, con esa penumbra estudiada, sus balconadas sobre la ciudad. Un alarde de yeserías, estucos, azulejos y mármoles impresionaba a todo aquel que viera por primera vez la sala..
Me separé del grupo y proseguí solo, por los jardines, entre olores a tomillo, cilantro, hierbabuena, y romero.
No cabe duda que tanto por las aguas como por las plantas fueron sus diseñadores unos artistas increíbles, siendo gente provenientes de desiertos habían trasladado aquí su ideal del Paraíso.
Cuando me di cuenta, estaba en el interior de una sala, la más hermosa de la Alhambra, la sala de Sultanas.
Diseñada para amar, era la preferida por los sultanes, esposas y concubinas
Quedé extasiado por su paz y belleza. Me acerqué al balcón central sobre la ciudad. Eran las cinco en punto de la tarde.
Sentí como un viento fresco me envolvía. Note una mirada a mi espalda. Me gire y la vi:
Ojos de azabache, pelo en cascada sobre sus hombros. Una túnica trasparente dejaba a la vista mas que ocultaba.
Me tendió la mano y me dijo:¡ VEN !. Me llevó por la hasta entonces disimulada puerta entre los azulejos del zócalo que, cerró tras haber pasado ambos.
Ascendimos por una empinada escalera hasta el piso superior justo encima de la sala de sultanas. Espaciosa, sin ventana alguna, sólo unos taladros en la bóveda con forma de estrellas, que proyectaban la luz de esa manera a un suelo cubierto de cojines multicolores.
El aire estaba cargado de sensualidad
Se arrodilló y me invitó que hiciera lo mismo, a tan sólo unos centímetros uno del otro.
Dejó caer su túnica al suelo. Cogió mi mano y la llevo a su pecho, sin dejar de mirarme a los ojos dijo: ¡ TÓMAME !.
Abrazos, gemidos, besos deseados; caímos, rodamos sobre el suelo de cojines .
Al fin, entrega sin egoísmos, carne seca en carne húmeda, espada en vaina.
Creí, que levitábamos cuando ambos al unísono llegamos al éxtasis del orgasmo conjunto.
Nueve citas, todas a las cinco de la tarde
Nueve citas como las nueve capas del techo de la sala de sultanas que imita la bóveda celeste. Nueve citas como los nueve paraísos que su religión promete.
Eran las cinco de la tarde y, yo esperaba
Oi, primero un murmullo, luego un grupo de japoneses con un guía español, en perfecto ingles, les narraba sobre la Alhambra.
Les decía: "Y en lo alto de esta Torre del Homenaje, hay un escrito que dice: "Dale limosna mujer que no hay mayor pena en el mundo, que ser ciego en Granada"
Luego ya en la sala señalaba las perfecciones de las yeserías azulejos y la sinfonía de colores que invitan a la sexualidad.
Para terminar les contó
"…Y entre estas piedras se encuentra el espíritu de una sultana joven, que murió sin consumar matrimonio, al fallecer el sultán víctima de las armas cristianas.
Cuentan que sus gemidos de amor son algunas veces audibles a través de estos fuertes muros.
jajaja rió el guía, Seguro que haría las delicias de cualquier joven que se la encontrara "….