Mario, es mi amigo, es arqueólogo, esta historia me la contó hace un mes. Ahora estoy tan descompuesto como él estaba cuando la contó. Desde entonces, las noches de luna llena me aterran y el sueño me llega al alba
Mario fue a realizar trabajos de arqueología a un convento que existe en la Rioja cerca del Monasterio de Suso. Procedió a levantar cuadrículas sobre el terreno con cuerdas y estacas que facilitarían su trabajo. A medio día se fue a sentar a tomar un bocado y un refresco bajo un alto ciprés del claustro del convento
Buscó acomodo que le preservara del sol, y al final simplemente se apoyó en su tronco ya que el sol incidía tan vertical sobre el ciprés que no proyectaba sombra alguna
Esa noche, habló con el hermano Ignacio, que cuidaba de su hospedaje y de una escueta cena monacal.
Al día siguiente, Mario al llegar al lugar de su trabajo, desconcertado vio cómo la cuadricula que había dejado replanteada el día anterior había sido modificada
Ahora se veían numerosas parcelas pequeñas en diferentes lugares de lo que fue el jardín del convento
Mario enfadado se dirigió al hermano Ignacio, único monje que quedaba en el monasterio
Hermano…¿ por qué me ha hecho esto...? preguntó Mario
¿ Qué pasa hombre de Dios ?
Venga conmigo
El hermano Ignacio al verlo, se giró y dirigiéndose al ciprés gritó: ¡ Todo era verdad..¡
Mario no entendía nada
Venid, os contaré lo que era una leyenda y ahora se manifiesta como una historia: Hace quinientos cincuenta años, este convento era la vida de toda la zona, su huerta, sus rebaños Hasta que …
Hasta que un día un monje se enamoró de una joven mora, se dice que su belleza se la había proporcionado el mismísimo diablo. El caso es que, el monje llevó y ocultó a la joven en un aposento del convento y cada noche se abandonaban a la carne. Hasta que la joven mora quedó embarazada
El hermano se asustó y quitó la vida a la hermosa mujer, una noche de luna llena...justo a los pies del ciprés del claustro; luego, abrió la tierra y la sepultó
El hermano días más tarde no superó su vergüenza y remordimientos, y se ahorcó
Fue enterrado en el jardín del claustro, que no es tierra santa
Entonces? dijo mi amigo Mario, las cordadas que ahora hay…señalan las tumbas de…? ¡ Pero si hay muchas !
Si, asentó el hermano Ignacio. Terminaré la historia. La joven mora, cada noche de luna llena recuperaba su cuerpo y seducía a un hermano que moría dulcemente entre sus brazos, con una tremenda erección que hacía difícil introducirles en la caja mortuoria. El abad fue la siguiente víctima veintiocho días después
En el convento se hacían corros en torno al ciprés y los hermanos hablaban más de la cara de felicidad de los difuntos, que de la desgracia que suponía morir de esa manera
Mientras. el ciprés había dejado de dar sombra, ni la proyectaba al alba ni la proyectaba al atardecer
Y...así es como lo sé y así es como os lo cuento
Esta historia, que yo la tomé como leyenda, pasó de boca en boca durante siglos entre los hermanos de este convento ya sólo quedo yo y esta noche hay luna llena
¡Qué sea lo que Dios quiera !
Mario, cuando me contaba toda esta historia no paraba de decir
¡ Si vieras…!
¡ Si vieras la cara de felicidad que tenía el hermano Ignacio al día siguiente, muerto con esa tremenda erección, al pie del ciprés sin sombra !
¡ Si vieras…!
¡ Si vieras la cara de felicidad que tenía el hermano Ignacio al día siguiente, muerto con esa tremenda erección, al pie del ciprés sin sombra !
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Este relato me ha dejado inquieta y fascinada a la vez: mezcla muy bien lo histórico con lo sobrenatural hasta hacer que dude de todo. Lo que más me llamó la atención es cómo lo cotidiano se va volviendo perturbador, sobre todo con la imagen del ciprés sin sombra. Me transmite una sensación de fatalidad inevitable y un miedo que se queda rondando después de leerlo. Me resulta perturbador por ese contraste entre horror y extraña “felicidad”.
ResponderEliminarUn abrazo y feliz fin de semana