Vistas de página en total

10.2.26

Aquel temblor del muslo...

 



Aquel temblor del muslo y el diminuto encaje rozado por las yemas de los dedos, son el mejor recuerdo de unos días conocido sin prisa, sin hacerse notar, igual que amigos tímidos.
Fue la tarde anterior a la tormenta, con truenos en el cielo.
Tú apareciste en el jardín, secreta, vestida de otro tiempo, con una extravagante manera de mirarme; jugando a ser el viento de un armario, la luz en seda negra y medias de cristal, tan abrazadas a tus muslos con fuerza, con esa oscura fuerza que tuvieron sus dueños en la vida.
Bajo el color confuso de las flores salvajes inesperadamente me ofreciste, tu memoria de labios entreabiertos, unos rojos difíciles, y el rayo apenas vislumbrado de la carne, como fuego lunático como llama de almendro donde puse la mano sin dudarlo.
Por el jardín, el ruido de los últimos pájaros de las primeras gotas en los árboles.
Aquel temblor del muslo y el diminuto encaje, de vello traspasado, su resistencia elástica vencida por el paso de los años, vuelve a ser verdad, oleaje en el tacto; arena humedecida entre las manos cuando otra vez, aquí, de pensamiento, me abandono en la desolación de tus ingles y dejo de escribir
Para llamarte

1 comentario:

  1. Hay palabras que no necesitan ser mencionadas incluso a través de una llamada y tú texto es un claro ejemplo eni opinión, desborda sensaciones por si mismo. Un abrazo

    ResponderEliminar