Una vez más Neogéminis conduce el encuentro de cada jueves. Su propuesta: Historia de un secreto
Dejadme un sitio entro vosotros, os contaré un secreto familiar.
Rosaura era vecina de mi abuela, allá en Gredos, habían sido, amigas, además de vecinas, no existían secretos entre las dos.
Rosaura contó a mi abuela Lorenza algo que la ocurrió siendo moza.
Regresaba sola de regar la huerta del soto cercano al río.
Presenció escondida entre zarzales ,lo que ocurrió entre un hombre vestido con traje negro y un gigante de voz de trueno, grande y alto como el campanario de la iglesia.
"Alto ahí, no des un paso más" gritó el hombre de negro al gigante
"¿Quién eres tú para dirigirte a mí de esa manera" – contestó el gigante- "cómo te agarre te trituro", dijo con un torrente de voz.
"Soy la Muerte "contestó el señor vestido de negro- "Nadie me contradice, y tú seguirás mis órdenes"
El gigante soltó una carcajada, dio dos pasos hacia el señor de negro y de un puñetazo, le dejó atontado a un lado del camino y siguió su camino
Rosaura que había visto todo, se acercó y pudo escuchar al señor de negro decir:
"Debo reponerme, si me paro aquí, nadie moriría en este mundo y pronto estaría tan superpoblado que tendrían que subirse los hombres unos encima de los otros."
A Rosaura la pareció gracioso aquello que soltó una carcajada, tendió su mano para ayudar al señor vestido de negro.
" Gracias por la ayuda, Soy la Muerta y como premio te avisaré que cuando venga por ti antes te pincharás con una aguja un dedo " Y se fue
Rosaura se lo contó a mi abuela Lorenza
Pasaron los años, y en los veranos de mi niñez, recuerdo a Rosaura, siempre malhumorada, siempre cocinando.
Rosaura tenía un costurero cuadrado, con tapa a manera de tejado de una casa.
Decenas de veces intenté levantar la tapa del costurero para ver su contenido
Siempre un manotazo y un ssshhhhhhhh
¡ Rodolfo, eso no se toca !!
Yo imaginaba que en esa casita-costurero vivían seres diminutos, sin poder ver el sol ni las montañas.
Una vez conseguí a solas acercarme y tenerle entre mis manos.
Estaba cerrado con llave, sólo pude ver una tela azul con lunares blancos.
Pinté con mi boli una puerta en uno de sus lados y ventanas en las demás, para que esos seres que allí vivían pudieran ver el sol y las montañas.
Rosaura se enfadó conmigo cuando lo vio. Tres años después de eso, una tarde me llegó el olor a carne quemada, que provenía de la casa de Rosaura
Miré por la ventana, Rosaura estaba en el suelo, el fogón encendido, sobre él una parrilla con un filete tan abrasado que era carbón.
Corrí avisar a mi abuela. Entramos todos corriendo para ayudar a Rosaura
Mi abuela puso su mano como barrera para que no me acercara
Su corazón debió fallarla…y además, tenía una aguja clavada en el dedo índice de su mano derecha
Miré en el aparador, la casita-costurero, estaba abierta.Hilos, tijeras, dedales, ovillos de distintos colores…
Sonreí
Comprendí que los hombrecitos habían tenido tiempo de huir para vivir en libertad entre los pinares de Gredos.

Bendita inocencia, bello relato, Rodolfo
ResponderEliminarAbrazo
Como bien dices: bendita inocencia que rechaza la muerte y ve hombrecillos Un abrazo
EliminarQué imaginación! Es un cuento con los elementos tradicionales (aguja, muerte, misterio...) muy bien hilado.
ResponderEliminarBesitos.
sin imaginación el mundo sería demasiado real y perderia la magia Un abrazo
EliminarLa mirada de los niños consiguen hacer tierna y fantástica hasta una historia con la muerte. Muchas gracias por sumarte, Rodolfo. Me encanto la imagen de "la casita costurero" un abrazo
ResponderEliminarEs muy recurrente la infancia para contar una historia aunque sea con ka muerte Un abrazo
EliminarUn secreto y una curiosidad, fue esta última quien desato la imaginación del pequeño Rodolfo.
ResponderEliminarUn abrazo , feliz tarde.
La infancia absorbe todo como esponjas y la curiosidad es el camino más fácil Un abrazo
EliminarEsa imaginación , qué florido recorido de secretos entre un gigante y la muerte.
ResponderEliminarMuy interesante tu aportación. Un brazo
Agradecido siempre a tus comentarios Albada Un abrazo
EliminarRosaura no evitó a la muerte, pero la logró postergar. Y eso no es poco.
ResponderEliminarInteresante que la muerte no sea invencible.
Bien contado.
La muerte siempre gana las partidas Somos el único animal consciente de su inaplazable fin Un abrazo
EliminarAquí te guardas el secreto de que te sientes culpable por haber pintado las puertas y ventanas abiertas para que los hombrecillos escaparan.
ResponderEliminarNo te sientas culpable. Las cosas van como van...
Como ña muerte siempre es mujer, aquí pensé en LpoezVazquez (este señor de negro), aunque se hsce difícil imaginármelo todopoderoso.
Abrazo, Rodolfo
Gabiliante jajajaja, me ganas en imaginación , la tuya es sorprendente Un abrazo
EliminarBendita inocencia en la que todo se ve desprovisto de maldad y de sospeha alguna.
ResponderEliminarta podíamos tomar nota en algunas cosas de esa epoca feliz de todos
EliminarYa me imaginaba a mitad del relato que, gracias a tu puerta y ventanas, los hombrecillos habían logrado escapar y se habían mudado a tu casa, pero, sin pinchar el dedo de su carcelera.
ResponderEliminarAbrazo
Verónica no se puede ir po el mundo pintando puertas y ventanas, luego pasa lo que pasa Un abrazo
EliminarEl que ve maldad, carga con ella toda la vida.
ResponderEliminaruna muy adecuada sentencia Gustab, un abrazo
EliminarMy imaginativo tu relato, Rodolfo. La inocencia del niño para explicarse l a muerte es muy tierna.. Un abrazo.
ResponderEliminarMyriam, la muerte, la gran señora que siempre es invitada inesperada en nuestras vidas cumple con su mandato, los niños viven en otro mundo Un abrazo
EliminarIngeniosa tu relato, Rodolfo. Muy bien pintada tu historia desde la imaginación del niño!!!!Bendita inocencia de tiempos idos!!!!Gracias por compartirlo!!!Te invito a leer mi relato en: https://ellugardelmundodemarta.blogspot.com/2023/02/blog-post.html Abrazo agradecido!!!!Hasta pronto.
ResponderEliminarHola Marta cuando fuimos niños todo era más sencillo cuando no fantástico Un abrazo
Eliminar