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12.4.19

Mis Viernes: El ramillete de camelias


Puntillismo

" Javril " ( detalle )


Mi amiga nos contó cómo Pedro, su padre, ese día en la estación Términi; recién terminada la Segunda Gran Guerra, aún de uniforme, conoció a la chica del ramillete de camelias

Entró en el hall de la estación bastante nervioso y la buscó entre la multitud, nunca la había visto, no conocía su cara, para encontrarse al fin.  
Él iría de uniforme con un libro de El Principito y ella un ramito de camelias

Recordó como trabaron amistad. 
Él un 16 de Abril, meses antes en una biblioteca pública de Roma, había cogido El Principito para leerle, y quedó intrigado por las notas al margen. En la última hoja encontró el nombre de la lectora anterior:  Laura.  Luego le costó un poco más de trabajo localizar su domicilio, precisamente cuando fue movilizado para el frente de la Segunda Guerra mundial.
Durante todo este tiempo se estuvieron carteando, y nació entre ambos afinidades y sentimientos encontrados que terminó en un gran interés. Pedro pidió que le enviara su fotografía, y Laura se negó en todo momento, diciendo que si de verdad le importaba, daba igual su aspecto

Y llegó el día de la cita en la estación

Una joven preciosa se dirigió hacia él, de figura estilizada, muy bien formada, el pelo de un intenso rubio casi blanco, sus ojos azules como flores, sus labios carnosos. Vestía un traje rosa, era como la Venus de Boticcelli, naciendo de las espumas de las aguas.
Me acerqué caminando hacia ella, sin darme cuenta que NO llevaba el ramito de camelias. 
Mientras se acercaba a mi, una sonrisa curvó sus labios
¿ Vas por mí marinero ?, murmuró ella 
Casi sin querer di un paso hacia ella y fue entonces que vi a la chica del ramillete de camelias. Estaba parada detrás, mirándome

Era una mujer ligeramente gruesa de unos 30 años, cabello castaño, sombrero desgastado, de piernas regordetas  y gruesos tobillos que descansaban en unos zapatos de suela plana
Sentí como si me partiera en dos, la chica del vestido rosa se alejaba, mi deseo era seguirla a la vez que sentía un profundo anhelo por la mujer que me había estado apoyando tanto tiempo.
No vacilé , mis dedos apretaron el libro de El Principito y mostré su portada a la mujer del ramillete de camelias. 
Esto no sería amor, me dije, pero si algo parecido , algo mejor que el amor, una amistad por la que debía estar siempre cercano a ella " domesticado "
Saludé a la joven y la entregué el libro. 
Mientras hablaba, sentía como la amargura de la decepción me embargaba.
Soy el teniente Pedro, ¿ y usted la señorita Laura... ?, estoy muy contento de que pudiera conocerla. ¿La puedo invitar a cenar ?

La cara de la mujer se ensanchó en una sonrisa tolerante:
" No se de qué se trata esto hijo, pero la señorita del traje rosa que se acaba de cruzar con usted me pidió, me rogó más bien que sujetara el ramo de camelias
Y  me dijo que si usted me invitaba a cenar, yo debía decirle que ella le está esperando ya en el restaurante de enfrente...¡ Vaya, no pierda el tiempo !

3 comentarios:

  1. Ayyyy,qué bonito el cuento y el final!!!
    Qué bien lo vas relatando,amiguco!
    Me ha encantado,así como tu dibujo puntillista.
    Se te ha echado en falta pero todos debemos de ir de vez en cuando a nuestra Itaca particular
    Besucos y gracias por el relato

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  2. jajaa! muy astuta la señorita de rosa! encontró una forma muy ingeniosa para profundizar más sobre qué tipo de hombre le deparaba el destino! Me alegra que él haya podido superar la prueba.
    =)

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