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21.4.17

...y dejo de escribir para llamarte









21 de Abril del  2037:

Querido diario:
Desde aquel verano, han ocurrido muchas cosas, y han pasado 20 años de aquello. 
Tu aroma se ha despegado de mi nariz y los timbres y peculiaridades de tu voz se pierden al  intentar recordarlo después de tanto tiempo.
Aquel verano que fue el nuestro, marcó el resto de mi vida, cambió el rumbo de mis pasos, fue decisivo para que me dedicara a dibujar y pintar.


No quise buscarte. No quise decírtelo. Nuestros mundos eran muy diferentes. 
No podías darme nada mejor de lo que ya me habías dado. Era mejor así.
El azar ha querido ponernos frente a frente de nuevo. Este lunes pasado inauguré una nueva exposición.
Mi marchante cerraba una venta, y yo preparaba el lector de tarjetas de créditos.
Te pedí la tarjeta y el DNI, tu nombre y apellidos explotaron sobre mi presente,  fue entonces que me di cuenta que eras tú, unos años mayor, más gordita, más mujer. 
A tu lado, un hombre atractivo de más o menos mi edad y una niña muy parecida a ti, esperabais comentando la calidad de la exposición. Alejandra tiene los ojos más bonitos del mundo: tus ojos.
Después de firmar el resguardo de pago, te has fijado en mi, relajando la mirada y sonriendo con tus ojos como sólo tú sabes hacer durante un largo instante:

-¿Nos conocemos? Has balbuceado dubitativa.
-No lo creo. Te he dicho sonriendo

....

Aún late alocadamente mi corazón recordando:
"Aquel temblor del muslo y el diminuto encaje rozado por la yema de los dedos,
son el mejor recuerdo de unos días conocidos sin prisa, sin hacerse notar
igual que amigos tímidos.

Fue la tarde anterior a la tormenta, con truenos en el cielo.
Tú apareciste en el jardín, secreta, vestida de otro tiempo con una extravagante manera de mirarme, jugando a ser el viento de un armario la luz en seda negra y medias de cristal; tan abrazadas a tus muslos con fuerza con esa oscura fuerza que tuvieron sus dueños en la vida
Bajo el color confuso de las flores salvajes, inesperadamente me ofreciste tu memoria de labios entreabiertos, unos rojos difíciles y el rayo apenas vislumbrado de la carne, como fuego lunático como llama de almendro donde puse mi mano sin dudarlo
Por el jardín el ruido de los últimos pájaros, de las primera gotas en los árboles.
Aquel temblor del muslo y el diminuto encaje de vello traspasada su resistencia elástica; vencida por el paso de los años, vuelve a ser verdad, oleaje en el tacto
arena humedecida entre las manos, cuando otra vez aquí, de pensamiento me abandono en la desolación de tus ingles y dejo de escribir para llamarte"

3 comentarios:

  1. Me alegra mucho ver esta exposición. ¿Cuántas has hecho? Se me ocurre que hicieras una acompañada de tus escritos, o algunos de ellos. ¿La has hecho ya?

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    1. Gracias Roberto, ya sólo expongo en exposiciones colectivas, las individuales requieren mucho esfuerzo y tener una organización publicitaria de la que carezco

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