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2.3.17

Tras el espejo



" Tras el espejo "
Acrílico sobre lienzo



Dudo de mi cordura o si todo fue un sueño del que no pude despertar
Lo que fuere dejó su huella en mí. Sólo puedo contaros que aquel espejo debía ser mágico o estar embrujado. Su pulida oblea no reflejaba mi imagen, si no que como si viera una película los hechos se veían en él
Llovía, era una lluvia generosa, fina, sin agresividad, que empapaba hasta los huesos. No entendía que hacía en medio de un lugar selvático, rodeao de grandes árboles. Presa del pánico comencé a correr , no sabía si trazaba círculos o me evadía en líneas trayectorias complejas. 
Inexplicablemente me encontré ante un claro en la vegetación
Un lugar de ensueño, lleno de decenas de pequeños templos y tantas mariposas que en vez de lluvia de agua era parpadeos de colores
En su centro un templo de madera de numerosos tejados superpuestos a diferentes aguas. Sólo tenía paredes al lado norte y al lado sur. 
Corrí a refugiarme de la lluvia.
Era de madera olorosa y rojiza de Ciprés, símbolo de la eternidad.
Vi un brillo luego inexplicablemente comencé a tener una visión en mi mente, lo que iba supuestamente imaginado, lo veía con la calidad de una visión sensitiva.
Vi a el dios japonés Susanoo, cómo descendía del cielo, yo, era testigo mudo del acontecimiento. El dios encontró a un anciano que se dirigía a Izumo para entregar el tributo de una doncella virgen a el monstruo Orochi, dragón maléfico de ocho cabezas . La doncella que debía entregar era sacerdotisa de la diosa del arroz Kushinada-hime.
Susanoo se enamoró de la doncella, y propuso al anciano esposarse con ella a cambio de librar al reino de las tropelías del monstruo Orochi.
El dios llenó ocho barriles con sake y los colocó cerca de la cueva donde dormitaba la bestia. Al despertar y presa de una gran sed, cada cabeza se dio buen recaudo de su correspondiente barril de sake.
Una vez embriagada la bestia, Susanoo, cortó una por una de certeros tajos, las ocho cabezas. Hecho lo cuál, abrió la cola de la bestia y recogió la espada Kusanagi (El Valor), la joya Magatama ( La Benevolencia), y el Espejo Sagrado (la Sabiduría), que justo era el que me estaba haciendo " ver " esta historia cierta de los orígenes del Imperio del Sol y los tres atributos Imperiales. Aturdido, salí del templo de madera rojiza olorosa de Ciprés  y regresé sobre mis pasos. Todo me sobrepasaba, y corrí asustado. En mi carrera golpeé el espejo que cayó rompiéndose en 34 pedazos, y en cada uno de ellos tu imagen

4 comentarios:

  1. Admiro tu creativa imaginación 😁

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  2. Javier escribes como pintas,¿se puede pedir más,contador de historias?
    Un abrazo

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  3. me gusta cuando callas y solo tu escribers

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  4. Muy bueno tu cuadro!
    Y el cuento...me he quedadocon la boca abierta y la mirada en el camino hasta llegar al final,porque todo cuento tiene su final y este me ha encantado,nunca mejor dicho.
    Los trozos...en cada uno su imagen:genial!!!
    Besucos artista

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