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15.3.17

Aquel viaje en metro...






El vagón del metro va medio lleno, es la hora punta a falta de unos minutos. Por megafonía anuncian 
el nombre de la siguiente estación: Utopía. Todos van tan ensimismados que nadie es consciente que 
esa estación no existe.
Voy de pie, apoyándome en las puertas que no se abren en el trayecto. Unos hablan entre si, dos se abrazan como si fuera el último día de su vida, alguien me regala una sonrisa de ojos azules. Las miradas se cruzan un segundo, otros se ensimisman en la música de sus cascos. 
Llegamos a la supuesta estación " Utopía " y un alud de personas variopintas llenan el vagón del metro. Un señor se quita el sombrero para saludar a una señora de abrigo de piel. Una adolescente casi púber saca pecho, sus caderas recitan a Hamlet y sus dudas con rotundidad
Entran dos hermanas gemelas con pelo cortado a lo " Pifie rock " y llamativos rouge en labios.
Entra una mujer enlutada de ojos inquietos y labios trémulos. Su mente está acalorada en perdidas tardes de verano donde tiembla sólo de recordar
Pasa un gigante de más de dos metros , con todos sus brazos tatuados, un joven canoso con una pipa apagada en la boca y en brazos un gato con un collar de dos cascabeles.
Pasa un ciego con su bastón blanco, con su perra lazarillo, una mujer muy llamativa vestida de lentejuelas y mantón de Manila. Un efebo curvilíneo que se ruboriza por todo, una mujer tanque de aplastantes y contundentes senos y caderas, que empuja  para hacerse sitio. El metro arranca con un silbido felino al cerrar las puertas. 
Es entonces que dentro del vagón suena una extraña música que hace que todo el mundo deje de hacer lo que hacía, y en las ya apreturas del vagón la gente se gire hacia el ser más adecuado y cercano.
Es la hora invisible. Comienzan abrazos, miradas, besos intensos, toques mutuos. 
Se consumen seducciones orgías sin palabras, casi sin alzar los ojos. Una explosión de lujuria 
mueve las vidas de todos los que en ese vagón viajamos. La chica de los ojos azules me besa
Mujeres y hombres, mujeres y mujeres, hombres y hombres viven un efímero sueño, cada persona de entre sus brazos es la esperada para vivir una historia que sólo existía en lo más profundo de su mente  y que durará tanto como dure el viaje hasta la siguiente estación
Suena por megafonía el nombre de la próxima estación. Todos recuperan la consciencia y se componen las ropas. Salen sonrisa de disculpa, de agradecimiento, de sorpresa
Luego las miradas vuelven a ser a puntos indefinidos, y se vuelven a concentrar en sí mismos.
Para el metro, y unos salen otros nuevos entran
Los que vivieron ese instante sonríen incrédulos a la pareja que el azar le trajo... por unos minutos







1 comentario:

  1. Un relato para un ensayo del propio de Hitchcock.Seguro que te lo habría comprado.
    IMAGINAS una estación de metro llamada Utopia en manos de este director?
    Muy bueno,Rodolfo!
    Besucos

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