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20.10.16

Cuando el Mar Muerto estaba enfermo






Zeus, para mejorar la raza humana, ordenó a Eolo y Posidón que anegaran la tierra.
Diluvió. Mares y ríos se juntaron. Inmensas ciudades inmersas.
Al igual que Noe debería preparar un gran barco para salvar las especies. Compró a crédito un superpetrolero de bandera chipriota y llego a un trato con el zoo de Madrid para hacer un viaje promocional. Al ser huérfano, soltero y sin amigos él como único humano se embarcó. 
En el trayecto vio centenares de hombres en balsas precarias zambullirse para coger manzanas, o pescar peces que andaban entre las ramas.
Entonces, antes de que Zeus volviera a poner las cosas como estaban, las sirenas acudieron presurosas de todas partes y aprovecharon esa ocasión única para recorrer, con ojos asombrados, las calles sumergidas por donde habían caminado los hombres.
El día cuarenta, salió el sol, dejó a los primates en una isla alejada del resto de los animales. Al no poder reproducirse él, les daba así una segunda oportunidad a la especie humana

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