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6.9.16

Todo está en el viento y en las sombras





 
                                                                                                               
 
Debió morir Romeo para que Julieta muriera con él?
Nápoles nace de la muerte de una sirena
 
 
 
Mientras llovía de manera torrencial, yo paseaba por las desiertas calles de Herculano
Los pocos turistas que había por la calcinada ciudad, estaban bajo techado de las villas romanas que se mantienen en pie entre en una casa con techo
Las paredes conservaban bastante bien las pinturas Pompeyanas.
 
La lluvia hacía burbujas en los charcos Me senté en una bancada de piedra
Me rodeaba la armonía del sonido de la lluvia
Miré a la villa de enfrente, a través de una de sus ventanas se veía una muchacha
Sin duda, ella no me había visto
Era la quinta vez que miraba hacia la esquina
 
Pude inexplicablemente leer su pensamiento
Sólo en contadas ocasiones he podido hacerlo, dependiendo que la persona sea emisora
Ella en ese momento contemplaba su universo
¿Cómo es posible lo pequeño que puede hacerse el mundo alguna veces?
 
La muchacha de pelo rizado  tenía miedo a perder siempre lo que amaba
Toda su vida viviendo en pensiones, transumando de una ciudad a otra, bailando con su ya deslucido tutú. La muchacha, se sentía hueca. 
Desde muy temprano su cuerpo de mujer había despertado codicia en los hombres
Tantas veces a la salida de su actuación había regalado besos tras los cortinones del escenario, besos huecos, sin deseo
 
Luego como recuerdo de ese encuentro la muchacha ponía en agua el ramillete de flores sencillas
Eso era todo lo que quedaba. Unas flores marchitas, descoloridas , de olores amargos.
Escogía una de éllas y la metía con las demás en una cajita de madera con sus fotos de niña.
 La muchacha se colocó el pelo, sacó un cigarrillo y le encendió
Tosió, dió dos chupadas más y le tiró al suelo. Ahora era más bella que nunca
Estaba hastiada de todo, tanto, tanto que se olvidó del amor.

Me incorporé e hice ruido como para que se fijara que la había visto
Seguía lloviendo, me dirigí hacia ella
Hola, tú eres bailarina y yo soy marinero, la dije
No me miró a la cara en ningún momento, sino a la punta de mis zapatos 
luego me dijo: ¿Sabes lanzar cuchillos? Donde trabajo necesitan un lanzador de cuchillos.
 
Me enamoré de ella.
Después de cada actuación nos amabamos  hasta el agotamiento
en su carreta, en los lavabos,  en la taquilla, o en la última fila daba igual el lugar.
 
Un día antes del regreso a mi pais,  la muchacha se encontraba en lo más alto de una torre de hojalata, me escribía versos con una pluma de ganso blanco
Cada vez que en su texto aparecía la palabra "amistad, miedo, o marinero", arrancaba la hoja y la tiraba desde lo alto; mientras seguía su zigzagueo en el aire
 
Yo desde abajo la gritaba ¡ Te quiero! Ella me gritaba:¡¡ Me da miedo querer !!
 Me da pánico perder al ser amado. He pasado por ello una vez  y derramé tantas lágrimas que mis ojos quedaron secos
 
Se hizo la noche, y su universo se redujo aún más. Desaparecieron las esquinas y la luna se marchó. Desaparecieron los macizos floridos y el piso gris. En la casa de enfrente, una señora regaba flores de color blanco
Un perro dormía sus penas, el barredero municipal barría las sombras de la noche,
las estrellas parpadeaban silenciosas
 
Luego la muchacha me grito: ¿ Puedo quererte ?
 Escribió en una de sus hojas
-"Había un pais muy lejano, donde las montañas se perdían en el desierto, 
y su rio parecía un mar de ancho.-

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