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11.9.16

Mujeres que abrieron el camino: Papusza

"Papusza "



Nadie me comprende,

solo el bosque y el río.

Aquello de lo que yo hablo

ha pasado todo ya, todo,

y todas las cosas se han ido con ello…

Y aquellos años de juventud.

.....


Oh, Señor, .adonde debo ir?


.Que puedo hacer?

.Donde puedo hallar

leyendas y canciones?

No voy hacia el bosque,

ya no encuentro ríos.

!Oh bosque, padre mio,

mi negro padre!

El tiempo de los gitanos errantes

paso ya hace mucho. Pero yo les veo,

son alegres,

fuertes y claros como el agua.

La oyes

correr

cuando quiere hablar.

Pero la pobre no tiene palabras…

… el agua no mira atrás.

Huye, corre, lejos, allá

donde ya nadie la vera

Nadie me comprende,

solo el bosque y el río.

Aquello de lo que yo hablo

ha pasado todo ya, todo,

y todas las cosas se han ido con ello…

Y aquellos años de juventud.



Perteneciente a un mundo ya extinguido, un mundo sin patria que vivía en el camino, en el largo camino de la nostalgia, Bronislawa Wajs, más conocida por Papusza  (muñeca en la lengua Rrom), fue una mujer adelantada a su tiempo, una mujer que quiso ser libre y que, por ello, fue condenada a la soledad y el olvido por quienes ella más amaba: su pueblo, el pueblo gitano. 
La película “Papusza”, de Joanna y Krzystov Krauze, nos cuenta su historia, una historia dura, triste y desgarrada, la historia de una niña que se empeñó en aprender a leer y a escribir en un mundo de analfabetos, de una mujer que fue poeta en un universo donde nadie la entendió, de una mujer que fue libre en el más patriarcal de los reinos… El pueblo gitano, ese maravilloso pueblo que vivía en la libertad del camino, durmiendo bajo las estrellas, hermanado con los bosques, los ríos y los árboles, vivía también, quizá sin saberlo, preso de sus tradiciones, encarcelado en una cultura ancestral que imponía a los suyos sus leyes milenarias ignorando las de los gadjos, los extranjeros, los no gitanos… sin saber que el mundo gadjike les había condenado a desaparecer.
Tenía quince años cuando la casaron con Dionizy Wajs, un reputado arpista mucho mayor que ella en lo que, para su familia, era un buen matrimonio. A ella, enamorada como estaba de un chico de su edad que tenía los ojos negros más bellos de todo el campamento, aquella boda no le gustó nada, pero nada podía hacer. La férrea tradición patriarcal mandaba. Se casó, la casaron, pero ella se rebeló a su manera: negándose a tener hijos. Nunca los tuvo...







1 comentario:

  1. Hola amiguco
    No conocía la historia de esta mujer tan leal a sus propias emociones.
    ella pudo ser "asesinada"por su cultura,pero nadie le robó su libertad de sentir ,de pensar.
    EL poema es tan bello como el bosque y el rio
    Besucos

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