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26.9.16

El metro





Tras ducharme, al despertar, me dirigí al vestidor. 
Traje azul marino y camisa blanca, pensé que la corbata roja le daría una nota de color.
Luego hacia la cocina, Nescafé calentado en el microondas, miré el reloj, y carrera era la hora de salir de casa , a penas me daba tiempo de llegar a la estación de metro más cercana . La mañana era agradable, algo fresquita incluso. Al llegar a la entrada, el repartidor del periódico gratuito me dio los buenos días, le sonreí y le devolví el saludo.
Ya en los túneles antes de las taquillas, la buena sonoridad, me sorprendió con unas notas de guitarra, era un muchacho y "puente sobre aguas turbulentas" que sonaba con voz trémula , le deje unas monedas mientras seguían acompañando mis pasos en los túneles.
El andén estaba lleno era sólo unos minutos mas tardes de mi hora normal y, joder, se notaba las horas puntas. Delante de mí había una chica con la que otras veces había coincidido, era bonita , algo seca, su aspecto denotaba cierto menosprecio hacia los que la rodeaban, quizás al saberse hermosa pensaba que era mejor que el resto.
Me fije en otra chica, estaba a la derecha, delante de mí, al estar de lado pude ver que llevaba un vestido abotonado, o mejor dicho a medio abotonar. Los tirantes finos dejaban ver unos hombros anchos, rectos, con suaves curvas, el pelo castaño recogido en la nuca, dejaba ver un hermoso cuello, esbelto, de piel suave. Era algo enjuta, bien formada y sus ojos brillaban.
Llegó el tren, el remolino de gente me arrastró hacia la puerta de enfrente la que no se abre  y de espaldas a esa puerta, se había puesto la joven del vestido abotonado. Yo la protegí de la avalancha con mis dos brazos aguantando la presión de la gente. El tren arrancó, ella  olía bien no era un perfume, olía a jabón y a colonia infantil, a vainilla.
La miraba de vez en cuando con el rabillo del ojo. Ella miraba para el lado contrario. 
En la siguiente estación, más gente cuando entró de nuevo una avalancha, me aplasté contra ella, llevado por la presión del gentío. Mi chaqueta estaba desabrochada, y sentí el calor de su cuerpo. Presioné hacia atrás para apartarme y a duras penas lo conseguí. El tren arrancó de nuevo con su zumbido ensordecedor y con sus incansables vaivenes. Con los continuos movimientos y la masificación, mi cuerpo iba rozando el suyo. 
No hice mucho por evitarlo, ella tampoco. Noté como sus pezones se iban endureciendo al roce con mi cuerpo, los sentía. 
Me puse colorado, la miré de soslayo y vi que ella también estaba ruborizada. Los continuos golpecitos de sus pechos sobre el mío fue provocando una creciente excitación y mi pene fue adquiriendo tamaño, miré hacia abajo y comprobé que ya era imposible de ocultar. Ella iba notando la presión sobre su cuerpo, levantó la cabeza y me miró sorprendida. 
Yo puse cara de circunstancias "lo siento...no lo puedo evitar", mi voz sonó entrecortada, casi inaudible, deseé que la tierra me tragara. Ella me sonrió y miró para otro lado. Noté como se iba girando, mas bien como separaba sus piernas para que yo pudiera meter entre ellas mi muslo. Sentí el calor húmedo de su sexo contra mi muslo y el mío contra el suyo...quemaba. 
El metro traqueteaba, nadie se daba cuenta de lo que estaba pasando.  Totalmente apiñados. 
Miré a mi compañera y vi como se mordía el labio inferior, acerqué mis boca y besé su pelo, sentí que temblaba, todo su cuerpo temblaba.
Noté que su mano se metía entre nuestros dos cuerpos y buscaba en mi entrepierna, las separé un poco. Sus dedos bajaron mi cremallera .
Oía su respiración agitada, ahora fui yo el que bajó la mano derecha a buscar en su entrepierna, me resultó fácil, la abertura llegaba casi a la altura de su sexo. 
Deslicé mis dedos hasta su vagina
Nada existía en el tren, ambos teníamos los ojos cerrados, lo que nos estaba pasando era algo inimaginable. 
Me miró y cerré los ojos con asentimiento, sacó mi pene y lo llevó hasta su sexo jugando con ambos. 
Luego lo bajó hasta su vagina, la ayudé en el movimiento.
Acercó su cara a mi brazo y me mordió la chaqueta, mientras oía su respiración ya totalmente incontrolada, que se mezclaba con mi desesperación al sentir como iba entrando en ella, su calor abrazaba mi miembro, su humedad, me extasiaba. 
No sé ni como nos teníamos en pie.
La intensidad del placer, el deseo, hizo que el mundo dejara de existir, la besé y deseé que no acabara nunca.
Es lo único que la gente que nos rodeaba pudo ver, nos cruzamos con otro tren que iba en sentido contrario, eso ahogó los gemidos de excitación en el momento que ambos llegamos al orgasmo.
Nos mantuvimos así, reposando, yo dentro de ella, derramándome, mezclando nuestros flujos. 
Si la presión de la gente hubiera desaparecido, habríamos caído al suelo los dos. 
Acerqué mi boca a su oído y le dí las gracias, luego besé y mordisqueé el lóbulo de su oreja, y me sonrió
Nos recompusimos un poco la ropa y el tren paró en una estación...DIOS MIO¡¡¡ERA LA MIA..¡¡¡¡
Pedí paso para salir, y ya cuando estaba fuera me di la vuelta para buscarla con la mirada,estaba allí al fondo del vagón, me miraba y una sonrisa se dibujaba en sus labios, sus ojos me parecían más brillantes que cuando la vi la primera vez
CÓMO TE LLAMAS... LE GRITE
¿¿¿¿QUÉEE...????
CÓMO TE LLAMAS...????
el tren arrancó, y la seguí con la mirada me quedé sólo en el andén.
Ahora cada día regreso en su busca, pero nunca más volvimos a coincidir

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