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29.8.16

La cabeza del bautista

Dibujo a tinta china, fondos pastel
lo dibujé en el año 2008


Han pasado los años y no puedo olvidar aquellos ojos salidos de las órbitas,
vidriosos, la lengua prominente como las de las terneras degolladas, el cuello chorreando de sangre coagulada y gruesos cuajarones violáceos llenando la bandeja de plata.
Jamás olvidaré de aquella cena. Comenzamos con  dátiles, vino de Samaria y queso de cabra; cordero asado entre las brasas, muy especiado, comido con los dedos. Y por postres deliciosos pastelillos. Desde el segundo plato, El Bautista Juan no dejó de desproticar a gritos 
"¡ Herodías, vives con quien no es tu marido!", "¡Ramera apestosa, arderás en los infiernos!’, 
. En realidad todo eran verdades como puños, pero se hacían pesadas e indigestas para Herodías, madre de Salomé. –No puedo más –dijo, .Haz algo Herodes… Ordena que se lo lleven, que le silencien…–Me divierte –contestó Herodes–Entonces, Salomé, a una seña de su madre, se acercó a ella. Nadie pudo escuchar la propuesta materna. Mi prima  Salomé asintió con la cabeza y desapareció.  Cuando regresó venía vestida tan sólo de una túnica de gasa y un velo transparente que descubría sus ojos, descalza, sin nada por debajo. Una pulsera de oro en un tobillo trataba de disimular su desnudez. Su sexo negreaba al fulgor de las lámparas.  
Herodías hizo un gesto a los músicos y éstos interpretaron una danza. Se hizo el silencio. Nunca he visto bailar con tanta sensualidad. Salomé movía su cuerpo como la mismísima serpiente del Arbol del Bien y del Mal, Bailaba como la mismísima Terpsícore, giraba sobre sí  y, al hacerlo, volaban las gasas marcando salientes y contornos. Varias veces sinuosa se aproximó hasta Herodes  y éste terminó jadeante.
–Pídeme lo que quieras y te lo daré al instante aseguró el todopoderoso Herodes-.–¿Le darás cualquier cosa? –preguntó Herodías-.–Todo menos mi trono…
Salomé se aproximó a su madre. Luego, muy erguida y con voz teatral, exclamó, señalando con un dedo 
–¡Deseo la cabeza del Bautista!-
Aún me estremezco con la tensión que aquellas palabras causaron. Pasado el tiempo Salomé viuda de su primer marido Filipo, se casó sin esperar los duelos, con Aristóbulo  y partieron para Armenia país entre montañas del que Aristóbulo había sido nombrado rey por el emperador Nerón. 
Un crudo invierno, al traspasar un río completamente helado persiguiendo a un jabalí, cedió la costra de hielo. Salomé perdió apoyo y cayó al agua con tan mala suerte que las placas heladas volvieron a juntarse y le seccionaron la cabeza de cuajo. Iba a cumplir 25 años. 
Todavía la recuerdo bailando desnuda aquella noche, ofreciendo a Herodías la cabeza de Juan el Bautista en bandeja de plata, tan cercenada como la de ella misma…

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