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7.8.16

Abril y Javier con los ojos de Bruja antigua (2008)

" bruja antigua "retrato tinta china y pastel, 2008

Abril III




A media mañana, el sonido del teléfono, rompió el silencio y la rutina en la que se había metido Javier para no pensar demasiado en el día anterior. Cuando descolgó el auricular  la voz que escuchó al otro lado le resultó totalmente desconocida. Su interlocutor era al parecer un cliente adinerado que deseaba que hiciera para él un retrato de su hija. No le explicó nada más. Únicamente acordaron el precio, el lugar y hora en la que pasarían a recogerlo, que sería a primera hora de la mañana, ya que debía aprovechar al máximo los momentos de luz, pues el cuadro debía estar concluido en una semana.
Con este nuevo proyecto tuvo la mente ocupada durante el día, pero al oscurecer, las mismas y angustiosas imágenes volvieron a poblar los sueños de Javier al igual que la noche anterior. 
Eran las siete de la mañana cuando despertó. Su cama estaba revuelta y se encontraba empapado en sudor a pesar de que aun no hacia calor y las noches eran frescas.
Se dio una ducha y se miró al espejo. Desde el momento en que había adquirido el relicario, habían pasado tan sólo dos días, pero a él le habían parecido interminables. 
El espejo le devolvió una imagen suya irreconocible, pálida y ojerosa. Intentó sonreírse a si mismo pero no resultó demasiado convincente.

Tal cual habían acordado, a las ocho en punto, pasó un gondolero a recogerlo en la calle más cercana a su casa que daba al gran canal. Silenciosamente se detuvo a su lado y esperó a que Javier embarcara para empezar a remar, desde la popa, hacia el lugar al que se dirigían. Iba tan serio y sombrío que a Javier le vinieron a la mente aquellas imágenes arquetípicas de Caronte el remero del Hades de la mitología griega trasladando al difunto, que en este caso era él, a través de las profundas aguas del río Aqueronte.
Y se preguntó con ironía si le haría pagar un óbolo al llegar a su destino.
Se deslizaron por las tranquilas aguas hasta llegar al lugar indicado: Una de las casas más bellas y lujosas del gran canal. Subió unos peldaños de escalera que le llevaron hasta una puerta, en donde le esperaba un hombre del servicio, el cual le acompañó al interior, dirigiéndole al salón. Amablemente le dijo que tomara asiento y esperara la llegada del señor de la casa.
Javier se sentó y dejó pasear su mirada por los muebles y los objetos de decoración de aquella estancia. Se veían bastante sobrios, pero elegantes y desde luego antiquísimos.
Se levantó para observar con detalle un magnífico cuadro que había en la pared cuando sintió unos pasos a su espalda.

Buenos días ¿Javier?  Soy Giuliano, dijo -tendiéndole la mano en un formal saludo- Ayer estuvo hablando conmigo, -prosiguió-. Como le comenté quiero que haga un retrato a mi hija. Sé que esto le sonará extraño, pero ella, a pesar de su corta edad, tiene una extraña y grave enfermedad, que en breve nos privará de su presencia. Hacer un retrato suyo es continuar con una antigua tradición familiar que no quiero romper, mas, siendo ella mi única hija. Comprenderá la urgencia, y cuento con su discreción. Me dieron muy buenas referencias suyas. -Sonrió con una amarga sonrisa y él intentó igualmente sonreírle. Luego se alejó informándole que Abril se estaba poniendo bonita y que llegaría en unos instantes. 
¡¡¿¿Abril??!! 
Cuando Abril cruzó el umbral de la puerta, Javier creyó morirse, ¡Era ella! sus ojos intensamente azules, su blanca tez en contraste con sus oscuros cabellos del color del ébano que bajaban en cascada por un grácil y pequeño cuerpo casi adolescente.
Ahora entendía aquellas imágenes de sus sueños, aquel ser vaporoso que se le aparecía una y otra vez y que le inundaba el alma de tristeza, era el espíritu de Abril, quizás a punto de abandonar la materia.
Javier se recompuso del sobresalto como pudo y saludó a Abril.
Cuando sus manos tomaron contacto, ambos notaron que una mágica energía fluía por sus cuerpos haciéndolos sentir extrañamente unidos. Era como si el mundo se hubiera detenido a su alrededor y entendieron que todos y cada uno de los pasos que habían dado en esta vida habían sido para que se produjera  aquel encuentro.
Abril reconoció a Javier y este a su vez la reconoció una y mil veces, en todas sus formas y maneras porque algo había permanecido siempre indeleble junto a esos profundos ojos azules: El sentimiento tan hondo que ambos sentían.
Y Javier la pintó, el cuadro más hermoso,  la mejor obra de arte sin duda de toda su vida. Porque no sólo reflejó el bello rostro de Abril, sino también su alma, añadiendo al lienzo todo el amor que sentía por ella. 
Las horas pasaban volando entre los dos, ella posaba para él mientras conversaban, se reían o se miraban en las profundas aguas surcadas de oscuras góndolas que navegaban el canal. Sabían que esa felicidad era efímera, pero no querían creer que el tiempo que compartían se acortaba a cada paso, con cada sonrisa. Javier supo un día que el relicario había pertenecido a la tatarabuela de Abril, y que mágicamente se había encargado de traerla hasta ella. Javier pudo poner también un poco de luz en su confusión, logrando comprender cada detalle de sus extrañas vidas pasadas. Realidades que los habían unido antes y que los entrelazaban mágicamente de nuevo.
Y se amaron, como se pueden amar dos seres que saben que se pertenecen pero que no se volverán a ver jamás. Sabiendo que el amor permanecería intacto a pesar del tiempo.
Javier miraba a los ojos de Abril y la veía tan radiante que estaba seguro de que los médicos se habían equivocado y que ella viviría para siempre. 
¡Locuras de amantes que sueñan con la eternidad del amor!
  
Pero el destino que no perdona ni retrocede, una oscura noche se llevó consigo a Abril, portando el frágil cuerpo de ella entre sus poderosos brazos. Alejándola para siempre de todo lo que ella había amado.

Javier al otro lado de la ciudad callada, sintió como su corazón dejaba de latir a la vez que el relicario oscurecía hasta volverse del todo negro. En la penumbra de la noche se escuchó un grito desgarrador y lleno de tristeza : ¡Abriiiiiil!
Luego todo fue silencio y su mundo de luz se llenó de tinieblas.
  
 (Cuento para el niño incauto que vive en Javier)

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