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7.7.16

Recuerdos de Galicia ( no es un texto mío, pero me resulta enternecedor)

Acrílico 30 x 50 (verde, azul, amarillo)


Recuerdos veranos en los que había en los montes de galicia mas fuego que árboles 
y con el hambre, las llamas saltaban las carreteras y los ríos buscando madera distraída de los establos y leña gris de traviesas del tren. 
Nunca faltaron incendios en los bosques de Galicia aunque en mi infancia el fuego era más que un juego que una noticia, y al final sobrevenía la lluvia que era parte del verano y las cosas volvían a  su sitio con la consoladora certeza de que la humedad y la buganvilla , con su sombra filatélica, en el jardín de los ricos.
El clima lo reparaba todo, así que no había por qué preocuparse por que nada más amainar en las parras el verano, los helechos cubrían las cenizas de monte y a los gatos la luna les reponía el pelo en la tonsura de las pedradas.
No recuerdo el precio de las cosas durante mi infancia pero jamás olvidaré los paisajes de entonces , ni el olor de la gente, sobre todo el olor ácido y molusco del sillín de las bicicletas 
en las que pedaleaban las muchachas de las fábricas de conservas . 
Acudía a olerlos con los ojos cerrados y aspiraba profundamente el efluvio que dejaban en el cuero de las bicicletas aquellas mujeres en cuyas pantorrillas se fruncían como trenzas de linfa , la mecha caliente del cansancio y la lujuria. 
Y los días de fiesta las miraba con malicia en la verbena. Me soltaba de la mano de la tía Pepita y me dejaba atrapar entre cuerpos recalentados por la refriega del baile. 
Y recuerdo aquello, muchacho , como haber atravesado un incendio con las narices bien abiertas para no olvidar jamás el olor de aquella taiga de carne y piqué mientras en el útero cerámico de tía Pepita goteaba la relojeria del tiempo como si estuviera ovalando en un orinal el reloj de cuco. 
En la galicia fértil de mi infancia plantabas una tea y brotaba un árbol. Los taxis pinchaban las ruedas en el marisco y las niñas se masturbaban con el aire hablando del abanico.
Naturalmente eso fue cuando Dios era sacristan en san Bieito, y la muerte era tolerada para menores

2 comentarios:

  1. Un excelente recuerdo de Galicia y sus gentes y, un hermoso cuadro de aquella chica especial.

    Un fuertemente abrazo

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  2. Conmovedor texto, sin dudas. Colorido y luminoso el acrílico.
    Bien veraniego, como por allí corresponde!
    =D

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