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25.7.16

Cualquier día en cualquier lugar



Con el alba sonaron las trompetas, los tambores redoblaron Era la hora de los guerreros, de los elegidos para la gloria. Con sus espadas golpeaban sus escudos para amedrentar a sus enemigos. En la otra orilla del río, justo con el sol a su espalda, sus oponentes gritaban cánticos guerreros
Cayó la noche como una losa. El silencio reptaba entre los cadáveres, la muerte señoreaba las tierras
De las aldeas cercanas sólo quedaba humo cenizas y un olor acre a cadáveres
Sólo un hombre pudo tumbarse entre los muertos inconsciente por algún golpe. Era el único superviviente de la victoriosa batalla. Sólo él había vencido. Se incorporó y desde lo alto de sus piernas contempló su mundo, por el que habría matado y hubiera muerto, caminó entre la gente, reconoció a alguno de sus camaradas, aquellos que habían compartido el hambre, el frio, el miedo...
Luego se convenció que nadie más estaba vivo, ya cayó compungido, destrozado entre el montón de carne muerta. Quiso, deseó ser uno de ellos...
El olor a sangre, a incendios, a soledad a silencio le restaba vida, y se abandonó a su suerte como uno más
A las primeras luces de un nuevo alba, llegaron los círculos de buitres, coronando el cielo
El sol lastimaba sus ojos, apenas podía abrirlos sin deslumbrarse luego, una cabellera de se interpuso entre ambos.
Le tomó arrastrándole hasta una parihuelas.Escuchó en su idioma " Cómo te llamas? "
-"Adan ", contestó
-"Adan, yo me llamo Eva 


Tenemos muchas cosas que empezar juntos..."

1 comentario:

  1. Sería la oportunidad de volver a empezar... lástima que seguramente otra vez la guerra se impondrá sobre sus descendientes.
    Un texto profundo que me deja pensando.
    Un abrazo, Rodolfo!

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