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28.6.16

ICARO





Suave la brisa sisea sobre la arena
Decidido a abandonar el castigo, comencé a recoger todas y cada una de las plumas que las  aves perdían al sobrevolar el Laberinto. Así me hice con hermosas plumas del ave quetzal con plumas del diminuto colibrí con las maravillosas del ave del paraíso, y con las humildes de las golondrinas y gorriones.
Una a una las fui armando a un arnés de fuertes correas de piel de cordero y pegadas con cera de abejas.
Fue  largo el proceso pero un día como hoy conseguí terminar mi obra. Me puse el arnés mis brazos hicieron mover las más maravillosas alas que mente humana pudiera imaginar; y así abandone El Laberinto.
Abajo quedaban mi soledad y angustia, ahora volaba hacia ti
Me eleve sobre acantilados sobrepase montes y ríos con rumbo oriente hacia ese otro lugar entre el cielo y la tierra.
Estaba loco de alegría tanto que olvide que debía volar más cerca del suelo. El sol derritio la cera que fijaba mis plumas y dando vueltas como un peón caí y caí y caí
Mi cuerpo de marioneta rota cayó sobre las aguas del Lago Como
Salí de su profundidad aún conmocionado ; aún así pude ver como una joven sirena se acercaba a mi
Escamas de plata cubren tu cuerpo
Hilaturas de oro sobre tu cara
Turquesas que el mismo cielo envidia
Te beso , me besas mi sirenita  soñada

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