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11.6.16

Esta la gente preparada para recibir la belleza?



Las prisas, nuestras preocupaciones, nuestras absurdas urgencias son las que no nos dejan encontrarnos con la belleza que habita en el fondo de nosotros mismos. Corremos de un lado para otro como pollos sin cabeza para hacer cosas que carecen de la más mínima importancia. Corremos tras el dinero pensando que él es el amo de nuestra felicidad. Nos pasamos la vida corriendo tras él. Renunciamos a nuestro presente en aras de un futuro que jamás llegará y, lo que es peor, esa sempiterna loca carrera sin sentido nos deja tan agotados que ni siquiera encontramos cinco minutos al día para estar con nosotros mismos, con ese yo  que te  hace tan feliz. 



Joshua Bell es uno de los mejores violinistas del mundo. Fue un niño prodigio que dio su primer concierto como solista a los catorce años con la Orquesta de Filadelfia dirigida nada más y nada menos que por Riccardo Muti.  Hace unos años cumplió uno de sus sueños al comprar el Stradivarius con el que toca, un Stradivarius conocido como el Gibson ex Huberman por el que pagó cuatro millones de dólares y que tiene una historia llena de magia y misterio. Fue robado a su anterior propietario, el violinista Bronislaw Huberman. Desapareció durante décadas hasta que un músico reconoció, poco antes de morir, que lo había robado en 1936. Se había ganado la vida tocando en cafés durante cincuenta años con aquel violín sin decir jamás a nadie que era un Stradivarius. Pues bien, esa pareja perfecta que forman Joshua Bell y su Gibson hicieron un experimento hace unos años: ponerse a tocar en una estación de metro. Fue en Washington. Tocó durante más de una hora. Frente a él pasaron miles de personas. Casi nadie se paró a escucharle. Recogió poco más de 40 dólares. Solo una mujer le reconoció porque le acababa de ver en un concierto por el que había pagado una entrada de más de cien dólares. 



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