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3.6.16

El amor, la vida, la muerte


"El amor, la vida, la muerte"
puntillismo tintas china


“Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.
Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.
Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte"                 ( Miguel Hernández)

¿Qué es la vida sino ese imposible y necesario equilibrio entre Eros y Thánatos? Amamos. 
Amamos y por eso sabemos que seguimos vivos. 
El amor es la única arma con la que podemos enfrentarnos al desigual combate con la muerte. Poco o nada importa saber que la batalla está perdida, que siempre lo ha estado. Lo que importa es amar. Solo amando somos capaces de encontrar belleza en todo lo que nos rodea, hasta en el dolor. Si amamos vivimos, no amar es morir. Tarde o temprano todos aprendemos esta lección de la vida. Pese a todo y a todos, incluso pese a nosotros mismos, nuestro viaje siempre tiene alguna parada para el amor. 
De nosotros, solo de nosotros, depende que le dejemos subir y que nos habite hasta lo más hondo. La proximidad de la muerte nos impulsa a amar, a darle un sentido al vivir. La desaparición de alguien cercano, de alguien que fue o es algo para nosotros, es un espejo que nos interpela por el sentido de nuestra vida. 
Cada segundo que dejamos pasar sin amar es un segundo no vivido, un segundo muerto. Y cada lágrima derramada es agua que puede, si queremos y la dejamos, hacer crecer ese amor. De nosotros depende, solo de nosotros. Somos lo que hacemos y lo que callamos. Son las palabras no dichas, las palabras silenciadas, las que esculpen nuestro ser, igual que son nuestros actos, lo que nos atrevemos a hacer, los que sustentan nuestro carácter. Somos acto y silencio. Las palabras solo cobran sentido en el silencio




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