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11.5.16

no todo cambia






Han pasado diez años y tu imagen queda congelada en mi mente para siempre. Dentro de otros diez años seguirá siendo la misma. 
Era finales del verano y mucho calor durante el día.  Tomaba un refresco con cubitos de hielo, con mi nieta Irene, de cinco años. Con la seriedad que la caracteriza a pesar de su edad, Irene me soltó de pronto: “Abuelo, ¿por qué me quitas los cubitos de hielo del vaso? A mí me gustan”. 
Tardé unos segundos en darme cuenta de lo que estaba pasando. 
A Irene nadie le había explicado lo que los físicos llaman -transición de fase – el cambio repentino de la estructura de la materia que puede convertir el cubito de hielo en agua líquida si éste se funde debido al calor –. ¡Estaba convencida de que alguien le estaba gastando la broma de esconderle los cubitos de hielo del vaso sin que ella lo notara! 
Los recuerdos revelan algo esencial que tendemos a olvidar constantemente: todo cambia a nuestro alrededor –hasta la estructura de la materia cuando el hielo se funde o se evapora–, pero nosotros no queremos cambiar por nada del mundo: Lo peor que me puede ocurrir –es dejar de ser quien soy.” pensamos - 
Pero... cambia lo externo, la transición de fase no funciona con la apreciación propia de nosotros mismos, consideramos que nuestro espíritu es el mismo que no cambia con el paso del tiempo. Igualmente queda  congelada en el tiempo de nuestra memoria la última imagen de las personas que son importantes en nuestra vida
Han pasado diez años y tu imagen sigue inamovible, de la misma manera que mi espíritu se mantiene estático digan lo que digan Parmenides y Heráclito


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