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6.4.16

Olor a papaya verde



Olía a papaya verde. Surgió una sonrisa de su rostro olvidado, mostrando sus blancos dientes infantiles, a la luz de la vela, una aureola blanca la envolvía.


Se sentía tan mal, su estado no era ni de desolación ni de frustración. Sintió una mano sobre su hombro, luego  un dedo caminando de arriba abajo, lentamente por su espalda.
Un escalofrío  recorrió su cuerpo, erizando su vello. Cerro los ojos, suspiró. Su cuerpo comenzó a oler a sal, a Mar Mediterráneo, a exotismo de papaya verde.
La joven sin rostro levantó sus párpados, separó los visillos de la ventana y mentalmente se mezcló con la multitud.
La gente en ese atardecer tibio paseaba ajena a su mundo, a sus miedos, a sus soledades
Se giró, dejó olvidado de nuevo a su compañero de viajes. Habían ido juntos tantas veces al cielo, al infierno…Siguió jugando con la llama de la vela
Él se la acercó por detrás y la tomó por su cintura. Comenzó a contarla un cuento nuevo, una nueva historia de viajes a alguna parte…
Era su amigo platónico. Le hacía venir, para compartir atardeceres y lo mejor de cada uno.
Se sentó en la silla de terciopelo rosa,  juntó sus rodillas y separó su piernas en una postura de muñeca rota, mientras posaba.

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