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10.4.16

los genes de Alejandra

Foto tomada de internet

Había una vez una niña llamada Alejandra,  bonita, bien bonita.
Tenía los ojos como dos turquesas, Su cabello era rizado y de tan rubio que era envidia del sol su piel era rosada y lustrosa, más suave que la piel de la pantera cuando juega en la lluvia. A su mama le encantaba y a veces le hacia unas trencitas todas adornadas con cintas de colores. Y la niña bonita terminaba pareciendo una princesa de las tierras de África o un hada del reino de la luna.
Al lado de la casa de la niña bonita vivía una conejita negra, de orejas grandes y tiesas, ojos muy rojos y hocico tembloroso. La coneja pensaba que la niña Alejandra era la persona más linda que había visto en toda su vida. Y decía: Cuando yo me case, quiero tener una hija rosadita y bonita.
Por eso un día fue adonde la niña y le preguntó: -Niña bonita Alejandra, Niña bonita, ¡Cuál es tu secreto para ser tan blanquita? La niña no sabía pero improvisó : -Ah, debe ser que de muy niña me cayó encima un frasco de tinta blanca.
La coneja fue a buscar un frasco de tinta blanca y  se lo echo encima y se puso blanca muy contenta. Pero cayó un aguacero que la lavo toda la blancura y la coneja quedo negra otra vez.
Entonces regreso donde la niña y le pregunto: -Niña Alejandra bonita, ¿cuál es tu secreto para ser tan rosada? La niña no sabía pero invento:
Ha de ser que de chiquita tome mucha leche con fresas. 
La coneja fue a su casa. Tomo tantas fresas con leche que perdió el sueño y pasó toda la noche haciendo pipi. Pero no se puso nada rosada.
Regreso entonces adonde la niña y le pregunto otra vez: -Niña  Alejandra bonita, ¿cuál es
tu secreto para ser tan bonita ?
La niña no sabía pero invento: - Ah, debe ser que de chiquita comí muchas uvas
la coneja fue a buscar una cesta de uvas y comió. Y comió hasta quedar atiborrada de
uvas, tanto, que casi no podía moverse. La dolía la barriga y paso toda la noche haciendo
popo.
Pero no se puso nada rosada y blanca.
Ahí la coneja, que era bonita pero no tonta, se dio cuenta  que la gente se parece siempre a
sus padres, a sus abuelos, a sus tíos y hasta a los parientes lejanos. Y si ella quería tener una
hija blanquita y linda como la niña bonita, tenía que buscar un conejo para casarse.
No tuvo que buscar mucho. Muy pronto, encontró  a esa conejo blanco muy simpático.
Se enamoraron, se casaron y tuvieron un montón de hijos, porque cuando los conejos se ponen a tener hijos, no paran más.
Tuvieron conejitos para todos los gustos: blancos, bien blancos, blancos medio, grises, blancos manchados de negro, Negros manchados de blanco, y hasta una conejita negra, bien negrita. Y la niña Alejandra bonita fue la madrina de la conejita Negra.
Cuando la conejita salía a pasear siempre había alguien que le preguntaba: -coneja negrita, ¿Cuál es tu secreto para ser tan bonita? Y ella respondía: Ningún secreto. Encantos de mi madre que ahora son míos.

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