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28.4.16

Leyendas Val de Aosta


A principios del s. XIX, durante la construcción de la carretera nacional entre Morgex y Pré Saint Didier, los hombres de La Thuile y los de Courmayeur, trabajaban codo con codo en diversas tareas (cada uno cuatro jornadas, que se remontaban a otro para aquel que poseyera un mulo). Sin embargo, su ancestral rivalidad les llevaba a competir continuamente con sus respectivas habilidades. Finalmente, decidieron resolver este problema enfrentando a dos campeones para determinar, según el resultado del combate, cuál era el pueblo más fuerte.
Vivía en La Thuile, en aquellos años, una mujer dotada de una extraordinaria fortaleza, que tenía el sobrenombre de Trifolla: por unanimidad, sus paisanos la escogieron para afrontar la prueba.
A este punto, los de Courmayeur concluyeron que si enfrentaban a un campeón suyo varón contra una representante del sexo débil, aunque fuera también excepcional, cualquiera que fuese el resultado, serían expuestos al ridículo; por lo que decidieron elegir ellos también a una mujer y entrenarla adecuadamente, para que pudiera hacer frente a Trifolla, aunque esta no tuviera igual por complexión y fuerza. Por consiguiente, la joven elegida, conocida con el apodo de Mezola, recibió lecciones de esgrima y boxeo, para aprender algunos recursos que le permitieran derrotar a su adversaria.
El combate tuvo lugar en Pré Saint Didier. Con la plaza de la iglesia abarrotada de gente, las dos mujeres se colocaron a cinco metros una de la otra: sería declarada vencedora la primera que consiguiera arrojar al suelo a su contrincante; cincuenta paisanos de la ganadora comerían un buen almuerzo a costa de los perdedores.
Al principio, la Trifolla se arrojó sobre su rival, para agarrarla fuertemente. Pero esta, le ensartó un codazo debajo del mentón y, haciéndole la zancadilla, la tiró al suelo.
Sin creer lo que veían sus ojos, los habitantes de La Thuile reclamaron un nuevo combate: habían perdido un almuerzo, pero querían apostar una cena. Y Mezola aceptó. De nuevo, la adversaria se arrojó sobre ella con todo el peso de su gigantesco cuerpo, consiguiendo esta vez apretarla entre sus brazos. Pero, gracias a las lecciones recibidas, la representante de Courmayeur maniobró tan hábilmente que, rodando por el suelo con la rival, consiguió colocarse encima de ella.
Tras el combate, el espectáculo concluyó con una gran comilona, que satisfizo a ambas partes. Y así se establecieron los primados: a La Thuile de la fuerza, a Courmayeur de la destreza.
La “tseallii” era la ceremonia con la que antiguamente se solían acompañar las segundas nupcias de un viudo o una viuda: los jóvenes del pueblo y de las localidades vecinas se reunían junto a la casa del interesado y con cacerolas, latas, cuernos musicales y cascabeles comenzaban una enfurecida serenata, de duración indeterminada, incluso de días enteros… hasta que el malaventurado, para hacer callar la música, no se decidiera a pagar la bebida para todos. 

Otra leyenda piamontesa :
En el lugar en que hoy se extiende el glaciar del Miage, al principio de los tiempos, unas encantadoras hadas pastaban con su rebaño de gamuzas por las floridas orillas del lago. 
Los demonios, escondidos en las crestas más impracticables del Mont Blanc, las descubrieron y les hicieron promesas de amor. Las recatadas pastorcillas escaparon horrorizadas, así que los espíritus malignos, molestos, desahogaron su ira sacudiendo las montañas circundantes para llenar la cuenca de rocas. Todavía no contentos, empujaron el glaciar hacia adelante, cubriendo los verdes pastos con una gélida capa.

Otra leyenda piamontesa:Un viudo de Courmayeur, sin embargo, encontró una manera más económica de librarse de los músicos. En tiempos del rey Carlo Alberto fue tamborilero mayor y todavía conservaba su viejo instrumento colgado de la pared. Lo cogió, se lo colocó en bandolera y, con el vigor de un veinteañero, salió hasta el umbral, golpeando el tambor: el redoble acompasado pronto cubrió cualquier otro sonido. Uno a uno, los “músicos” dejaron de tocar, dispersándose silenciosamente
Fragmento de: “Il fiore del leggendario valdostano” (La flor del legendario valdostano) de Tersilla Gatto Chanu, Edizioni Emme, Turín

Ayer nació Inés, una preciosa niña de pelo y ojos negro, es la primera hija de Susana. 

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