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22.4.16

Lago Blu




Hay en el Valle de Aosta una gran roca que lleva el nombre de Frid está vinculada a la historia de un joven pastor de Champdepraz que amaba con todas sus fuerzas a una gentil hada y que junto a esta roca se encontraba con ella todos los días. Las otras hadas, celosas de la felicidad de su compañera, decidieron quitarle a su amado. A escondidas, cortaron un pedazo de tela de su vestido para que sus pies de cabra quedaran al descubierto cuando se sentara. Horrorizado, Frid huyó muy lejos, sin hacer caso a las llamadas de la infeliz y desesperada hada que, llorando, golpeaba con sus puños la dura roca. Fue entonces cuando la roca de Frid se quebró en dos. 
Por largo tiempo, el hada esperó junto a la roca el regreso del joven pastor, consumiéndose cada vez más en el dolor, hasta disolverse en una nube: y todavía hoy continúa, empujada por el viento, la vana búsqueda de su amado, vagando suavemente por las orillas del lago Blu.  
Hasta que Frid comprendiendo su cobardía  preparó  su cuerpo hasta tener una fuerza hercúlea pare regresar junto al lago Blu
Avanzaba a duras penas por la espesa capa de nieve, cuando de repente se le presentó ante sus ojos un enorme oso, que de un salto se le echó encima y abrió sus fauces para devorarlo. Sin embargo, no perdió su sangre fría: echó la cabeza hacia atrás para evitar el mordisco de la bestia y con sus manos se agarró a la garganta del oso y la apretó con fuerza, hasta que cayó abatido al suelo. Una niebla  le envolvió y de ella apareció su hada amada. Se casaron y fueron perdices comiendo felices. 
Y colorín colorado este cuento se ha acabado

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