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19.3.16

Sin puntos y aparte




Loros tartamudos y hienas ebrias en la plaza Navona, cantantes callejeros que se acompañan con órganos desafinados, con campanillas de bronce, senegaleses vendiendo bolsos de Gucci, cocineros florentinos amantes del jazz, mujeres rubias de piel negra con peinados atrevidos y así, siempre, la huella de su cabeza en la almohada de un hotel madrileño, su sombra en la playa larga, sus caderas sobre el diván, su voz en el contestador, su olor en mis dedos, su cuerpo y el mío sudorosos en un solo cuerpo,  gotas que caen como cera de las velas que enciendo para iluminar este absurdo lamento repetido y no, basta, debo conservar esta alegría trepándome, de pronto, porque luce el sol, porque es sábado, o puedo correr tan lejos que no recuerde de donde partí, puedo revolcarme por jardines con mi mejor camisa de seda, puedo saltar desde la copa de un árbol con los brazos abiertos y caer de pie en un harén, puedo gritar que estoy vivo y quiero ser feliz, puedo desnudarme otra vez y enseñar las cicatrices, esta fue de un toro negro, esta de una niña pelirroja, esta de una espada de celos, esta de una mujer tan mayor que podría ser mi madre y sin embargo, aún desterrado, suspiro por cada uno de los rincones de su mente, de su cuerpo delgado y tierno, de su corazón que una vez me quiso como una adolescente. Y así. Sigo en Roma.



1 comentario:

  1. Quizás la mayor llave para la felicidad sea la de la imaginación. Una vez abierta, creo que nunca más se cierra. Y pensar que casi nos habremos topado el año pasado por Roma!
    =)
    Un fuerte abrazo

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