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10.1.16

23,00




Desde que se conocieron, cada vez que el reloj marcaba las 23,00 hora de España, el ático de enfrente ponía la canción en el tocadiscos, entonces Flor de L apoyaba sus pies sobre las cuerdas del tendedero y hacía equilibrios desde su ventana hacia la de él, se colaba como el viento por el cristal roto y se arropaba en sus brazos. 
Y juntos bailaban despacio sobre sus cuentos sin puntos finales. 
Se quitaban los miedos a palabras y risas, así los monstruos no salían ni en las noches más frías . Él la enseñó a dormir prometiéndola que cazaría cualquier pesadilla, y la acogió en su camita de noventa cuando sus huesos parecían astillas
Las chicas con alma transparente y pie enyesado saltan por las ventanas cuando el sol quita el pijama, pero Flor de L se quedaba para bailar la canción de buenos días y es que quería quedarse con él para que se rieran juntos lo que le quedaba de vida

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