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30.10.15

Ljubljana y el puente de los 4 dragones


Medea, Jasón, el Vellocino de oro y el dragón


Ljubljana (Liubliana)

La historia de Jasón y los Argonautas comienza cuando Teónana , convertida en carnero y Poseidón, convertido a su vez en cordero, procrean a un carnero; que en algún momento rescata a Hele y Frixo de las malas intenciones de Ino, segunda esposa de su padre Atamante , y se los lleva a la región de la Cólquida (Actual Georgia) donde Frixo lo sacrifica y ofrece su piel al Rey Eates cuando éste le da la mano de su hija Calciopea. El Rey Eates cuelga el Vellocino de un encino ubicado en el bosque de Ares y lo pone al cuidado de un dragón
Jasón tras haber encontrado el famoso  vellocino de oro, se habrían dirigido al norte remontando el río Danubio antes de volver hacia el Mar Egeo.  Se cree que subiendo el Danubio se habrían dirigido hacia uno de sus afluentes, el río Sava, y después hasta la fuente del río Ljubljanica. En ese punto desembarcaron para transportar el barco hasta el Mar Adriático, situado al oeste, para volver a casa  Entre las ciudades actuales de Vrhnika  y de Liubliana, las argonautas encontraron un gran lago rodeado de una marisma. Es allí donde Jasón venció a un monstruo, el dragón de Liubliana, que hoy está presente en el escudo y la bandera de la ciudad.



Son cuatro los dragones que adornan las cuatro esquinas del puente de los dragones, y el puente atesora dos leyendas: una sobre Jasón y sus Argonautas, la segunda es más popular: asegura que cuando una mujer virgen atraviesa el puente, uno de los dragones mueve su cola.


Esta primavera recorreré en parte la ruta que Jasón y sus Argonautas hicieron. Desde Budapest por carretera dirección sur-suroeste de Hungría recorreré el Lago Balatón   Pasar la primera noche cerca de la frontera de Eslovenia, para al día siguiente proseguir viaje hasta Ljubljana recorrer sus canales del río Ljbjanica y comprobar cuantas veces mueven la colas esos dragones al paso de las jóvenes vírgenes.
Me seduce mucho esta aventura 









28.10.15

Mi Anunciación

                                                              ESTA SIN TERMINAR
" Anunciación " 

Obra SIN TERMINAR
para la exposición colectiva de Casa de Vacas
10-30 Enero 2016


Soy yo, la mano que te espera
Porque bajas tus alas?
A que temes?
Mírame de frente. Ve la luz de mis ojos, sabes que soy yo.
Mírame, sabes que mi mano esta ahí, entre lluvias y soles
Esperándote.



Opio del alma, sombras de miasmas  impregnando paredes. 
Emociones atrapadas entre tabiques. Lugares insólitos donde me encuentras, donde yo estuve, donde me hallas: Tetuán, Tánger...
¡ Ayes !, gemidos que calman tu ansia de encontrarte, donde me encuentras otra vez, en untiempo lineal fuera de toda lógica en otra vida vivida cien veces; buscando claves comunes.objetos de la misma estética sin sentido aparente
No se si existe una verdad, o solo es fantasía de mi mente que engaña a mis sentidos, 
que desde tiempos diferentes nos hallamos en este bucle que fuera de los sentidos, 
nos embelesa.
Opio del alma, adhesión compulsiva. 
Espero la noche, donde reinas, donde poderme mirar, una vez más

26.10.15

Amansando fieras




" Amansando fieras" Detalle de acrílico de 70 alto x 100 largo SIN TERMINAR
la fotografia esta ligeramente borrosa, disculpar

Cuando llegó la joven me entregó un farolillo que alumbra para dentro, 
Yo deseaba un libro en blanco; me negué a aceptar su farolillo. Sonrió y se marchó en silencio.

Pasaron seis meses hasta que apareció con un paraguas que sólo llovía bajo él
Yo deseaba un cuadernillo con mil vidas escritas; me negué a aceptarlo.
Sonrió nuevamente y se marchó en silencio.

Anoche volvió. Me entregó un tallo con espinas, sin rosa. Le acepté silenciosamente 
Entonces la joven se deshizo en arena delante de mis ojos.

Ahora cargo mi libro en blanco, mi cuadernillo con mil vidas escritas y mis espinas 
Pero sigo deseando la arena de su cuerpo




25.10.15

EVA




                                                                        Intimidad



Cierro los ojos dentro de la cama, bien tapado, bien fresco. 
En tono sencillo con la oscuridad de los párpado bajados piensas en tu Eva. 
Tu brazo se acerca de modo instintivo hacia el interruptor. 
Apagas la luz, abres los ojos y todo sigue oscuro, 
¡Qué bella es Eva!, ¡Qué ricas sus mejillas! 

En medio de la negrura decides llamar a todo esto "intimidad" .

( Sacado del Urinario a tiempo )

24.10.15

Tres encuentros





So pure, so rare
Such witness to an earthly goddess
That I  sell my soul
my self-esteem
A Dollar at a Time
for one chance
one kiss
one taste of you
my eternal sleep


Florencia, Galeria degli Uffici

Son las siete de la tarde. Contemplo un cuadro de Botticelli, Saco el teléfono le abro

Al lado una chica me pregunta" ¿Qué hora es?
"Las siete y dos minutos" , contesto
Nos reímos: hemos hablado en español ambos en pleno Florencia !!
Es hermosa
Huye, antes me  dice: "Es tarde...", Allí me quedo, desconcertado

Estambul: KARAGUMRUK, en el barrio de Fatih.

Ceremonia de los Derviches, se crea el silencio, sólo un foco ilumina a los danzantes
Giran,sus capas negras, sobre las impolutas túnicas blancas, el rojo sombrero cónico
Crece la emoción
Una mano busca la mía. Es femenina
No miro, me aprieta, la aprieto
su sentimiento es mi sentimiento
Termina la función.
Nadie habla, casi ni nos movemos
Giro la cabeza, es la misma muchacha que hace tres meses vi en Florencia
La saludo: "Qué casualidad"
"Si, yo ya te había reconocido" me dice
Bueno...me dice, he quedado con amigos que nos llevará a un lugar donde cenar

Disfruta de la estancia, la digo
Ella, se despide de mi besándome las mejillas.

Irlanda, Dublin Sycamores St, Atardece, quiero comprar flores vivas para mi apartamento
Elijo todas de color blanco, menos dos en violeta
Detrás mío oigo: en vez de violetas, pon amarillas

Otra vez se cruzan nuestras vidas
Te sonrío, me devuelves la sonrisa
Cómo te llamabas ? me preguntas : Rodolfo

Sean, ven, mira, te presento a Rodolfo
Es mi prometido, es irlandés, de aquí, de Dublin
Swan comienza a hablarme en español, no le presto atención
Ahora me he dado cuenta de lo cerca que estuvimos...

Si, le decía a un Sean entusiasmado que no paraba de hablarme de Barcelona
Yo soy de Madrid..., le dije

Capto tu pensamiento
Te guiño un ojo y te lanzo un beso mental, que recibes, me devuelves otro

Sean me invita a cenar con ellos, desisto esta vez yo,  pongo una excusa

Desde entonces, cuando quiero hablarte,
lo hago sin importar la distancia
mentalmente y tú ...me contestas de la misma manera

21.10.15

La gula de Caribdis





Ginaro fue un siciliano, natural de un pueblecito de Catania, que vivió hacia la segunda mitad del siglo XVI. 
Este hombre, según parece era capaz de atravesar grandes distancias nadando bien en agua dulce, bien en el mar, por lo que le contrataron como correo marítimo entre los puertos del continente y la isla de Sicilia. 
Aún en días de tormenta, cuando los marineros no se atrevían a salir a la mar Ginaro se zambullía en el agua y llegaba a su destino.
Era capaz de permanecer hasta una hora bajo el agua sin salir a respirar, lo que le permitía vivir con holgura de la pesca de ostras y coral rojo tan proliferó en las costas italianas. Los prodigios acuáticos de Ginaro llegaron a su fin cuando el rey español Federico de Nápoles y Sicilia quiso comprobar la certeza de su leyenda. 
El monarca, para ver hasta dónde llegaba la intrepidez y resistencia del siciliano, lo llevó hasta el famoso remolino de Caribdis (*), situado en el lugar más angosto del estrecho de Mesina, y arrojó al agua una copa de oro, diciendo a Ginaro que si la recuperaba era suya. Nuestro hombre se lanzó al agua y permaneció bajo ella veintitrés minutos, hasta que finalmente salió con la copa en la mano. 
Interrogado por el rey sobre lo que había visto en tan temido lugar, Ginaro contó tremendas visiones de monstruos marinos, moradores de profundas cavernas. 
El rey, entusiasmado por el relato, quiso saber más detalles y le prometió igual recompensa si bajaba de nuevo. Ginaro se mostró remiso a cumplir los deseos del monarca, por lo que éste le estimuló con una bolsa de oro, además de otra copa que arrojó al agua.  Consintió y se sumergió de nuevo para no aparecer.
Semanas después encontraron su cuerpo flotando recubierto de oro puro y su cara llena de espanto 


(*) Tomado de wikipedia: En la mitología griega Caribdis (en griego antiguo Χάριβδις Járibdis, ‘succionador’) es un horrible monstruo marino, hija de Poseidón y Gea, que tragaba enormes cantidades de agua tres veces al día y las devolvía otras tantas veces, adoptando así la forma de un remolino que devoraba todo lo que se ponía a su alcance.
Habitaba junto a Escila, otro monstruo marino, en un estrecho paso marítimo. Los dos lados del estrecho estaban al alcance de una flecha, tan cercanos que los marineros que intentaban evitar a Caribdis pasaban demasiado cerca de Escila y viceversa. La expresión «entre Escila y Caribdis» ha llegado a significar estar entre dos peligros de forma que alejarse de uno hace que se caiga en el otro.
Los argonautas fueron capaces de evitar ambos peligros gracias a que los guió Tetis, una de las nereidasOdiseo no fue tan afortunado: eligió, siguiendo el sabio consejo de Circe, arriesgarse con Escila a costa de parte de su tripulación antes que perder el barco completo con Caribdis.

20.10.15

El subinspector





 Los chalecos antibalas estaban en desuso, ahora una gran malla de grafito cubría todo el cuerpo de los pies a la cabeza, excepto los ojos. Este sistema supuso un antes y un después en la historia del crimen organizado.  Su producción era muy limitada y estaba controladísima,  por lo que conseguir estos trajes por lo ilegal era prácticamente imposible.

Eran buenos tiempos para la policía. Muchos quisieron sumarse al cuerpo, y muchos supieron aprovechar sus oportunidades. Uno de ellos, el mejor, era: él.

Había ascendido rápido en el cuerpo de policía. Ese chico, decían los viejos comisarios,  tiene algo, algo especial. Fue el más joven en llegar a subinspector  Joven, guapo, intuitivo y rebelde, las chicas se lo rifaban, aunque hay quien comentaba que mantenía una relación con una agente en prácticas.

En realidad estaba enamorado de su novia de toda la vida, más joven, más guapa y más rebelde, sin oficio conocido más que el de novia-de

No se podía quejar,  estaba a punto de cerrar un gran caso. Se encontraba frente a la puerta del mayor narcotraficante del estado, listo para entrar y ponerlo bajo el peso de la ley. 
Escoltado por diez de sus compañeros, dio una patada a la puerta.  A pesar de su rango quiso ser el primero en entrar, siempre hacía estas cosas. Una ráfaga de metralleta le cruzó el pecho de lado a lado y cayó de espaldas por el impacto. 

Le encantaba esa sensación. 
Desde el suelo oyó como un compañero abatía delincuente que había disparado 
Se levantó mientras recogían pruebas sus compañeros. 
En un minuto, cinco policías habían entrado en el dormitorio principal.  El ruido había cesado y nuestro hombre entró con sonrisa de ganador.

No estaba preparado para lo que vio allí. 

En la cama desecha, desnudos y de rodillas ante las armas policiales, encontró a su propia novia junto al hombre que buscaba. 
Apenas pudo interpretar esa imagen: Fue como si una " bala invisible" le atravesara el único punto débil de su cuerpo y un infarto paró para siempre su corazón

19.10.15

Casting de musa



- A ver, pasa...
- ¡Hola!
- Hola. Cuéntame de ti.


Y la chica empieza a hablar. La verdad es que pronto pierdo el hilo de lo que dice. Solo recuerdo que tiene treinta años. Está bien buena. Es encantadora. Pero no.

- Pues muchas gracias, guapa. Ya te diré algo.

¡Esto es una mierda. No sé cómo me dejé convencer para poner el anuncio en el periódico!. 
La verdad es que llevaba un tiempo falto de imaginación, pero esto es demasiado. 
Ya han pasado veinte mujeres por el estudio, todas maravillosas, y ninguna me vale.
A ver, una más...
- ¡Hola, buenos días!
- Hola, hola. Cuéntame cosas de ti.


Y cuenta. Esta es muy guapa. No estoy obsesionado, pero las musas tienen que ser guapas, ¿no? Esta chica es guapa, maja y atractiva. Con una mujer así a tu lado, hasta el fin del mundo. Y aquí está, queriendo ser mi inspiración. 
Por poco tiempo, claro, que a mí luego nadie me soporta. Igual me quedo con ella.

- Muchas gracias. Creo que tienes bastantes posibilidades. Te llamo, ¿sí?
- ¿De verdad? ¡Gracias! Pues espero tu llamada...


Me voy al bar,  necesito desconectar y pensar en estas maravillosas mujeres.

- Camarera por favor. Póngame un bocadillo de caballa con pimientos de piquillo. Y una cerveza.

La primera no estuvo mal, muy atractiva, pero un poco fogosa. La cuarta era muy guapa, quizá un poco apagada. La quinta no, no es lo que buscaba. La octava era un bombón. La décima, cuerpo de modelo, qué piernas !. 
¡Oye, esto está excelente. Qué bocadillo más bueno!.

- Camarera, hágame el favor de presentarme a la cocinera, para que la felicite personalmente por este manjar.
Y sale. Diréis que es una chica del montón. Pues no. "Es ella". De eso se da cuenta uno, hable o no hable.

- Es preciso que sea usted mi musa, señorita por favor! .

Se acabó el casting.

Al final a la mujer se la conquista por el oído y al hombre por el estómago

18.10.15

aaaaaaaaaaaaaaaaahhhh !!!!! ( Bostezo)



El bostezo más largo del mundo duró veintisiete minutos y cincuenta y nueve segundos, recorrió tres países y en él participaron trescientas treinta y cuatro personas.

Todo empezó un día entre semana a las siete y diez de la mañana. Daniel, un chaval de catorce años, salió de casa para ir al instituto, y bostezó. 


Los bostezos, por si no lo habéis notado, son contagiosos, incluso más que la gripe. El bostezo de Daniel se prolongó no menos de cuatro segundos y medio, lo justo para que Enrique, que pasaba por su calle en una bici de montaña, fuera testigo del acto y, como por resorte, comenzase también su bostezo. 


No había cerrado aún la boca cuando paró en el semáforo de la esquina, donde fue captado, a través del cristal, por el panadero Tomás, que se encontraba despachando a Doña Emilia, quien no cesó el bostezo hasta salir del horno, donde su sobrina nieta Carla la esperaba para probar una esquinita del pan de cuarto.

Lucía miraba por la ventana para ver si ese día llovería, pero vio a Julián el electricista, que parecía estar gritando. Mientras apremiaba a su hijo para que apagara el ordenador, no pudo reprimir un bostezo. Este, desde la distancia, bostezó a su cibernovia Charlotte, que se moría ya de sueño por la diferencia horaria, y devolvió el gesto a Andrea, un chico italiano con quien engañaba al hijo de Lucía, de nombre irrelevante.



Todo acabó cerca de las ocho, hora española. Luis, que vio a Julia con la boca como un buzón de correos, se desperezó mientras solicitaba por el telefonillo que bajara Horacio, cuya madre le dijo "baja" de modo casi ininteligible. En esos momentos él hablaba por teléfono con una chica que le había tenido toda la noche en vela, y en ella murió el bostezo antes de levantarse para desayunar.


16.10.15

Cita a ciegas





 A las cinco de la tarde, había quedado con ella. 

Me dijo que tenía treinta y muchos, pero que le gustaban mayores. Yo le echaba treinta y pocos a lo sumo. Para agradarla fingí tener cincuenta, cuando en realidad tengo algunos más

No quisimos enseñarnos foto, no sé por qué, pensamos que sería más interesante así. Lo pensó ella en realidad, le pregunté que qué pasaría si yo no fuera atractivo, y me dijo que le daba igual, que buscaba otro tipo de cosas en los hombres.

Y me preguntó entonces, que si yo solo buscaba un cuerpo bonito para echar un polvo o qué y la tranquilicé diciéndole que no, que simplemente tenía ganas de conocerla pero sin compromiso, que el físico no me importaba, lo típico. Y no es que no fuera verdad, de hecho con el paso de los días y a raíz de su pregunta fui mentalizándome de que sería una chica del montón, pero una cana al aire con una mujer razonablemente más joven tampoco me vendría mal.

Así que al final quedamos. Yo, con muy sanas intenciones; ella me dijo que sabía que me sorprendería, pero que esperaba que fuera para bien. Eso me intranquilizó, pero ya no me iba a echar atrás, así que horas más tarde la fui a buscar en mi descapotable.  De modo que yo también había decidido sorprenderla, esperaba que para bien, como ella.

Y vaya si me sorprendió. No podía creer que fuera ella

Habíamos acordado, para reconocernos, llevar algo rosa al cuello. Yo lo había olvidado, quizá porque inconscientemente buscaba reconocerla antes que ella a mí. Pero ella no, ella llevaba una corbatita rosa. Y una camisa blanca. Y calcetines blancos por las rodillas, rematados en zapatos negros. Y una falda tableada. 
Y por Dios que no tenía treinta y tantos, sino diecisiete. 
Y, francamente, así vestida, daba toda la impresión de estar buscando pasar un buen rato, sexualmente hablando. 

La llevé a casa y la castigué dos meses sin internet y en la cena se quedó sin postre.

15.10.15

La casa de Isabella




En la casa de Isabella se juntan huéspedes de lo más variado
Hoy, por ejemplo, hay tres señoritas rusas en una de las habitaciones. Isabella no está segura de la relación que tienen entre ellas, pero sospecha que son familiares. En el salón, un músico Irlandés toca el piano. Isabella no se queja, no toca mal, y le resulta divertido su acento. Dice que le da un aire entre distinguido y bohemio al conjunto. Puede tener razón. Si, sin duda

El pianista no está solo. En un diván próximo conversan tres caballeros con traje gris claro y corbata roja. Van vestidos exactamente igual, pero no son hermanos. Isabella finge prestarles atención cuando la observan, pero solo escucha cuando no reparan en ella. 

También hay una dama de elegante vestido negro. Lleva un tocado de época, destila clase por los cuatro costados. A Isabella le encanta esta expresión, y siempre la aplica a ella. No sabe a ciencia cierta si es suiza o italiana, pero recuerda que se llama Amelie. Fue la primera en llegar, por eso conoce su nombre. Con el paso del tiempo, cosas así dejaron de importarle. 
Cuando alguien viene a ella, todo lo que pretende es que esté cómodo, en un ambiente agradable, y desde luego en la casa de Isabella nunca falta de nada.

Hay estanterías barrocas con vajillas majestuosas, mesas con manteles de ganchillo que hizo su madre, sillas remedadas con sus propias manos. No falta ningún detalle. Incluso arriba, en el tercer piso, hay un desván que da al oeste. Por la tarde, el sol lo baña y un decorador español gusta sentarse en un sillón orejero a leer el diario.

Hay más gente en la casa de Isabella, y no en vano es una espléndida anfitriona. Cuida como nadie a sus amigos, como ella suele llamarlos, y eso se nota. En unos instantes hará una ronda por la casa para ver que todo está en orden antes de irse a dormir.

Isabella se acuesta temprano, y es lógico: tiene once años.

14.10.15

Triángulo imperfecto





Javier había dicho a María, su esposa que tenía una cena de trabajo. Otras veces había sido una reunión, un aviso urgente, un congreso. Un fin de semana de negocios, o una conferencia en Berlin, nada importaba con tal de tener licencia para evadirse.

Javier nunca había tenido un gran sentido de la fidelidad. María, su esposa, se lamentaba de que los problemas hubieran llegado tan pronto a su relación. Eran una pareja joven, sin hijos. María sospechaba que Javier tenía una amante. Ella sabía que su marido le había sido infiel en otras ocasiones, pero esta vez era distinto. Lo supo porque él empezó a cancelar citas importantes. No olvidó el día en que se conocieron; envió rosas, pero no estaba allí.

Hoy era su aniversario. Hoy cinco años de casados. Javier lo sabía y, como hiciera en las anteriores ocasiones, le había preparado crema de calabacín, berenjenas rellenas gratinadas y queso de cabra. Pero enseguida anunció que se marchaba, y que no podría venir a cenar: Tenía una cena de empresa.

María estaba en lo cierto, esta vez era distinto. Javier no podía dejar de pensar en Alejandra. Hoy hacía un año desde que se habían conocido, e iban a cenar juntos. Como muchas otras veces, Javier aparcó su descapotable en la puerta del instituto, y esperó a que la chiquillería saliera. Y allí estaba Alejandra, entre la multitud, tan bella como de costumbre, con esa cara entre pícara e inocente que le había conquistado. Subió al coche de un salto, se besaron, y se alejaron de allí. Javier también era consciente de la situación. Lo que sentía por Alejandra no lo había sentido nunca antes. “¿Será esto lo que llaman amor?” - se preguntaba. Incluso había hecho que se replanteara algunas cosas, como dejarlo todo por ella. Alejandra apenas tenía dieciocho años. Javier sabía que su relación no podía funcionar mucho tiempo. Tampoco tenía excesivo interés en abandonar a su mujer. Después de todo, la quería, a su manera. 

Javier iba a llevara a cenar a " The Vintage Kitchen " el restaurante de moda de Dublin al que siempre iban juntos. Maria como regalo había comprado unas mesillas de noche de cristal para el dormitorio. Lo más moderno e innovador 
Alejandra no había pensado lo mismo sobre la cena en The Vintage Kitchen, le había pedido en varias ocasiones que la llevara a Beanhive  el restaurante de moda de la ciudad. Era un sitio caro, de hecho el más caro, y eso la hacía sentirse mayor, importante. Sabía que tenía a Javier a su disposición, que haría cualquier cosa que ella le pidiera. Beanhive  se encontraba a un par de manzanas del The Vintage Kitchen, en la misma exclusiva zona . En días señalados, sus respectivas colas podían llegar a converger. La rivalidad entre ambos restaurantes por alzarse con el favor de la crítica, la sociedad y las revistas gastronómicas era bien conocida en la ciudad.

Una vez hubieron traído la mesilla de precioso cristal, María comenzó a vestirse. Encendió la tele mientras terminaba de arreglarse. Todas las cadenas habían cortado la programación para ofrecer la misma noticia: había estallado una tubería de gas en el The Vintage Kitchen. María salió disparada sin siquiera ponerse los pendientes o perfumarse. Su marido estaba allí, podría haberle pasado cualquier cosa.

Y así habría sido, si realmente se hubiese celebrado la cena de empresa. Pero no existía tal cena. Alejandra y él salieron del Beanhive al oír la explosión. Se acercaron a preguntar, al ver el fuego y el humo. Javier cogió el coche y llevó a una asustada Alejandra a casa. Minutos después, llegó a su casa. Entró haciendo el menor ruido posible, y sin encender ninguna luz, para no despertar a su mujer, quien solía acostarse temprano.

No esperaba, por supuesto, el nuevo obstáculo que se hallaba en su camino. Tropezó con la mesilla y fue incapaz de recuperar el equilibrio. Cayó de espaldas y con estrépito sobre la nueva mesilla, fragmentándola en mil pedazos.

Quedó de cara al techo, un espejo en el que se reflejaba de lo más ridículo. Comprendió que estaba sobre los restos de una mesilla de cristal. Supuso que era el regalo de su mujer, y pensó en lo irónico de la situación. Intentó erguirse, pero el dolor era insoportable. Descubrió que, si no se movía, no le dolía. Sabía que tenía cristales clavados en el cuerpo, pero no si habían alcanzado algún punto vital. Estuvo un rato viendo frente a sí una figura casi inerte, inmóvil. Era consciente de que podía haber perdido la movilidad. También podría ser sólo un susto, algo de lo que reírse en los años venideros. O podía estar desangrándose. No lo sabía.

María llegó justo entonces al The Vintage Kitchen, a tiempo para descubrir, por boca de un bombero, que afortunadamente era pronto y estaba casi vacío. No había habido supervivientes. Desconsolada, María preguntó por la cena de empresa, pero el bombero insistió en que apenas sí había clientes. Extrañada, María llamó a su marido al móvil.

Javier oyó una sirena a lo lejos. Imaginó que su mujer había llamado a una ambulancia al verlo tendido en el suelo, pero no la veía por allí.

María desistió. Javier no atendía su llamada.

Javier dejó de oír la sirena. Nunca llegó a saber si iba a morir o no

13.10.15

Cuentos de mi niñez





Mi abuela de niño me contaba este cuento:
Ernestina Paticoja era una brujita de diez años hija de, Doña Berruga, de profesión bruja, y su padre, Don Cabreado , de profesión brujo, en un reino desconocido. Tenían una casa con jardín, un unicornio por mascota y una escoba por cabeza que usaban para ir por ahí. 
Todas las noches, antes de dormir, su madre la arropaba y le contaba alguna historia horrible sobre las mujeres humanas y unas bestias llamadas perros, a quienes, decía, les encantaba comerse, sobre todo, brujitas. Ernestina no quería apagar la luz: "tengo miedo de las señoras y los perros", suplicaba, y dormía sin sueños toda la noche.

Ernestina iba a una escuela de magia con sus dos mejores amigos, el vampiro Bermellón y el fantasma Asdrúbal, a quienes también sus madres contaban para dormir las más horribles historias de mujeres y perros. Ernestina en clase de literatura vio un dibujo de una señora no se pudo quitar de la cabeza la idea de ver a una en vivo. Se pasó una semana dándole la tabarra a sus amigos hasta que, la chica se salió con la suya.

Una noche como la de hoy y después de las historias de terror de rigor, Asdrúbal, Bermellón y Ernestina  escaparon por sus respectivas ventanas y se reunieron en un punto intermedio entre sus casas para, desde allí, ir volando hasta el portal que conectaba los dos mundos, el suyo y el nuestro.

Nada más atravesarlo sintieron una agradable calidez, y bajaron sin prisa hasta una casa con jardín y una caseta donde dormía un perrito hecho un ovillo. No les pareció una bestia asesina, pero por precaución avanzaron en silencio hasta pegar sus narices en el cristal de una ventana desde donde espiar. Era una pequeña habitación, una niña humana, acostada y tapada hasta la barbilla, escuchaba con atención a su madre, quien le estaba leyendo un cuento. Los tres pequeños se quedaron boquiabiertos al observar esa escena que tan familiar les resultaba.

Al fin la madre humana acabó su historia y se dispuso a apagar la luz, pero la niña se lo impidió: "tengo miedo de las brujas, los vampiros y los fantasmas", dijo. "No seas tonta" respondió la madre, "solo existen en los cuentos". Y así fue como Ernestina y sus amigos, atónitos ante la revelación, quedaron atrapados para siempre en un mundo de monstruos.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado

12.10.15

12 de Octubre Fiesta Nacional de España




Cada día esta nuestra nación: España es cuestionada por tendencias secesionistas
Fue el anterior presidente que cuestionó para España su concepto de nación que nos llevó
con sus actuaciones y frivolidad a la situación que padecemos

Recupero esta entrada de Diciembre del 2011 en mi anterior blog



Nabucco la magistral ópera de Verdi, evoca el episodio de  la esclavitud de los judíos en Babilonia, y el famoso canto “Va pensiero” es el canto del coro de esclavos oprimidos.
Verdi lo escribió en un momento en el que Italia estaba sometida por  el imperio de los Habsburgo, y es para los italianos un canto de libertad.
En Italia corren vergüenzas por su impresentable líder Berlusconi y su descarado poderío político.
Europa pasa por unos momentos en los que las naciones tienen que ir entregando parcelas de su poder nacional
Los gobernantes asienten y asumen, pero el pueblo, desconfía de esa pérdida de capacidad de decisión que poco a poco vamos perdiendo 
Primero Grecia, le siguió Irlanda, Portugal, ¡ Italia !  España 


Dicen los esclavos:


Ay, mi patria hermosa y perdida
Oh, recuerdo tan querido y lleno de desesperación
Arpa dorada de los profetas
¿por qué cuelgas silenciosa de los sauces?
Aviva nuestros recuerdos queridos
y háblanos del tiempo que fue.

En el video que adjunto, esta "el bis" que el gran director Ricardo Muti concedió ( rara avis en su proceder)
en el 150 aniversario de la nación italiana.
Todo era una premonición. La gente, de pié acompañaba en su cantar a los coros en " Va' pensiero "
Todo termina con una fusión de sensaciones inenarrable en la que hasta los coristas lloran

Disfrutemos mientras podamos
Od dejo con Verdi, Su Nabucco y su Va' pensiero

8.10.15

Strep poker


" Acrílico "
Alba derrotada en esa partida de cartas
Nota:
Esta obra junto con las que tengo en mente, se expondrán
en la galería " Casa de Vacas " - Madrid (Retiro)- , en Enero del 2016. 
Por lo cuál no exhibiré más obras que vayan a exponerse


Sobre un tapete verde de fieltro descansan cuatro vasos anchos la medianoche esta ya muy pasada. .Tres vasos están vacíos, dos tienen hielo, uno tiene una huella de pintalabios. Innumerables fichas de distintos colores y números en su centro están repartidas en varios montones. Uno de ellos, concienzudamente ordenado. Otros dos no. De fondo suena un disco de jazz.

Javier no para de hablar, se levanta, salta sobre el sofá, da unas patadas al aire y se sienta. Había empezado bien pero ahora la partida se le ha ido de las manos. Le quedan pocas fichas y ya no puede concentrarse en nada.

Frente a él, en el lado de la mesa de Alba no hay ninguna ficha, pero sí un cenicero y un porro a medias. Está con las tetas al aire y los pezones, duros y apetecibles, apuntando al infinito. Hace diez minutos reía, pero ahora le brillan los ojos y un notable rubor ocupa sus mejillas.

A su derecha, Iñigo, con una camiseta de tirantes y las gafas de sol puestas, domina la partida con puño de hierro. No fuma, bebe poco y no le quita los ojos de encima a la jugadora de su izquierda.

Lucas es el más animado, hasta el punto de atreverse a sacar de paseo su mano y agarrarle una teta a Alba, que se la aparta entre risas mientras le recrimina, pero no se mueve.

La partida avanza y el ambiente se caldea aún más, los vasos vuelven a estar llenos, la música ha cesado y el pantalón de Alba reposa sobre alguna silla mezclados con camisas de los cuatro y algún que otro pantalón y un bóxer. En esa magia están cuando oyen el ruido del motor de un coche que se aproxima. Rápidamente se convierten en un equipo compenetrado que elimina cualquier rastro de vicio en menos de un minuto. La luz del salón se apaga, pasos apresurados suben las escaleras y cuatro puertas se cierran de golpe dos segundos antes de que una llave entre en la cerradura.

- ¡Qué raro! ¿ Están ya durmiendo los chicos y sus amigos ?

6.10.15

Macarena y la resaca


 " Macarena "
Acrílico SIN TERMINAR, no son colores definitivos



Desperté, tendida boca abajo en sábanas blancas, con una dulce resaca. No ocultaban mi desnudez las bragas por las rodillas, señal inequívoca de sexo salvaje, apresurado, no premeditado. Alguien  tarareaba una canción, sofocada bajo el sonido del agua cayendo. Dos copas había en la mesilla de noche, y un libro de lomo marrón.

Las últimas semanas, tras su inesperada ruptura con mi pareja  habían sido así de caóticas. En su frenética búsqueda del amor no hizo más que encontrar sexo, del bueno eso sí. Sí, no solo de su cuerpo había abusado, sino de todas las sustancias que le habían puesto a tiro. Las pocas veces que amanecía en su casa, una huella de calor ocupaba el otro lado de la cama, y distintos aromas -por encima del del sexo, claro- llenaban la habitación: a tabaco (yo no fumaba ), a lo ajeno.

Durante un minuto traté de recordar, en vano, qué había sucedido la noche anterior. Solo recordaba el pub al que había ido y que lo había hecho sola. Eso también era frecuente, llegar sola y salir acompañada.  Vio ropa por el suelo. Cielos, ni siquiera recordaba la ropa que llevaba. Una minifalda vaquera, medias de rejilla -"parece que ayer salí a por todas", se dijo-, y un sencillo top liso que le quedaba bastante ajustado. El sujetador no lo encontraba, ni le importaba demasiado, pero necesitaba sus zapatos, botas, bailarinas o lo que quiera que llevase en los pies.

En poco decorosa postura se hallaba, sobre sus rodillas y mirando debajo de la cama en busca de su calzado, cuando a su espalda una voz, que era voz y era risa y era calor, le dijo: "¿sueles robar la ropa a tus conquistas?". Se giró y vio, en el vano de la puerta que daba al baño, a Macarena envuelta en una toalla blanca. Se miraron unos instantes, una divertida, la otra boquiabierta, sin saber bien qué decir. "¿No vas a quedarte a desayunar?", prosiguió. Ella bajó la cabeza, se miró el top negro y, entonces sí, rió. Ambas lo hicieron. "Sí, creo que me quedaré", dijo mientras le devolvía la ropa a su dueña, sonriente.

Quizá estaba encontrando el amor.

4.10.15

La piscina comunitaria


 " Alejandra " Acrílico sobre lienzo en bastidor, año 2011



Hace casi nueve años que sucedió. Acababa de mudarme a Los Ángeles en busca de un futuro como actor. Desgraciadamente, yo estaba llamado a ser carne de bar. De bar, de restaurante, de cafetería, de supermercado... de cualquier oficio de esos en que lo más importante es sonreír al gilipollas que no entiende de educación porque, al fin y al cabo, el cliente siempre tiene la razón.
Primero, como casi todos, estuve durmiendo un par de semanas en el sofá de unos amigos, mientras-( Y lo encontré ), un bloque de apartamentos de dos alturas con piscina comunitaria en el centro, muy acogedor. Las viviendas eran realmente pequeñas, apenas una habitación diminuta con una cocina integrada y un baño minúsculo La casera era una mujer latina, posiblemente mexicana, como lo eran en realidad casi todos los inquilinos. En las noches me gustaba mirar las sombras al otro lado de las ventanas, con las luces encendidas hasta altas horas de la madrugada, mientras fumaba un pitillo apoyado en la barandilla frente a mi habitación. Nada que ver con el rancio norte del que venía.

En el 9, por ejemplo, vivía una pareja de ancianos a cuál más borracho. En el 11 vivía una madura muy interesante. En el 7 habitaba una familia de tres hijos, siempre me pregunté cómo cabrían. El 8, donde vivía una chica joven, era el apartamento más transitado con diferencia, por todo tipo de varones. El 6 era el más misterioso, pues nunca tenía las luces encendidas y de noche, naturalmente, no podía ver nada. Una tarde me pareció ver a una chiquilla de quince o dieciséis años espiando por la ventana, pero en seguida desapareció. Yo vivía en el último, el 24. Era un buen sitio.

Una noche salí hasta tarde Solo las luces de la piscina iluminaban tenuemente el patio central. Era agosto, hacía mucho calor, así que subí a por una toalla, me cambié y bajé  Sin embargo, al subir de vuelta de mi baño a mi habitación, fui alertado por una sombra en las escaleras. Me acerqué  para descubrir a una chica muy joven, de piel morena y pelo oscuro como el carbón. ¿Era la misteriosa ocupante de la habitación número 6 ? En cuanto dije "hola" subió las escaleras corriendo y desapareció.

A la mañana siguiente volví a verla en su habitación, apenas su cabeza asomaba por la ventana. Le hice un gesto de saludo y esta vez me devolvió una sonrisa. Como el día anterior, el calor de la noche me obligó a darme un baño, pero estaba deseando encontrarme con aquella jovencita de nuevo. Cuando, al salir del agua, vi que estaba en las escaleras. Era realmente hermosa, sin duda una inmigrante del país vecino. Le pregunté si vivía en el 6 y afirmó con la cabeza. No parecía muy comunicativa, miraba al suelo como avergonzada. No recuerdo qué más hablamos, pero debí decir algo indebido y la chiquilla desapareció de nuevo.

Tardé tres o cuatro días en verla de nuevo. Volvía a casa muy borracho. Esa noche, ebrio y rebelde, decidí bañarme desnudo. Total, a esas horas no me vería nadie. Volviendo al piso ya refrescado, la vi sentada en los escalones como otras veces.Era muy hermosa, yo iba bebido... me envalentoné. Para mi sorpresa, ella no salió corriendo. Un pequeño rubor encendió sus mejillas cuando nuestros cuerpos estuvieron próximos. Tomé su mano y la puse en mi pene. Le pregunté si quería venir a mi habitación y asintió en silencio. La cogí en volandas, su piel era apetecible y fresca por esperarme a la intemperie o tal vez por el miedo escénico del momento. En mi habitación hicimos el amor. Solo sé que ella no habló, pero me abrazaba con ternura como yo me abrazaba a su cuerpo, para de repente tornarse pasional y moverse frenéticamente al tiempo que me arañaba la espalda con ímpetu.

A la mañana siguiente amanecí solo, con resaca y un ligero sentimiento de culpa por haber yacido con una adolescente. Aquel día transcurrió entre el sopor y no tuve noticias de ella. Ni los días posteriores. Un tanto intranquilo, me acerqué a su puerta y llamé con los nudillos. Quizá por fin conocería a los padres, pensé. Pero nadie me abrió, ni parecía que hubiera habido alguien en casa en mucho tiempo. Esa noche pregunté a la casera por la chiquilla de la habitación número 6 y ahogó un grito mezcla de angustia y conformismo. Estas fueron sus palabras, al menos como yo las recuerdo:

"Ha conocido usted a la niña. Se llamaba Alejandra y vivió aquí un par de años con sus padres. Un verano llegó al bloque un gringo muy apuesto y comenzaron a tontear. Ella se las ideaba para verse con él, a veces se escapaban un día entero, pero reservaba para más adelante su tesoro más preciado. Todos dudábamos de las intenciones de aquel hombre, hasta que al fin una noche no pudo reprimirse y la violó. Al tejano nadie lo volvió a ver, ni siquiera pasó para que le devolviera el depósito. El padre de la chica era muy tradicional y la culpó de lo sucedido, por desobedecerles y andar provocando. Alejandra se pasó semanas enteras llorando sin salir de casa. Un día desapareció. Encontraron su cuerpo una semana más tarde. Estaba ahogada en un pozo con varias piedras atadas a sus tobillos. La autopsia reveló que estaba embarazada. Nadie sabe lo que sucedió. Hay quien dice que el gringo regresó para no dejar cabos sueltos quitándola de en medio. Otros dicen que el padre enloqueció y la mató. Algunos piensan que se suicidó. El caso fue cerrado por falta de pruebas y ya nunca sabremos qué pasó. Desde entonces nadie ha ocupado la habitación número 6, pero dicen que la niña se aparece a aquellos jóvenes que le recuerdan su fugaz y fatal amor de verano."

Sentí un escalofrío, además de acentuarse mi sentimiento de culpa. ¿La chica era un fantasma? ¿Tal vez lo había soñado todo? Pero entonces, ¿qué eran aquellas marcas profundas de amor en mi espalda?. No aguanté mucho tiempo y un mes más tarde ya me había mudado a otro apartamento. Nunca volví a saber nada más de aquel asunto.


Una noche de agosto, Michael regresaba del cine a su nuevo apartamento, en un bloque a las afueras de Los Ángeles. Hacía poco que se había mudado, vivía en el número 1, al lado de las escaleras que subían al segundo piso. Estaba abriendo la puerta cuando vio a una chica joven sentada en los primeros escalones. Fue a saludarla, pero ella subió las escaleras corriendo y desapareció.