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30.9.15

Sodoma y Gomorra




Siempre quise conocer Bali. Confieso que me atraían las chicas jovencitas.  Me planté allí a principios de diciembre, dispuesto a pasar un mes por todo lo alto, alejado del mundo occidental
Me alojé en un hotel austero pero atractivo en primera línea de playa. Un recepcionista adivinó mis intereses turísticos y ya la primera noche supe dónde acudir. Había un par de avenidas con mucha vida nocturna. Mercadillo, atracciones, comida y sexo, sobre todo sexo. Había chicas muy jóvenes, es cierto. Travestis, transexuales, chicos, de todo. Me fijé en una chica que decía tener dieciocho. Eso decían todas. Algunas aparentaban tener quince y tenían veinticinco, o exactamente lo contrario. Nunca se sabe.
No me acosté con ninguna, no me atreví. Me gustó el ambiente, es cierto, pero me faltaron agallas o me sobraron prejuicios,¿ no sé?. 
Pasé un par de días concentrado en el pleno descanso playero. 

Había una cabaña, cerca del hotel, donde una vidente de tres al cuarto adivinaba el futuro. Tenía una hija vidente también que me cautivó. No sé cuántos años tenía. Me ofrecí a acompañarla a dar una vuelta. Compré ropa para ella. Comimos juntos. Nos divertimos, y acabamos en la cama.
Pasamos varios días juntos. A mí me gustaba y eso me bastaba. Un polaco amigo que hice en el avión, me instó varias veces a volver a salir de caza nocturna. Me dijo que estaba perdiendo el tiempo con esa chica, que en la ciudad eran más fogosas y más dóciles, que estaban diseñadas para complacer. Me daba igual, yo quería quedarme con ella.

Pero algo fallaba. Era una chica triste. No importaba lo bien que lo pasáramos, los regalos, los orgasmos que compartiéramos. Tenía la mirada triste, la sonrisa breve, el corazón frío bajo un cuerpo caliente. 
El día de Nochebuena me rechazó. Sin mirarme a los ojos, me dijo que me fuera, que regresara a mi país y la olvidara que era lo mejor para mi. Ese día sí fui a la ciudad y justo ese día, mi amigo polaco fue a la playa. 
A traición, el hijo de perra alquiló a la vidente el cuerpo de su hija. La hizo suya. 
Quise morir, y quise matar. Fui a buscarlos cuchillo en mano, y hundí el metal en el abdomen del malnacido ladrón. Ella se abalanzó a mis brazos, llorando. 
En el mar lavamos la sangre, mis pecados y nuestro dolor. Ella seguía llorando. ¿De pena, de alegría ?, era un enigma. Jamás llegué a comprenderla del todo.
Vimos amanecer en la playa. Ella seguía triste, pero era una tristeza diferente, resignada. Me dijo que tenía que haberme marchado. 
Quise que se viniera conmigo, contestó que se nos había acabado el tiempo. 
No comprendí, señaló hacia arriba, donde unas aves surcaban el cielo como si las persiguiese el demonio. 
Frente a nosotros, el océano comenzó a retroceder. Me abrazó. Algo se veía a lo lejos. Un inmenso muro azul de cresta blanca avanzaba implacable hacia la costa.

Se nos llevó. A nosotros, a la vidente, al cadáver del polaco, a los miles de turistas con veneno en el cerebro, a las esclavas del placer, a todo el castillo de naipes cimentado en la perversión. Nos limpió, a justos y a pecadores, a puros e impuros, nos igualó, nos hizo anónimos, nos hizo estadística, nos hizo historia como las estatuas de sal de Sodoma y Gomorra

Se nos llevó.

29.9.15

Casa de Vacas lugar para mi próxima exposición



Fotografías sacadas hoy mismo de las salas, con obras de la exposición actual

Casa de Vacas:
Es hoy en día la más prestigiosa sala de exposiciones municipales. La lista de espera se alarga en años. Para este Enero próximo mis pinturas colgarán de sus paredes en una colectiva
Os tendré al tanto
Quiero para este acontecimiento hacer una obra de gran formato de 2 x 2 m.l. puede que descompuesta en 4 lienzos de 1 x 1 m.l. que de por si sean interesantes y que juntos hagan
la composición deseada.

Verdaderamente es para mi un acontecimiento

Nota tomada de Internet:

Se trata de uno de los proyectos de Isidro González Velázquez realizados a petición de Fernando VII para la “Casa Reservada del Real Sitio del Buen Retiro.” hoy transformado en sala de exposiciones.

La zona conocida como “Casa Reservada del Real Sitio del Buen Retiro” esta extensamente explicado en una de las monografías que acompañan esta guía y consistió en una serie de “Caprichos Románticos” mandados edificar por Fernando VII a su regreso del exilio en Francia.
En este edificio se construyó una alquería, donde las hijas del monarca jugaban a pastorcillas, disponiendo de una serie de vacas cuya leche bebían las niñas después de haberlas ordeñado ellas mismas.
Por un decreto en 1868, la corona pierde los derechos sobre los Jardines del Buen Retiro y este pasa a depender del Ayuntamiento de Madrid con el nombre Parque de Madrid, la zona del “Reservado de Fernando VII” es incluida en los Jardines.
La Casa de Vacas en 1873 se alquila a Mateo Cabezas y Romeral que la transforma en un establecimiento modélico donde se podía beber leche recién ordeñada, pasando años después a instalarse una chocolatería.
El 12 de Mayo 1886 un ciclón devastó el parque, el informe que el Jardinero Mayor D. Romualdo Aguado envía al Observatorio del Retiro, indica la destrucción total de 557 árboles, con un perímetro entre uno y dos metros, además de los daños en la jardinería comunicó, los destrozos en una serie de instalaciones y entre ellos la Casa de Vacas que se reconstruyó ya en el siglo XX.
Pasando a formar parte de la Zona de Recreo, junto al Templete de la Música, y siendo transformada en un café restaurante.
Se realizaron  diversas reparaciones hasta que llegó al año 1950 en un estado deplorable, manteniendo un largo salón en su interior y terrazas laterales, una utilizada como pista de patinaje sobre ruedas y la otra, para venta de horchata en los meses veraniegos.
Todo ello se reestructura y pasó a utilizarse como sala de fiestas a partir de la década de 1960, con restaurante con orquesta y bar, haciéndose celebre con el nombre de Pavillon, hasta que en 1983, un incendio destrozó la sala y tras ser restaurada pasó a depender del Ayuntamiento de Madrid, dedicándose a sala de exposiciones culturales.


28.9.15

1889 - 1955 o la mano que debió mecer la cuna





Cuando Amelie Von-Gaiamariam abrió los ojos, se encontraba en un amplio desván escuetamente amueblado. Una ventana daba al oeste dando paso a la luz de la mañana. Parpadeó, tratando de recordar lo que estaba haciendo escasos segundos antes. En ese momento, una figura humana se materializó a su lado. Era una mujer algo más joven que ella, de unos treinta años, ojos azules, llevaba el pelo rubio recogido en una coleta y su ropa era ciertamente indescriptible, más allá del color blanco.

- "Ya estamos", dijo la mujer.
+ "
¿Quién eres? ¿Dónde estoy?", replicó una todavía sorprendida Amelie Von-Gaiamariam
-
Quién soy no es relevante, y más que dónde deberías preguntar cuándo.
+
¿Cuándo?
- Sí, cuándo.
+ Estamos en 1955.
- No, ya no. Estamos en 1889. Y, acerca del dónde, estamos en Braunau am Inn.


Cuando Amelie Von-Gaiamariam abrió los ojos, la mujer seguía allí. Sus ojos azules la miraban con comprensión pero con dureza. Se encontraba en una vasta buhardilla 

Desde una ventana que daba a oriente se filtraba la luz de la mañana. Mientras la ayudaba a levantarse, la mujer habló:

- Te has desmayado.
+ Gracias, me encuentro bien. ¿Dónde estamos? volvió a preguntar
- Estamos en 1889.
+ Pero... eso es imposible. ¡Estamos en el año 1955!
- Ya no. Hemos retrocedido en el tiempo. Sé que te parecerá imposible de creer. En tu época, los viajes temporales eran inimaginables.
+ ¿Y qué hago aquí? ¿O qué hago entonces? ¿Para qué me has traído?


Por toda respuesta, la mujer le tendió una pequeña pistola. Amelie Von-Gaiamariam la tomó, insegura.

+ ¿Qué tengo que hacer con esto?
- En la habitación contigua se encuentra Adolf Hitler. No opondrá resistencia. Mátalo y evitarás todo el mal que ha causado al mundo.


Inmediatamente, la mujer se desvaneció tal como había llegado, dejando a Amelie Von-Gaiamariam con una pistola en la mano y mil preguntas en los labios. Su corazón había comenzado a acelerarse en cuanto escuchó el nombre maldito. No entendía nada, pero una puerta entreabierta parecía llamarla. 

La cruzó. Al otro lado había una habitación sencilla con una cuna de madera. 
En su interior se desperezaba un bebé de unos meses de vida. A Amelie Von-Gaianmariam se le cayó la pistola cuando llevó sus manos a la boca para contener una exclamación de sorpresa. Jamás lo había visto en persona, pero reconocía esos ojos, ahora inocentes, que la habían atormentado en sus pesadillas y a lo largo de su vida, que venía a ser lo mismo.

El bebé la miró con curiosidad. Amelie Von-Gaiamariam recuperó la pistola. Cerró los ojos y recordó a sus seis hermanos y sus abuelos, sus padres todos ellos asesinados por el Tercer Reich. Recordó las masacres mientras las lágrimas escapaban a sus ojos, recordó Auschwitz. El pequeño Adolf sonreía.  Amartilló la pistola, volvió a cerrar los ojos y apretó el gatillo.

 Swan, Isabella nunca encontraron explicación al insólito hallazgo de aquella mañana de diciembre del 55 : el cuerpo sin vida de una mujer con una herida de bala en la cabeza. Cambiaron de casa y lo mantuvieron en secreto hasta el fin de sus días.




27.9.15

Lúa y la gran luna roja



Lúa creció sola con su padre y no tenía ningún recuerdo de su madre. Tenía rumores, eso sí. Había quien decía que los lobos del bosque se habían aventurado hasta el exterior de la aldea, donde se hallaba su casa
Su padre nunca decía nada. No era muy hablador ni siquiera con ella. Tenía una mirada penetrante y el ceño siempre fruncido. Su barba y cabello eran negros como el carbón. Todo lo contrario que su madre, por lo que le habían contado. El pueblo no hablaba de ella con cariño todo lo que sabía de su madre. Tenía la piel del color de la nieve, decía siempre, y el pelo del de la sangre. Era una mujer dulce pero fuerte. No sabía nada más de ella. 
Lúa había salido más a su madre, excepto en el cabello, negro como una noche sin luna. Tenía la piel muy blanca y era de apariencia frágil
Sus compañeros se burlaban de ella. La llamaban huérfana, sin-madre. Las chicas decían que era la puta de su padre, con quien se desfogaba carnalmente por las noches ahora que no tenía esposa. El reverendo acallaba en seguida todos estos chismorreos, a los que Lúa estaba más que acostumbrada por otro lado. Siempre la había protegido, era casi como un segundo padre.
La relación con el reverendo cambió cuando lo hizo su cuerpo. Lúa ya no era una niña. Había crecido, sus caderas eran más pronunciadas. Sus pechos, más que generosos, notables bajo el blusón. Y sus nalgas, firmes y duras, comenzaron a ser objeto de deseo de muchos hombres.
Las chicas la odiaban, los chicos la deseaban. Y el reverendo aprovechaba la más mínima ocasión para tocarla con o sin disimulo.
Uno de sus compañeros le tocó el culo al pasar a su lado y el reverendo le dio una azotaina interminable. Estaba fuera de sí. Al final de la clase, solicitó a Lúa que se quedara un momento. Ella obedeció. Él le preguntó si era consciente de todo lo que hacía por ella. Se aproximó más de lo que querría, pasó un brazo sobre sus hombros. Ella quería apartarse, pero la tenía bien asida. Cuando vio cómo su mano se aproximaba a su entrepierna, lo apartó de un golpe y le gritó que no volviera a intentarlo. El reverendo estalló en furia y se quitó el cinturón, pero ella salió corriendo. 
Esperó un tiempo prudente y volvió a casa cuando ya había anochecido, dispuesta a hablar con su padre. Una muchedumbre se agolpaba a la entrada de su casa. Fue corriendo para ver qué sucedía. Se abrió paso entre el gentío. Toda la casa estaba patas arriba, y no había rastro de su padre. Al poco llegó el alguacil. Preguntó a todo el mundo, pero nadie había visto nada. Se habían aproximado al escuchar gritos. Eso era todo. Su padre se había desvanecido.
Pasó el tiempo Lo peor fue cuando el reverendo fue a visitarla y volvió a intentar propasarse con ella. Lúa cogió un cuchillo y le amenazó de muerte. "¡Te arrepentirás de este día!", dijo él encolerizado. Y llevó a cabo su promesa.
Era medianoche cuando derribaron la puerta de su casa y la aprehendieron. Lúa no opuso resistencia, sabedora de que no podría vencer contra un centenar de parroquianos fornidos y exaltados. El reverendo se puso frente a ella, mientras dos hombres robustos la sujetaban por los brazos, y le cruzó la cara con una sonora bofetada. Ella no se quejó. "¡No siente nada! ¡Está poseída!", gritó el vil manipulador. Ella le escupió en la cara y él rajó sus vestimentas Los machos gritaron de júbilo cuando vieron sus senos a la luz de las antorchas.
La llevaron frente a la iglesia, hasta un poste con un travesaño, donde afianzaron sus brazos en forma de cruz con unos grilletes. Lúa derramó una lágrima. Miró a las montañas distantes, a los árboles cercanos. ¿Nadie llegaría en su auxilio? Por fin miró al cielo, suplicando ayuda. Una nube oscura se hizo a un lado en el momento de la agnición y apareció una gran luna roja 
El reverendo, escoltado por dos brutos, llegó hasta ella, levantó la estaca y la apoyó en su pecho. Lo que vio entonces no podía ser más insólito para esa hora: Lúa sonreía. Sonreía mientras las piezas encajaban y comenzaba a comprender. Los grilletes,  se mostraron incapaces de contener los músculos inflamados y saltaron por los aires. El reverendo compuso una mueca aterrorizada mientras observaba cómo la licantropía inundaba al ser que tenía enfrente. Lúa ya no sonreía. Lúa ya no era Lúa. 
Un brazo poderoso y peludo cogió el tembloroso brazo del hombre y lo partió en un sordo chasquido. El reverendo ni siquiera gritó. Lo último que vio fueron las fauces de la bestia cerrarse sobre su cuello.
La multitud rompió filas. Los dos avanzados pagaron cara su intrepidez. De un solo zarpazo convirtió el cuerpo decapitado del más cercano en un géiser de sangre. El segundo ya huía de espaldas cuando vio cómo una garra brotaba de su esternón. Las antorchas abandonadas prendían fuego a la hierba. Los civilizados humanos corrieron por sus vidas hacia sus casas, mientras Lúa, con poderosos saltos, abandonaba para siempre la aldea. Hacia el bosque. Hacia la libertad.

23.9.15

Joven sin rostro



Joven sin rostro y con tutu



-¿Sabes ?Tenía miedo.
-¿Miedo? Miedo, ¿de qué,?
- De vernos. 
-¿Te daba miedo volverme a ver?
-Sí. 
Y una ráfaga de viento sacudió algunos mechones de su pelo rubio acercándolos a su nariz
-Llámame loco pero hemos estado meses hablando y había cogido cariño a eso; a charlar con una desconocida. 
Entonces él la miró tan fuertemente que no pudo separar los pies del suelo y trató de seguir: 
-Cuando te pedí tu número lo hice porque eras muy guapa... Y ahora todo ha cambiado.
Ella aprovechó el impás para reírse y rebuscar algo en el bolso.
-¿Me estás llamando fea? - sacó un pequeño estuche color naranja y de él obtuvo un oxidado lápiz negro.
-No,  Simplemente, todo ha cambiado.
Ella con el lápiz, comenzó a trazar con la ayuda de un minúsculo espejo de bolsillo una especie de bigotes a lo más puro estilo Dalí en el centro de toda su cara. 
-¿Mejor ahora?
De pronto, el se fijó en cómo aquella chica de chaqueta blanca y tez clara estaba sentada al borde del banco, con un mostacho sintético que lucía sobre la sonrisa más espectacular que jamás había visto y sujetando con su mano izquierda la capucha de su lápiz negro.
-Estás preciosa. 
-¿Entonces? 
-Cuando empecé a hablar contigo te transformaste en alguien interesante. Tenía miedo de que eso cambiara cuando nos viéramos. 
El chico guapo se inclinó para ofrecerle un beso en la mejilla; era alto y tenía dos hoyuelos clavados como margaritas en cada una de sus mejillas. 
-Te escribiré mañana. 
..
Todo empezó cuando el viento levantó tu falda, y las nubes las vio revolotear como luciérnagas en una botella de cristalNo fue necesario correr tras ellas: simplemente contemplé




A cada paso que daba el viento me las acercaba. Después Sólo pude contemplar Un nombre.  
Es todavía y para siempre Y no sin miedo a perderte, que en los desayunos recorro tus letras Con la yema del dedo.


Caminaba sobre las estrellas y mis pasos eran mullidos
cuando hablaba contigo salían de mis labios palabras bellas
Hasta que te perdí tontamente, por un quítame éstas pajas


Luego llegó un día que me abandoné, 
me dediqué a la soledad maniática
Al egoísmo Al hedonismo y al onanismo

Llamé al lobo de la noche, que me llevara muy lejos de mí
Me clavó sus colmillos y degarró mi alma entre los pinos 
Aparecistes tú azul como mi ángel




...

22.9.15

Mi cicatriz invisible

 En esta fotografía el personaje esta sin terminar, el viejo fondo aparece fantasmoricamente atraves de una mano de pintura blanca que pretende ocultar una terrible Salomé que sujeta la cabeza de un atípico Bautista.
No siempre somos capaces de ocultar lo evidente , todo aquello que pretendemos dejar a un lado por obsoleto o por conveniencia
Personas de este medio tan especial me decía que cuando has tomado cariño 
a una persona, ese cariño te deja una marca 
Una cicatriz invisible


17.9.15

No leer hasta las 00,01 del viernes 18



"Tú no estás dormida ni despierta: 

tú flotas en un tiempo sin horas"


Paseaba en Budapest por Szent István Körut  cerca de Margit Hid, una chica vino hacia mi y me dijo:
-"Llevo un tiempo siguiendo tus pasos,  me gustas. No soy guapa, soy inteligente, escribo y me gusta la buena música.  Me he atrevido, nunca lo hago pero voy a pedirte que pases una noche conmigo. 
-Me llamo Paloma..-
-Yo Rodolfo -
-Puedo llamarte Piero?
-Como desees

Nos dirigimos por Pesti Alsó Rakpant bordeando el río Danubio, hasta llegar a su casa.
Era un apartamento pequeño, sencillo, de paredes blancas y suelo cálido. Desde una de las ventanas se veía a lo lejos el Danubio.
Hablamos de Tibor Szabó,  de Sándor  Petöfil, del Nemzeti dal,  del existencialismo ateo de Heiddegger, yo la contaba de como hacer huevos estrellados, lentejas para vegetarianos y otras recetas de verduras o legumbres. Sonreía y me aplaudía en cada receta.
Me besó, un beso sencillo, con sabor a isla exótica
Nos duchamos, desde la ventana que daba a la vida 
Borrachos de caricias, nos fuimos a la cama.
Su cuerpo, escurridizo como la verdadera felicidad, se derritió entre mis manos.
Todo era un estreno para los dos, hubo más corazón que mente en el encuentro
- ¿Es la primera vez que estás con un marinero? la pregunté
- Es la primera vez que estoy con un hombre -respondió.
Atenazándome con sus brazos y sus muslos, me oprimió contra su pecho, con vigor: puro abrazo de soledad.
- No vuelvas a decir que no eres hermosa: eres la mujer más guapa del mundo ¿me oyes?
- ¡Calla mentiroso, no lo estropees! -se rió irónicamente
Nos quedamos dormidos.

A la mañana siguiente me desperté temprano, ella ya se había ido.

Desayuné y la dejé una nota escrita: Estaré aún tres días en Budapest . Te esperaré en el mismo lugar donde nos encontramos, a las 24,00 horas. Ven.



El primero de los días de espera no apareció, ni el segundo pero este día vi algo que me heló la sangre. 
A esa hora justa por Szent István Körut , camino de Isla Margarita, me crucé con un joven vestido de época que con un andar militar al paso de la oca, portaba una antorcha en su brazo izquierdo extendido repitiendo el nombre de Galamb ( Paloma ), una y otra vez...una y otra vez.
Nadie más que yo le veía, aunque éramos decenas los que a esa hora nos cruzábamos con él
Después, le seguí y cuando pude ver su rostro, era el mío.

En un par de días regreso a Budapest, miraré de encontrar a Galamb y sus besos adictivos.


15.9.15

Paradojas humanas, o cuestión de sensibilidad


Manos de niño Down


Los 21 de Marzo son el día de los Down

SI, esos niños y niñas que nos caen tan bien a todos
pero que en el fondo evitaríamos  que fueran nuestros hijos

Dentro de no tantos años habrán desaparecido en España
Leyes como las actuales en favor del aborto o control del nacimiento hará que
en poco tiempo ninguno de ellos vuelva a nacer

Es el progreso? es lo civilizado?

No, opino...
Mejor SI: si digo que en mi creencia y en el respeto a todo ser humano, tendría un hijo DOWN

Miradlos ahora, en pocos años será una "especie humana desaparecida"

Perdón por esta última frase, tan irónica contra los amantes de focas, ( toros -hasta el de la Vega - )  y animalitos con derechos

6.9.15

El girasol y Lolita



" Lolita "
Acrílico sobre lienzo y bastidor
terminado hoy

Mi abuela Mercedes tenía un hermano: Jaime 
Jaime conoció a Lolita casi por casualidad, coincidieron un día de lluvia comprándose botas katiuskas para pisar charcos de lluvia
Nació entre ellos una fuerte amistad que terminó con la marcha nupcial y lluvia de arroz
Fueron felices 
Hasta que Lolita enfermó, muy enferma…mucho, un día como OPhelia apareció en el estanque cercano... muerta entre flores 
Lolita días antes pidió a Jaime que la fotografiara con una maceta entre sus manos, y así lo hizo. Jaime enmarcó la fotografía. Cada mañana nada más levantarse acudía a ver la imagen fotográfica de su amadaHasta que un día se fijó mejor en la fotografía, la planta que sostenía Lolita iba creciendo y de ella un girasol brotaba con fuerza
Jaime puso la fotografía cercana a la ventana para que la planta tuviera buena luz y sol, y la regaba a diario
Pasado un corto tiempo, el girasol estaba tan crecido que se había desplazado a través de la ventana y ascendía imparable hacia el sol.
Paralelamente, la imagen de Lolita era cada día más sonriente
Cuenta mi abuela Mercedes, cómo un día, Jaime simplemente desapareció ni rastro de él, sólo un girasol que salía de una maceta de una fotografía y que ascendía hasta perderse entre las nubes