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6.12.15

La segunda más bella historia jamás contada







Amelie contó cómo su padre ese día en la estación Termini recién terminada la guerra, aún de uniforme, conoció a su madre, la chica del ramillete de camelias
Entró en la estación, bastante nervioso y la buscó entre la multitud, nunca la había visto, no conocía su cara, para encontrarse él iría de uniforme con un libro de El Principito y ella un ramito de camelias
Recordó como trabaron amistad . 
Él 34 meses antes en una biblioteca de Roma, había cogido El Principito para leerle, y quedó intrigado por las notas al margen, en la última hoja encontró el nombre de la lectora anterior: Amelia, luego, le costó un poco más de trabajo localizar su domicilio, precisamente cuando fue movilizado para el frente de la segunda Guerra mundial.
Durante todo este tiempo se estuvieron carteando, y nació entre ambos  afinidades y sentimientos encontrados que terminó en un gran interés.
Paolo pidió que le enviara su fotografía, y Amelie se negó en todo momento, diciendo que si de verdad le importaba, daba igual su aspecto


Y llegó el día de la cita en la estación

" Una joven se dirigió hacia mi, de figura estilizada, muy bien formada, el pelo de un intenso rubio, sus ojos azules como flores, sus labios carnosos . Vestía un traje rosa palo, era como la Venus de Boticcelli, naciendo de las aguas. Me acerqué caminando hacia ella, sin darme cuenta que NO llevaba el ramito de camelias. Mientras se acercaba a mi, una sonrisa curvó sus labios
¿Vas por mí marinero?, murmuró ella 
Casi sin querer di un paso hacia ella y fue entonces que vi a la chica del ramillete de camelias. Estaba parada detrás, mirándome
Era una mujer ligeramente gruesa de unos 30 años, cabello castaño, sobrero desgastado, de piernas regordetas  y gruesos tobillos que descansaban en unos zapatos de suela plana
Sentí como si me partiera en dos, la chica del vestido rosa palo se alejaba , mi deseo era seguirla a la vez que sentía un profundo anhelo por la mujer que me había estado apoyando tanto tiempo.
No vacilé , mis dedos apretaron el libro de El Principito y mostré su portada a la mujer del ramillete de camelias. 
Esto no sería amor, me dije, pero si algo parecido , algo mejor que el amor, una amistad por la que debía estar siempre cercano a ella " domesticado " Saludé a la joven y la entregué el libro. 
Mientras hablaba, sentía como la amargura de la decepción me embargaba. Soy el teniente Paolo, y usted la señorita Amelie ?, estoy muy contento de que pudiera conocerla. ¿La puedo invitar a cenar ?

La cara de la mujer se ensanchó en una sonrisa tolerante
" No se de qué se trata esto hijo, pero la señorita del traje rosa palo que se acaba de cruzar con usted me pidió , me rogó más bien que sujetara el ramo de camelias
Y  me dijo que si usted me invitaba a cenar, yo debía decirle que ella le está esperando ya en el restaurante de enfrente...Corra hacia ella, no pierda el tiempo

2 comentarios:

  1. cuanta intensidad maravillosa encierran tus textos

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    1. muchas gracias, pongo mi granito de arena para construir un poco del reino de Fantasía

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