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13.11.15

El Mirador de las estrellas rojas que parpadean




Me había encaminado al mirador sobre el río. En la posada me dijeron que las mejores vistas de toda la zona eran desde lo alto de esa plataforma a la que se accedía por una desgastada escalera de piedra.
Jacinto el posadero me dijo: Procura estar arriba al alba, y no hagas caso de las leyendas, de jóvenes vírgenes que dejan de serlo, son supersticiones de gentes incultas

Localicé el monte y rodeándole descubrí la escalera. El cielo estaba totalmente estrellado. La Osa Mayor  destacaba parpadeando
Comencé a ascender, cuando llevaba veinte escalones sentí una ligera vibración detrás mío, como una brisa. La escalera iba trazando una elegante curva sobre la falda del monte. Treinta escalones más y lo que antes era una vibración, ahora iluminaba mi alrededor.
Me giré a medio aparecer, una figura transparente emitía la fosforescencia. La vibración que me trasmitía era de paz. Me hizo un gesto con los ojos que prosiguiera el ascenso
Una vez que llegamos a la plataforma superior, la imagen estaba totalmente definida, nítida y materializada. Era una hermosa joven, de sonrisa hechizante
Soy Nocturnia, me dijo, ven te enseñaré mi mundo: Mira abajo el río. Me señaló las estrellas y el parpadeo de las rojas entre todas. Luego bailó para mí. Nadie nunca había bailado para mí. La fui a abrazar y su imagen desapareció, como si hubiera sido un holograma

Tres días más tarde proseguí mi camino a las tierras altas en donde las nieves viven, cuando la vi al anochecer caminando con otras dos muchachas. Llevaba un tambor a su espalda y las mariposas revoloteaban a su alrededor.
Las seguí hasta el siguiente pueblo. Allí bajo las estrellas danzaron las tres jóvenes en torno a una hoguera que lanzaba chispas al cielo. Nocturnia bailaba sin dejar de mirarme, sonriendo
Durante meses la fui siguiendo; recorrí inmensos desiertos y selvas tropicales tras ella, hasta que regresamos al origen de nuestro encuentro. La plataforma desde la que se veía el río , las estrellas y la paz más perfecta a su alrededor.

Subí, y de nuevo paso a paso se repitieron las mismas señas que el día que la conocí. 
Hay quien dice que mira con todo el cuerpo y que al tacto recuerda la piel del durazno, y su queja es un rumor apenas perceptible, semejante al roce de la seda . Yo sólo os puedo contar lo que sucedió cuando yacía en mis brazos. Una cara de sorpresa que jamás olvidaré, y como una a una, las estrellas del cielo, se fueron apagando, a medida que sus lágrimas resbalaban por su mejilla

Lejos se oían voces de niñas que cantaban:

" Cubierta de coral y algas marinas en el fondo reposa la barca.
Solos y oscuros iban los navegantes en la noche,
y era la noche el alba de las secretas maravillas ".

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