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1.11.15

Bajo el reloj de la sala de espera




Era más de medianoche. El tren llevaba ya un buen rato parado en aquella estación. Salí al pasillo a respirar aire limpio . Del penúltimo departamento llegaba un sonido de jarana. 
Aparte de ellos nadie más viajaba en el resto del vagón, salvo el revisor que ocasionalmente caía por allí 

Entonces entró aquella chica. 

Justamente acabada de arrancar el tren entre una niebla de vapores, la vi desde la penumbra del otro lado del vagón. Tenía el pelo muy corto y llevaba unos pantalones vaqueros muy ajustados, casi nuevos. 

¡Dios santo!, pensé, es preciosa
Seguí haciendo que miraba  por la ventana, mientras observaba su reflejo en el cristal moverse cadenciosa por el estrecho pasillo, cargada con una pesada mochila sobre su costado.
Entró resuelta en la estancia de los alborotadores de la guitarra y durante un breve instante cesó el canturreo en su interior y un murmullo de voces se formó dentro de él. 
Salió enseguida presurosa y apenas me quise dar cuenta la tuve ante mí con sus hermosos ojos marrones abiertos de par en par…

No recuerdo demasiado bien como se sucedieron las cosas. 
De qué demonios comenzamos a hablar ni qué la dije exactamente, pero aquella noche fue el preludio de nueve semanas y media, locas de pasión, con carreras de la mano bajo la lluvia riendo sin cesar. 
Con paseos desnudos a la luz de la luna sobre la tibia arena de la playa y largas sesiones de sexo salvaje entre las olas o sobre la arena. 
Las dunas escondieron de la luna la tienda de campaña y sus pezones morenos ( con el lunar en...si justo ahí ),  que me cobijaron bajo su fiera cortina de sudor y miel haciéndome zozobrar como una barca sin marino que la gobernara.

Y un buen día,  quizás cansada… de pasear desnudos o de sexo loco… se marchó. 
No sé si la dije que la quería. 
Cogí otro tren , habíamos quedamos en vernos, pero no lo hicimos. 
La vida o aquel tren me llevaron más lejos de lo que yo mismo pensé. 
Y aquello quedó en un bello encuentro. 
Todavía recuerdo sus ojos, los recuerdo, muy grandes, pero he olvidado lo demás. Como tantas cosas. 
La vida se las ha llevado a ese extraño lugar donde no se regresa jamás...

PD._ Esto no puede acabar así. Sin que sirva de precedente
os diré que acabo de recibir un telegrama de ella, que me espera en la estación de trenes de Atocha, bajo el reloj de la gran sala de espera

1 comentario:

  1. Hay historias que uno u otro, o tal vez el destino no quiere que termine, entonces el universo te lo concede.
    Besos

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