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4.10.15

La piscina comunitaria


 " Alejandra " Acrílico sobre lienzo en bastidor, año 2011



Hace casi nueve años que sucedió. Acababa de mudarme a Los Ángeles en busca de un futuro como actor. Desgraciadamente, yo estaba llamado a ser carne de bar. De bar, de restaurante, de cafetería, de supermercado... de cualquier oficio de esos en que lo más importante es sonreír al gilipollas que no entiende de educación porque, al fin y al cabo, el cliente siempre tiene la razón.
Primero, como casi todos, estuve durmiendo un par de semanas en el sofá de unos amigos, mientras-( Y lo encontré ), un bloque de apartamentos de dos alturas con piscina comunitaria en el centro, muy acogedor. Las viviendas eran realmente pequeñas, apenas una habitación diminuta con una cocina integrada y un baño minúsculo La casera era una mujer latina, posiblemente mexicana, como lo eran en realidad casi todos los inquilinos. En las noches me gustaba mirar las sombras al otro lado de las ventanas, con las luces encendidas hasta altas horas de la madrugada, mientras fumaba un pitillo apoyado en la barandilla frente a mi habitación. Nada que ver con el rancio norte del que venía.

En el 9, por ejemplo, vivía una pareja de ancianos a cuál más borracho. En el 11 vivía una madura muy interesante. En el 7 habitaba una familia de tres hijos, siempre me pregunté cómo cabrían. El 8, donde vivía una chica joven, era el apartamento más transitado con diferencia, por todo tipo de varones. El 6 era el más misterioso, pues nunca tenía las luces encendidas y de noche, naturalmente, no podía ver nada. Una tarde me pareció ver a una chiquilla de quince o dieciséis años espiando por la ventana, pero en seguida desapareció. Yo vivía en el último, el 24. Era un buen sitio.

Una noche salí hasta tarde Solo las luces de la piscina iluminaban tenuemente el patio central. Era agosto, hacía mucho calor, así que subí a por una toalla, me cambié y bajé  Sin embargo, al subir de vuelta de mi baño a mi habitación, fui alertado por una sombra en las escaleras. Me acerqué  para descubrir a una chica muy joven, de piel morena y pelo oscuro como el carbón. ¿Era la misteriosa ocupante de la habitación número 6 ? En cuanto dije "hola" subió las escaleras corriendo y desapareció.

A la mañana siguiente volví a verla en su habitación, apenas su cabeza asomaba por la ventana. Le hice un gesto de saludo y esta vez me devolvió una sonrisa. Como el día anterior, el calor de la noche me obligó a darme un baño, pero estaba deseando encontrarme con aquella jovencita de nuevo. Cuando, al salir del agua, vi que estaba en las escaleras. Era realmente hermosa, sin duda una inmigrante del país vecino. Le pregunté si vivía en el 6 y afirmó con la cabeza. No parecía muy comunicativa, miraba al suelo como avergonzada. No recuerdo qué más hablamos, pero debí decir algo indebido y la chiquilla desapareció de nuevo.

Tardé tres o cuatro días en verla de nuevo. Volvía a casa muy borracho. Esa noche, ebrio y rebelde, decidí bañarme desnudo. Total, a esas horas no me vería nadie. Volviendo al piso ya refrescado, la vi sentada en los escalones como otras veces.Era muy hermosa, yo iba bebido... me envalentoné. Para mi sorpresa, ella no salió corriendo. Un pequeño rubor encendió sus mejillas cuando nuestros cuerpos estuvieron próximos. Tomé su mano y la puse en mi pene. Le pregunté si quería venir a mi habitación y asintió en silencio. La cogí en volandas, su piel era apetecible y fresca por esperarme a la intemperie o tal vez por el miedo escénico del momento. En mi habitación hicimos el amor. Solo sé que ella no habló, pero me abrazaba con ternura como yo me abrazaba a su cuerpo, para de repente tornarse pasional y moverse frenéticamente al tiempo que me arañaba la espalda con ímpetu.

A la mañana siguiente amanecí solo, con resaca y un ligero sentimiento de culpa por haber yacido con una adolescente. Aquel día transcurrió entre el sopor y no tuve noticias de ella. Ni los días posteriores. Un tanto intranquilo, me acerqué a su puerta y llamé con los nudillos. Quizá por fin conocería a los padres, pensé. Pero nadie me abrió, ni parecía que hubiera habido alguien en casa en mucho tiempo. Esa noche pregunté a la casera por la chiquilla de la habitación número 6 y ahogó un grito mezcla de angustia y conformismo. Estas fueron sus palabras, al menos como yo las recuerdo:

"Ha conocido usted a la niña. Se llamaba Alejandra y vivió aquí un par de años con sus padres. Un verano llegó al bloque un gringo muy apuesto y comenzaron a tontear. Ella se las ideaba para verse con él, a veces se escapaban un día entero, pero reservaba para más adelante su tesoro más preciado. Todos dudábamos de las intenciones de aquel hombre, hasta que al fin una noche no pudo reprimirse y la violó. Al tejano nadie lo volvió a ver, ni siquiera pasó para que le devolviera el depósito. El padre de la chica era muy tradicional y la culpó de lo sucedido, por desobedecerles y andar provocando. Alejandra se pasó semanas enteras llorando sin salir de casa. Un día desapareció. Encontraron su cuerpo una semana más tarde. Estaba ahogada en un pozo con varias piedras atadas a sus tobillos. La autopsia reveló que estaba embarazada. Nadie sabe lo que sucedió. Hay quien dice que el gringo regresó para no dejar cabos sueltos quitándola de en medio. Otros dicen que el padre enloqueció y la mató. Algunos piensan que se suicidó. El caso fue cerrado por falta de pruebas y ya nunca sabremos qué pasó. Desde entonces nadie ha ocupado la habitación número 6, pero dicen que la niña se aparece a aquellos jóvenes que le recuerdan su fugaz y fatal amor de verano."

Sentí un escalofrío, además de acentuarse mi sentimiento de culpa. ¿La chica era un fantasma? ¿Tal vez lo había soñado todo? Pero entonces, ¿qué eran aquellas marcas profundas de amor en mi espalda?. No aguanté mucho tiempo y un mes más tarde ya me había mudado a otro apartamento. Nunca volví a saber nada más de aquel asunto.


Una noche de agosto, Michael regresaba del cine a su nuevo apartamento, en un bloque a las afueras de Los Ángeles. Hacía poco que se había mudado, vivía en el número 1, al lado de las escaleras que subían al segundo piso. Estaba abriendo la puerta cuando vio a una chica joven sentada en los primeros escalones. Fue a saludarla, pero ella subió las escaleras corriendo y desapareció.

2 comentarios:

  1. Se repetirá la historia? Tal vez sí, mientras haya 'gringos"que actúen por impulso.
    =)

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