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21.10.15

La gula de Caribdis





Ginaro fue un siciliano, natural de un pueblecito de Catania, que vivió hacia la segunda mitad del siglo XVI. 
Este hombre, según parece era capaz de atravesar grandes distancias nadando bien en agua dulce, bien en el mar, por lo que le contrataron como correo marítimo entre los puertos del continente y la isla de Sicilia. 
Aún en días de tormenta, cuando los marineros no se atrevían a salir a la mar Ginaro se zambullía en el agua y llegaba a su destino.
Era capaz de permanecer hasta una hora bajo el agua sin salir a respirar, lo que le permitía vivir con holgura de la pesca de ostras y coral rojo tan proliferó en las costas italianas. Los prodigios acuáticos de Ginaro llegaron a su fin cuando el rey español Federico de Nápoles y Sicilia quiso comprobar la certeza de su leyenda. 
El monarca, para ver hasta dónde llegaba la intrepidez y resistencia del siciliano, lo llevó hasta el famoso remolino de Caribdis (*), situado en el lugar más angosto del estrecho de Mesina, y arrojó al agua una copa de oro, diciendo a Ginaro que si la recuperaba era suya. Nuestro hombre se lanzó al agua y permaneció bajo ella veintitrés minutos, hasta que finalmente salió con la copa en la mano. 
Interrogado por el rey sobre lo que había visto en tan temido lugar, Ginaro contó tremendas visiones de monstruos marinos, moradores de profundas cavernas. 
El rey, entusiasmado por el relato, quiso saber más detalles y le prometió igual recompensa si bajaba de nuevo. Ginaro se mostró remiso a cumplir los deseos del monarca, por lo que éste le estimuló con una bolsa de oro, además de otra copa que arrojó al agua.  Consintió y se sumergió de nuevo para no aparecer.
Semanas después encontraron su cuerpo flotando recubierto de oro puro y su cara llena de espanto 


(*) Tomado de wikipedia: En la mitología griega Caribdis (en griego antiguo Χάριβδις Járibdis, ‘succionador’) es un horrible monstruo marino, hija de Poseidón y Gea, que tragaba enormes cantidades de agua tres veces al día y las devolvía otras tantas veces, adoptando así la forma de un remolino que devoraba todo lo que se ponía a su alcance.
Habitaba junto a Escila, otro monstruo marino, en un estrecho paso marítimo. Los dos lados del estrecho estaban al alcance de una flecha, tan cercanos que los marineros que intentaban evitar a Caribdis pasaban demasiado cerca de Escila y viceversa. La expresión «entre Escila y Caribdis» ha llegado a significar estar entre dos peligros de forma que alejarse de uno hace que se caiga en el otro.
Los argonautas fueron capaces de evitar ambos peligros gracias a que los guió Tetis, una de las nereidasOdiseo no fue tan afortunado: eligió, siguiendo el sabio consejo de Circe, arriesgarse con Escila a costa de parte de su tripulación antes que perder el barco completo con Caribdis.

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