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13.10.15

Cuentos de mi niñez





Mi abuela de niño me contaba este cuento:
Ernestina Paticoja era una brujita de diez años hija de, Doña Berruga, de profesión bruja, y su padre, Don Cabreado , de profesión brujo, en un reino desconocido. Tenían una casa con jardín, un unicornio por mascota y una escoba por cabeza que usaban para ir por ahí. 
Todas las noches, antes de dormir, su madre la arropaba y le contaba alguna historia horrible sobre las mujeres humanas y unas bestias llamadas perros, a quienes, decía, les encantaba comerse, sobre todo, brujitas. Ernestina no quería apagar la luz: "tengo miedo de las señoras y los perros", suplicaba, y dormía sin sueños toda la noche.

Ernestina iba a una escuela de magia con sus dos mejores amigos, el vampiro Bermellón y el fantasma Asdrúbal, a quienes también sus madres contaban para dormir las más horribles historias de mujeres y perros. Ernestina en clase de literatura vio un dibujo de una señora no se pudo quitar de la cabeza la idea de ver a una en vivo. Se pasó una semana dándole la tabarra a sus amigos hasta que, la chica se salió con la suya.

Una noche como la de hoy y después de las historias de terror de rigor, Asdrúbal, Bermellón y Ernestina  escaparon por sus respectivas ventanas y se reunieron en un punto intermedio entre sus casas para, desde allí, ir volando hasta el portal que conectaba los dos mundos, el suyo y el nuestro.

Nada más atravesarlo sintieron una agradable calidez, y bajaron sin prisa hasta una casa con jardín y una caseta donde dormía un perrito hecho un ovillo. No les pareció una bestia asesina, pero por precaución avanzaron en silencio hasta pegar sus narices en el cristal de una ventana desde donde espiar. Era una pequeña habitación, una niña humana, acostada y tapada hasta la barbilla, escuchaba con atención a su madre, quien le estaba leyendo un cuento. Los tres pequeños se quedaron boquiabiertos al observar esa escena que tan familiar les resultaba.

Al fin la madre humana acabó su historia y se dispuso a apagar la luz, pero la niña se lo impidió: "tengo miedo de las brujas, los vampiros y los fantasmas", dijo. "No seas tonta" respondió la madre, "solo existen en los cuentos". Y así fue como Ernestina y sus amigos, atónitos ante la revelación, quedaron atrapados para siempre en un mundo de monstruos.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado

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