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17.9.15

No leer hasta las 00,01 del viernes 18



"Tú no estás dormida ni despierta: 

tú flotas en un tiempo sin horas"


Paseaba en Budapest por Szent István Körut  cerca de Margit Hid, una chica vino hacia mi y me dijo:
-"Llevo un tiempo siguiendo tus pasos,  me gustas. No soy guapa, soy inteligente, escribo y me gusta la buena música.  Me he atrevido, nunca lo hago pero voy a pedirte que pases una noche conmigo. 
-Me llamo Paloma..-
-Yo Rodolfo -
-Puedo llamarte Piero?
-Como desees

Nos dirigimos por Pesti Alsó Rakpant bordeando el río Danubio, hasta llegar a su casa.
Era un apartamento pequeño, sencillo, de paredes blancas y suelo cálido. Desde una de las ventanas se veía a lo lejos el Danubio.
Hablamos de Tibor Szabó,  de Sándor  Petöfil, del Nemzeti dal,  del existencialismo ateo de Heiddegger, yo la contaba de como hacer huevos estrellados, lentejas para vegetarianos y otras recetas de verduras o legumbres. Sonreía y me aplaudía en cada receta.
Me besó, un beso sencillo, con sabor a isla exótica
Nos duchamos, desde la ventana que daba a la vida 
Borrachos de caricias, nos fuimos a la cama.
Su cuerpo, escurridizo como la verdadera felicidad, se derritió entre mis manos.
Todo era un estreno para los dos, hubo más corazón que mente en el encuentro
- ¿Es la primera vez que estás con un marinero? la pregunté
- Es la primera vez que estoy con un hombre -respondió.
Atenazándome con sus brazos y sus muslos, me oprimió contra su pecho, con vigor: puro abrazo de soledad.
- No vuelvas a decir que no eres hermosa: eres la mujer más guapa del mundo ¿me oyes?
- ¡Calla mentiroso, no lo estropees! -se rió irónicamente
Nos quedamos dormidos.

A la mañana siguiente me desperté temprano, ella ya se había ido.

Desayuné y la dejé una nota escrita: Estaré aún tres días en Budapest . Te esperaré en el mismo lugar donde nos encontramos, a las 24,00 horas. Ven.



El primero de los días de espera no apareció, ni el segundo pero este día vi algo que me heló la sangre. 
A esa hora justa por Szent István Körut , camino de Isla Margarita, me crucé con un joven vestido de época que con un andar militar al paso de la oca, portaba una antorcha en su brazo izquierdo extendido repitiendo el nombre de Galamb ( Paloma ), una y otra vez...una y otra vez.
Nadie más que yo le veía, aunque éramos decenas los que a esa hora nos cruzábamos con él
Después, le seguí y cuando pude ver su rostro, era el mío.

En un par de días regreso a Budapest, miraré de encontrar a Galamb y sus besos adictivos.


2 comentarios:

  1. Me encantó. Un disfrute leerte. bs

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  2. Encuentros que tienen sabor de reencuentros ansiados y despedidas con melancólica esperanza de que no sean definitivas. Tu texto tiene eso. Me encantó leerte. Más con esa ambientación fotográfica.
    Un abrazo

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