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13.8.15

Sibari

Tomado de internet



Somos navegantes del espacio, en el tiempo. 
Evolución. Expansión. Involución.

Hubo un tiempo lejano en el que los humanos interesábamos a los dioses y su apuesta por nosotros era clara. Reunidos en cónclave en el Parnaso, los dueños del Trueno, del Relámpago, del Septentrión, del Alba y de la Aurora, decidieron en unanimidad dar un empuje a la especie que poblaba el planeta Tierra. 
Y decidieron mandar tres emisarios a cruzar sus genes de dioses con mortales mujeres sanas y bellas 
Y así nació Machupichu, cuna de los hombres-águilas, herederos de dioses, que formaron una civilización de hombres de tez blanca y rubio pelo. Y los dioses les dieron la técnica de trabajar el oro y de crear grandes murallas de piedra perfectamente labrada. 
Dejaron marcas de alineaciones con piedras en los desiertos sin lluvias ni vientos. Sorprendentes inmensos colibrís, monos y animales de increíble perfección en su desmesurado tamaño... además de no ser animales de la zona 
Y alinearon escondidas bajo tierra grandes esferas de tallada piedra, llave que abre una vez descifrada el camino a las estrellas. 

Y crearon la Atlántida más allá del Non Plus Ultra, en la mar océana, en la actuales islas Canarias. 
Hombres de tez blanca y pelo rubio. Guanches de genes y alma, que llenaron las tierras con hermosísimas mujeres , princesas con nombres de ríos y montañas. Y los dioses les regalaron el dominio del agua, y del fuego. Crecieron siendo la envidia de sus vecinos, leyenda viva donde las haya 

Y al tercer intento crearon Síbari, a los pies de los Alpes, cercano al Mar Tirreno 
Hombres de tez blanca y cabello rubio Y los dioses les regalaron el gusto por la música y el total dominio y comunicación con los animales 

De esta manera pasaron cientos de años en Machupichu, en la Atlántida y el Síbari observados de cerca siempre por los dioses 
Así, los Sibaritas se recreaban en su perfección, en su amor por lo bello, en la creación musical y la conjunción perfecta con los animales Hasta los nobles caballos danzaban sobre sus patas traseras en equilibrio inestable, al son de la música, de una perfección entre bella y grotesca 
La enfermedad no llamaba a sus puertas y las riqueza desbordaban sus arcas, así como su rebosante codicia y desprecio a los pueblos vecinos. 

No fueron prudentes 
Y así sus vecinos, reunidos en primavera, al deshielo de las altas montañas que les circundaba, decidieron conquistar Síbari en cruel guerra declarada. Golpes de espadas en los escudos. Truenos de hierro que parten la calma , atemoriza las bestias y amedrenta el alma. 

Síbari en armas, prestos, brillan corazas yelmos con largos penachos, brillos que ciegan al sol. 
En dos largas hileras de caballos, centauros armados y bajo lluvia de pétalos son despedidos los hombres de Síbari dispuestos al enfrentamiento. 

El campo de batalla es la gran meseta: ese será el tablero de juego. Ambos bandos separados por el río, espada de plata. El sol toma partido detrás de los pueblos de humanos, justo enfrente de los sibaritas. 
Síbari avanza en dos interminables hileras golpeando sus armas en los escudos. Llenan el horizonte de brillos de sol y de hierro 

Los humanos esperan en silencio hasta que las tropas cabalgadas de Síbari entran en el río, con el sol en su orto 
Suenan clarines 
suenan trompetas 
Los humanos cantan hermosas canciones que hacen que los caballos de Síbari, se eleven sobre sus cuartos traseros ante el asombro de sus cabalgaduras blancas de semidioses. Síbari cae 
Y los caballos siguen en danza grotesca mientras sus jinetes desconcertados apenas pueden moverse con sus armaduras en el agua . El caos De pronto el cielo se cubre de una nube de certeras saetas que atraviesan la carne y el alma. Relámpagos de hierro que tiñen los ríos de sangre 

Desde su Paraninfo los dioses ven impotentes la masacre 
Síbari es después tomada, sus riquezas repartidas, sus mujeres violadas y sus hijos serán esclavos para su desgracia. 
¡ IRAAAA DE DIOOOSESSSSS ¡ …que maldicen la especie humana. 
Así los dioses mandan lenguas de fuego sobre la Machu Pichu de los hombres-águilas. 
Y hacen que las aguas se traguen la Atlántida dejando tan sólo las islas como testimonio de su venganza. 

¡¡¡¡ JAMÁS !!!!! gritan al unísono los dioses Y de esta manera el Septentrión se recoge a su helado reino y así mismo el Trueno, el Relámpago, la Aurora y el Alba 
Ya sólo queda la leyenda para recuerdo de lo humano, abandonado para siempre por lo divino

1 comentario:

  1. Lo humano y lo divino se mezclan a veces. Besos.

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