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7.5.15

Una nueva oportunidad




Como cada día, me dispuse a dar mi paseo hacia las montañas cercanas 
Mi sorpresa fue mayúscula, cuando al pasar por el prado , de la noche a la mañana había aparecido un gran y frondoso nogal
Quedé perplejo , luego me dije:" Te están gastando una broma Rodolfo", así que, me acerqué al pie del gran nogal, y bajo su sombra no vi tierra movida, ni indicio alguno que me diera pie a afirmar que había sido plantado de la noche a la mañana.
Había elegido ese pueblo para vivir, después del accidente de coche, que costó la vida a mi joven esposa. La aseguré que estaba en condiciones de conducir, pero mi bronquitis me la jugó. Un golpe de tos me hizo perder la orientación, el accidente se hizo inevitable. Varias vueltas de campana…Cuando recuperé el sentido, me encontraba en el hospital. Allí me dijeron que Alejandra, había muerto a causa del accidente.
Vendí el piso y junto con los ahorros y la indemnización del seguro, hastiado de todo, me fui a vivir a este pueblo, de ello ya hace dos años
Me enamoraron sus prados, los arroyos y las montañas.
Pero, un sentimiento de culpa me atormentaba en mis persistentes pesadillas.
Me sentía el causante de la muerte de Alejandra, y en mis sueños la veía con el rostro desfigurado e intentándome hablar.
Ahora, bajo en nogal, un raro silencio me envolvía
Dejé mi idea de subir a la montaña, y bajé al pueblo a ver a Marta, la profesora de la escuela, con la que algunas veces hablaba. 
-"Marta, ven"-, la dije sin darla opción que me dijera no
Durante el trayecto, no hablamos hasta llegar frente al prado donde el Nogal había aparecido. No perdí de vista la reacción de Marta: Total asombro
Ja jajajaja rió, Me estas gastando una broma, y, sin decir más se fue a la base del nogal para ver si había tierra movida 
Me miró asombrada -"Jamás hubo un nogal aquí"-
Bajamos al pueblo, en silencio
Mis hábitos cambiaron desde entonces. Por las mañanas mi primera visita era al nogal, me sentaba con la espalda apoyada en él, cerraba los ojos y escuchaba el silencio que siempre le envolvía.
Ni un pájaro se paraba en sus ramas, aquello era extraño.
Pero me sentía bien bajo su sombra
Mis pesadillas habían remitido, poco a poco la imagen de Alejandra era más nítida y hasta la veía sonreír, pero aun seguía intentando háblame
Hace como un mes, Marta vino a buscarme para dar un paseo. Hablábamos de su trabajo, y yo la contaba que poco a poco me encontraba síquicamente mejor, que había buscado mis trastos de dibujar, y que me disponía a comenzar un dibujo
Nos habíamos encaminado hasta el prado donde el nogal reinaba y nos acercamos hasta su base. Me subí a lo alto de él, como cuando era niño
-"Qué ves… qué sientes…? me preguntó Marta
Sube, la animé. ¿Yoooo…? jajajaja nunca me he subido a un árbol y encima llevo falda. Sube, la animé, mientras la tendía la mano. Nos sentamos en una de sus fuertes ramas 
Vi cerrar los ojos a Marta, también los cerré yo. Una paz nos rodeo
Cuando bajamos, teníamos henchidos el alma y no podíamos disimular la sonrisa.
Al despedirnos, Marta, me dijo-"gracias"-, mientras me estampaba un beso en los labios
Esa noche sonaron truenos. Una gran tormenta se acercaba
A través de las ventanas la luz blanquecina de los relámpagos entraba invadiéndolo todo
Yo contaba hasta que el trueno llenaba de sonido el silencio más absoluto. Relámpago, 1… 2… 3…4…5 trueno: la tormenta se acerca cada vez más.
Temí por el nogal, sabía que era un magnífico pararrayos que atraería hacia sí las chispas
La tormenta duró casi media hora.
Luego el aire olía a ozono y a tierra mojada, perfumándolo todo; dadivosa Naturaleza, que se regala majestuosamente en las tormentas
Aquella noche dormí perfectamente.
Soñé con Alejandra, fue un dulce sueño…
Vi su cara dulce y por fin, pude escuchar sus palabras
-"Rodolfo, vive en paz, no fue culpa tuya, y debes rehacer tu vida-"
Me desperté sobresaltado, entre la felicidad y el asombro.
Esperé que amaneciera, y me fui a ver si la tormenta había respetado el nogal. No estaba, simplemente había desaparecido
Llamé a Marta, que vino enseguida, y como yo, pensó que la tormenta había dañado el nogal
Pero no sólo no había rastros de fuego…no había nada , si no un cerco sin hierba donde debía estar el tronco
Nos miramos…
Hoy, pasados tres años, mi hija Alejandra, Marta y yo estamos plantando un esqueje de nogal, donde justo estuvo el que llevó a que rehiciera mi vida.

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