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22.5.15

Más allá del cuadro: El hombre


Copia del cuadro de Zuloaga

D. Antonio Rodriguez, con la obra terminada





Apunte de Zuloaga
                   





Quismondo (Toledo) es un pueblo de toreros; allí nacieron los de la gran dinastia "Dominguines".
El 27 de Mayo del 1.912, en un nació en Quismondo  un niño con escoliosis:  Columna vertebral torcida, muy torcida, que le conformaba una gran chepa. Le visitaron numerosos médicos y todos coincidían: " Nada que hacer para enderezar aquella torcida naturaleza, que caprichosamente le había tocado en desgracia"
Antonio Rodríguez , que así se llamaba siguió viviendo entre miradas piadosas e irónicas..
El chepa, desarrolló una afición inusitada por los toros. Va a todos los festejos pueblerinos, que le es posible; hasta que decide ser torero, y se encamina a Madrid para aprender.
Pero nadie le daba la oportunidad de poder torear y cumplir su sueño, hasta que en 1.936, en el barrio madrileño de Tetuán de las Victorias, y por mediación de la selecta tertulia en la que él participaba y  que tenía lugar en casa del matador Antonio Sánchez, con asistencia de IGNACIO ZULOAGA, Cossio y Cañabate, decidieron su intervención.
Cañabate decía "Este muchacho tiene la chepa llena de toros".
Antonio Rodriguez agradeció a sus amigos la oportunidad que le dieron
Y llegó la tarde-noche del acontecimiento. Sus compañeros de cartel, eran dos aspirantes como él.
El Chepa llegó a la plaza con su coche de motor, con sus banderilleros ya mayores, amoratados por la presión de sus ajustadas ropas y por el efecto de algún vinillo de frasca de más.
Y llegó el momento de El Chepa de Quismondo. El becerro  era fuerte, nervioso, pronto, correoso, galopaba con celo su arrancada descompuesta. Las banderillas avivan su furia y el Chepa se planta a pie firme la áspera y agria embestida. El público sorprendido ve que aquello va en serio.
Otra arrancada con el mismo tono y otro parón del Chepa que no cede un ápice de su posición, los cuerpos se rozan en una peligrosa juntura y otro más con un público que le jalea entusiasmado ¿Será posible un joroba tan valiente ?.
Por allí no es posible que pase por cuarta vez, y si pasó. Enorme encuentro, tremenda voltereta y caída de cabeza.
Le recogen aturdido, le levanta y grita: "Yo salgo a matarlo ", y salió tambaleando pero decidido. Se hizo de espada y muleta, se perfiló y más tieso que un huso le clavó la espada en lo alto.
El becerro rodó muerto, pero el Chepa cayó tripa arriba en la voltereta.
Se abrió la puerta y un banderillero le entregó una oreja como premio.
Días después IGNACIO ZULOAGA con su sensibilidad  vio en el Chepa de Quismondo algo más que un hombre que quiso ser torero y le inmortalizó en un lienzo de gran formato.
 
 
 
                     (Crónica de Pepe Dominguín en el -Arte de Vivir-, Febrero de 1999)

1 comentario:

  1. Conmovedora la historia, aunque no comparto ni entiendo la pasión por los toros -por matarlos, digo- Vale la demostración de superación personal de este muchacho. Tu cuadro, sumamente expresivo de hermoso colorido.
    Un fuerte abrazo

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