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20.2.15

Oscar Wilde : El príncipe feliz




Os contaré una historia que no es mía, es de un tal Oscar Wilde:
La estatua dorada de un príncipe , repleta de gemas,  se encuentra en lo alto de una columna desde donde divisa toda la ciudad; y una golondrina, que ha retrasado su migración a África por el amor que sentía por una caña. 
La golondrina se posa sobre la estatua y ve que el príncipe está llorando a causa de las injusticias que puede observar desde su posición. 
Entonces le pide a la golondrina que entregue a los más necesitados las joyas que le adornan. 
El ave así lo hace y se queda con el príncipe durante las semanas siguientes, distribuyendo las joyas hasta que la estatua está completamente desprovista de oro y adornos. 
Pero el invierno recrudece y la golondrina, a causa del frío, muere besando antes al príncipe en los labios. 
Al ver esto, el corazón de la estatua se rompe. 
Al día siguiente, el alcalde de la ciudad observó el estado deteriorado de la estatua, y da orden de que sea retirada y fundida. Sin embargo, el corazón del príncipe no se funde en el horno, y lo arrojan a un montón de cenizas, donde descansa también el cuerpo de la golondrina. 
Pero entonces dijo Dios a uno de sus ángeles:
—Tráeme las dos cosas más preciosas de la ciudad.
Y el ángel se llevó el corazón infundible del Príncipe Feliz y el pájaro muerto.
—Has elegido bien —dijo Dios—

A Oscar Wilde lo enjuiciaron por gay, por  genio y tener de amante al hijo malcriado y vanidoso de un hombre riquísimo 
Ya en la cárcel dejó agonizar su personaje  para luego ir a morirse a París en un hotel ínfimo, abandonado de su historia, con la vida y el nombre cambiado ( Sebastian Melmoth ).

Dejo que Wilde se acomode en mi memoria
Que me siga ilustrando los relatos con que me impregnó de niño 
Wilde inclina la cabeza hacia atrás, mira sin necesidad de abrir bien los ojos y echa afuera su barda tonada irlandesa  "Balada de la cárcel de Reading "



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