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14.2.15

El Beso




Recuerdas aquella noche jajajaja, no la tu intoxicación por culpa de respirar esencia de trementina, ni la que Cola hacía saltar las alarmas entrando y saliendo de casa, mira fue aquella noche que contaste la historia que tu amiga Ananda te contó, que a su vez la contaron
Finalizaba el siglo XVIII, dos jóvenes de las mejores familias estaban enamorados desde la infancia. Las familias esta vez, si veían con buenos ojos el enlace.
Piero como regalo de prometida fabricó con habilidad unos aretes de oro con perlas incrustadas. Isabella aceptó con agrado el regalo que Piero hacía
" Póntelos, quiero verte con ellos"
"Piero, amor, no tengo mis orejas taladradas, déjame un día, mañana los traeré puestos"
Dio la casualidad que su madre estaba en Milán comprando vestuario para la boda de ambos que sería en unos díasLa curandera tampoco estaba, había luna llena y cuando eso ocurre recoge plantas medicinales y regresa varios días después
Isabella recurrió al cocinero de la taberna de enfrente. Hombre forzudo y rudo, capaz de matar de un puñetazo a una res
"Yo te los taladraré Isabella "
He hizo que Isabella pusiera la cabeza ladeada sobre el tajo de madera, colocó un pincho sobre el lóbulo de la oreja y de un golpe seco con una maza de madera, quedó el taladro hecho 
" Si te duele ponte un ungüento de romero y vinagre en la herida."
Al día siguiente Isabella radiante con sus pendientes paseó orgullosa con Piero por la ciudad
Pasaron varios días e Isabella comenzó a tener fiebres y rigideces musculares, el brazo izquierdo quedó rígido, y su boca torcida con una mueca de risa hierática
"Es el tetanus" dijo la gente, culpando al cocinero por su rudeza, a la curandera por no estar,  pero de nada valía ya buscar culpables
La ceremonia de la boda se llevó a cabo, casi en la intimidad
Isabella lloraba de desgracia y dolor, Piero se sentía impotente.
Yacieron la noche de  bodas y a pesar de la delicadeza de Piero, Isabella no dejaba de gemir de dolor.
La curandera apiadada del terrible final que el destino deparaba para Isabella, facilitó una pócima con un poderoso veneno, de dulce sabor, a vainilla y sándalo
Paolo la tomó y mantuvo en su boca, para después compartirla en un beso
Un sopor les invadió y la noche fue dulce con ellos tendiendo su manto
Ananda cuenta cómo juntos fueron enterrados en una loma,  a dos pasos plantaron un roble como símbolo de su cariño 
Ahora es el roble del amor, donde los jóvenes del lugar se juran promesas de fidelidad 

3 comentarios:

  1. :'(

    Existen amores tan incondicionales y leales como el que compartes?
    Encontrarlos al menos en un cuento, hace que mientras mis ojos pasean por tus letras, al menos lo crea.
    Besos, amigo!!
    Gaby*

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  2. Una historia tan terrible como romántica, muy posible en aquellas épocas en donde la falta de asepsia determinaba la suerte de la gente.
    Un abrazo

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  3. Anónimo14:48

    que indiscreto eres.
    con amor.

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