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14.1.15

Me llamo Antímaco





Hoy supe que una vez me llamé Antímaco y que fui remero de un trirreme de la armada ateniense, 
concretamente el primero de la cuarta fila. Atenas ha estado preparando la confrontación definitiva
 contra la armada de Jerjes el emperador-dios de los Medos. Demóstenes el tartamudo, es mi compañero más cercano con el que comparto remo. Miro por el ventanillo por donde el remo sale al exterior. 
La noche es hermosa, la brisa suave, refresca y acaricia nuestros cuerpos semidenudos.  Huele a sudor y sobre todo huele a miedo.
Temístocles ha ideado partir en dos la armada de Jerjes, atacándoles por su centro.
Mi nave es una más entre 200 Jerjes nuestro enemigo reune más de 800 naves. Rasga el alba por el Este el velo de la noche, y el cielo se tiñe premonitoriamente de rojos y anaranjados.  En cubierta apenas 20 arqueros para defender la nave.
Nos ofrecen abundante vino caliente, siempre lo hacen cuando vamos a entrar en batalla.
Demóstenes es incapaz de pronunciar una palabra, tartamudea sílabas incoherentes
Yo tengo miedo, mucho miedo. Estamos encadenados al asiento; lo que sea del barco lo será de nosotros.
Suenan los timbales, y comenzamos a remar , salpica el agua, se mezcla con nuestro sudor y nuestro miedo a morir. Surcamos las aguas cada vez más rápidos , la nave enemiga intenta una maniobra de evasiva. 
Se acelera el ritmo de los timbales, y de nuestras paladas. Golpeamos con nuestro espolón la nave enemiga. La desplazamos unos 10 metros. Hemos abierto una brecha en su quilla por la que el mar entra devorando todo en sus fauces.  Gritos dramáticos de nuestros enemigos y de victoria, entre nosotros.

No la hemos visto llegar, a toda velocidad se acerca un trirreme enemigo.  Llevan los remos de babor recogidos, su deriva es paralela a nosotros, en sentido contrario. Los remos de nuestro costado de babor se van rompiendo en el encontronazo con su costado, golpeando con una fuerza de titanes.  Miles de astillas saltan por los aires. Algunos remeros resultan con los brazos rotos entre alaridos,  otros son golpeados por sus propios remos cayendo como muñecos de trapo al suelo. 
Consigo agacharme, pero Demóstenes no.  Nuestro remo le golpea en la cara, varios dientes salen de su boca sanguinolenta. Sus ojos están en blanco.
Gritos. Peticiones de ayuda. Otra nave nos ataca por estribor. Nada podemos hacer.  El choque es inevitable.  Saltan las maderas, muchos de los remeros de estribor mueren en el impacto. 
El barco se queja con un crujido de bestia herida
Me hundo
Veo muchos cuerpos, guerreros queriéndose quitar las corazas para poder nadar Una luz abajo
Me dejo llevar hacia ella, oigo notas dulces de una indeterminada melodía, la luz me rodea.

Posiblemente haya muerto para ese cuerpo. Hoy, en éste que llevo, los recuerdos, generosos regresaron a mí mente ¿ Cuántas veces he de cambiar de cuerpo para encontrarte...y reír juntos al final de cada noche ?

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