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21.12.14

La caja de música (Reposición)



Budapest durante un invierno muy frío, en los comienzos de los años 40.
Laszlo era un joven de sonrisa fácil, quería ser primer bailarín de la ópera de Budapest
se estaba preparando con todo su alma para ello
Frente al palacio de la ópera, hay una casa de antigüedades. Un día al pasar Laszlo se fija en una cajita de música con una bailarina que gira y gira sin parar.
La bailarina parece tuviera vida propia , y Laszlo podría jurar que le sonríe cada vez que sus caras se quedan enfrentadas separadas por el  cristal del escaparate
Laszlo arrima su cabeza hasta sentir el helado cristal en su frente. Está totalmente extasiado en la contemplación de la bella bailarina, diría que puede oír sus risas. Unos golpes en el cristal le desvían su atención. Es un hombre pequeño, delgado, con unos lentes, poco pelo y mirada triste. Le hace una seña para que pase. 

Laszlo en el interior de la tienda se ve envuelto en un mundo fantástico. Vestidos con plumas de avestruz, lentejuelas, cajas de música sonando por varios lugares, lámparas Tiffany  con cristales de bellos colores formando libélulas, mariposas....
El viejecito, me hizo una pregunta. ¿Puedes quedarte media hora a cargo de mi tienda?, tengo que ir sin falta al teatro de la Opera, y te conozco, te veo salir cada tarde del teatro. Pareces buena gente.  Estas últimas palabras ya me las dijo desde fuera de la tienda.
Al salir, un extraño silencio se hizo en la tienda. Todas las cajas de música dejaron de sonar. Todas menos una, la de la bella bailarina que me sonreía a través del escaparate
Me acerqué. Giraba, y giraba. vi como se sonrojaba y bajaba la mirada al acercarme a ella. Tomé la caja e hice que dejara de girar. La bese, si, besé la figura de esa bella bailarina
La luz se fue un instante y cuando regresó, la caja de música estaba SIN LA BAILARINA
Detrás mío note una presencia. Era ella
Me dijo: Me llamo Paloma. Sobre mi existía un hechizo,  yo debí ser la primera bailarina de la ópera y una compañera por envidia mandó contra mí un conjuro. Ahora al besarme, has suprimido la mitad del conjuro. Para que todo sea perfecto debes volver a besarme
Cuenta mi bailarina de pie enyesado, como el beso que se dieron fue largo, intenso, intemporal.
Luego, otro breve apagón de luz. Cuando el viejecito regresó de su gestión, se encontró a una bella joven, vestida con un tutú .
¿Y Laszlo?
La chica sonriendo salió de la tienda sin decir nada
Luego, se paró delante del escaparate para contemplar la caja de música coronada con la esbelta figura de un bailarín...

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