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17.4.14

Rodolfo...?





Estambul: al fondo la Torre de Gálata 

Un olor evoca , un color estimula, un sonido traslada en el tiempo, unas palabras depende cómo se oigan, marcan de por vida.  La Primera vez que estuve en Estambul,  fue hace ocho años,  justo antes de conocerte .
Fue unas vacaciones muy programadas. Nada dejamos improvisado. La Mezquita Azul, el Gran Bazar, Topkapi, La Torre de Gálata, el Bósforo, el Cuerno de oro…
Habíamos dudado mucho en la elección del hotel adecuado. Nos debatíamos entre la comodidad y pulcritud de lo moderno, o la tradición más cercana a sus esencias. Finalmente nos inclinamos por el Peral Palace Hotel. Se construyó para alojar a los pasajeros que en los años 1880-1890, llegaban a Estambul, desde París, a través del romántico Oriente Express.
En él Agatha Christie situó su novela "Asesinato en el Orient Express". Ya la primera noche que pasé en él , mi dormir fue agitado. No conciliaba bien el sueño, no eran pesadillas, era sentir vibraciones, y mi nombre repetido con una voz muy dulce.
Al día siguiente comprobé que todo lo que se dice del Gran Bazar, es poco. Tiendas de ensueño, oro, alfombras, y sobre todo una miscelánea de personas.  Jamás mi olfato volverá a tener una orgía de olores como los sentidos El el Bazar de las especias.
En el Gran Bazar entré un instante a una tienda de artículos de piel.  Me pareció sentirte, aunque no vi tu cara. Probabas unas sandalias de fino cuero. La escueta minifalda no podía ocultar las líneas completas de tus bonitas piernas ni el algodón de tu vestir íntimo, por mucho que intentaras taparte. Nos miramos...
Y llegó la segunda noche.  Abrí las hojas del balcón. El Bósforo era un cielo caído, pleno de luces  sobre sus aguas. La brisa traía olores a hierba mojada.
Necesitaba dormir, caí rendido en seguida. En mi sueño….supongo, me desperté.
Sentada en el borde de la cama. Era bellísima, tal y como tú me confirmarías más tarde. El pelo en media melena, la sonrisa en toda su cara, y una voz tan dulce como cuando te buscaba escondida sobre los fardos de heno en la casona del campo.
"Rodolfo, cuida de ella". 
Sentía paz, y producía  confianza la visión de la mujer.
"Te doy mi palabra que así va a ser toda la vida. Por muy lejos que estemos siempre estaré cerca".
La jornada del segundo día fue tan agitada como el primero. Visitamos Topkapi y sus tesoros. Te volví a ver, estabas con dos amigas viendo una de las vitrinas con sus tesoros
Me acerqué a tu espalda y soplé sobre tu cuello.
Un escalofrío te recorrió.
"Hola !!!" te dije.
Sorprendida, pusiste cara de sorpresa.
"Aún no me conoces, pero prometí cuidarte toda tu vida".
¿Rodolfo….? dijiste
Dicen que el hombre no es hombre,  mientras no oye su nombre de labios de una mujer.
La Mezquita Azul vista desde Santa Sofía

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