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21.1.14

manchas de alma líquida




Es casi medianoche, hora en la que los hombres son menos hombres y más pantalones mojados
No hay monstruos debajo de la cama; están todos en La Cañada Real. Se esconden allá entre el barro, disfrazados de droga barata y jeringas oxidadas. 
Estoy sentado dentro del coche, al lado hay una farmacia 
que anuncia condones en la puerta.
Me gusta la ciudad a medianoche porque está más allá de todo fingimiento. 
No hay apariencias. En el colegio nos enseñaron una canción que debíamos cantar antes de dormir para que la Virgen María nos acunara en sus brazos. Recuerdo que la canción hablaba de un manto de lunas y estrellas y me parecía hermoso y cálido. Ahora sin embargo, en plena noche de Enero, a punto de llover, el manto de lunas y estrellas no se ve con nubes que amenazan lluvia
Me entran ganas de llorar cuando pienso en la virgen María porque me acuerdo de mi madre, y me acuerdo de lo fuerte que rezaba por mí. También rezábamos en el colegio por los pobres. 
Ahora ya no rezo por los pobres, rezo por los cercanos con caras y con nombres. 
Cuando tengo miedo respiro despacio y siento cómo la sangre, por miedo a derramarse, se esconde toda en mi vientre.
Aparece una mujer como un fantasma camino de su ración de droga, es además  alcohólica y joven. Su ropa es pura mancha. La enfermedad la está convirtiendo en líquido, y el líquido no es más que alma que se escapa.
Cuando regrese a casa. Me lavaré las manos mil veces con Dettol, pero no sirve de nada: el olor de un alma podrida es más difícil de quitar que las manchas de cacao. Si esa joven que tuviera 24 años y estuviera en el  Madrid  de los barrios ricos, sus manos olerían a amor del bueno, no a muerte oxidada.
Vuelvo a casa de madrugada. Las lluvias han vuelto. Pienso en esa pobre alcohólica y drogadicta  y pienso en qué pasaría si la vida le diera una segunda oportunidad: volvería a meterse de todo. Así son las cosas.
¡ Esas manchas de alma líquida que no se  quitan con nada !

3 comentarios:

  1. Lo que compartes... parte. Demasiadas almas líquidas andan por allí, vagabundas, erráticas, llenas de ausencias, principalmente ausentes de sí mismas. Has abierto la noche desde su lado cruel. No creo, que solo en barrios pobres pasen esas cosas, he visto jóvenes de buenas familias matarse lentamente sin que sus padres se den cuenta. Una pena.
    Muy visceral y sentido, Rodolfo.
    Besos!

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  2. Poco esperanzador... me gustaría pensar que esas manchas pudieran ser diferentes si la vida o quien tuviera poder para ello les ofreciera una segunda oportunidad...
    Muy triste...
    Un beso!

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  3. No valen los rezos cuando nos encaramos a la dura realidad de tantísima gente. Los vemos acodados en la ventanilla del coche, a salvo observamos, pero nos impregna la sensación de abatimiento, de impotencia por estas humanidades destrozadas, no es justo ignorarlas y lo justo sería hacer algo más allá de dolernos en el alma, que no es poco, así lo siento al leer este duro relato.
    Petó.

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